Especial: El ajuste de cuentas de un cardenal opositor con el apoyo de una derecha oportunista y “progre”

Cada 7 de agosto, una enorme procesión de devotos que formó una cola interminable durante los días previos, rendirá tributo a San Cayetano, el santo de la comunidad católica del Pan y el Trabajo. Pero en las mismas horas que cientos de fieles colmen el barrio porteño de Liniers en claro reflejo del histórico y silencioso reclamo de trabajo, o de uno mejor, el primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio, aprovechará la oportunidad para presidir la misa central y capitalizar la jornada en un mensaje opositor contra el Gobierno Nacional.

¿El problema? Ninguno, salvo que dos días antes se reunió con Mauricio Macri y además de hablar temas comunes, juntos dieron una clara señal al gobierno de sus coincidencias. ¿Qué reclamo puede liderar un jefe eclesiástico que se une a un empresario reconocido por su afecto al recorte, el ajuste y la mano dura? Postales del laboratorio para el nacimiento de una derecha “progre” y sensible.

El 2 de agosto, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, recibió al jefe de gobierno porteño electo Mauricio Macri y según las voces del PRO, dialogó sobre la situación de la Capital Federal. Según dijeron las fuentes charlaron sobre «aspectos de la realidad social y política de la Ciudad y futuras líneas de cooperación y trabajo en conjunto», pero nadie niega que fue una movida orientada a exhibir coincidencias que sirvan para calentar los ánimos en el Gobierno.

Una mirada lúcida del clima eclesiástico

De hecho, una excelente columna del periodista Guillermo Villarreal de la agencia DyN, revela que “el escenario de «inequidad escandalosa» al que apeló en sus últimas prédicas el purpurado puso sobre aviso a los hombres del presidente Néstor Kirchner, que intentaron saber de referentes eclesiásticos -pudo constatar DyN en fuentes religiosas- por qué Bergoglio programó dos homilías para esta festividad del patrono de la providencia.
Una será la habitual en el santuario del barrio porteño de Liniers. La otra, al día siguiente, en la catedral metropolitana, que, por primera vez, convoca a una misa especial para pedirle al santo «pan y trabajo para todos».

La falta de respuestas desde la Iglesia movilizó a operadores K, que comenzaron a prestar atención a los discursos públicos del presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, tuvieran o no connotación social.

Fuentes religiosos explicaron a DyN que no se trata de una mera sensación térmica del primado argentino para enojar a los habitantes de Balcarce 50, sino de una «preocupación pastoral» con sustento estadístico. La Universidad Católica Argentina (UCA) acaba de acercarle a Bergoglio un estudio de la deuda social que revela la persistencia de «una significativa brecha de desigualdad», a pesar de que las mejoras económicas de los últimos años produjeron un «impacto positivo» sobre el mercado del trabajo, el ingreso y el consumo.

Un panorama coincidente al que trazó recientemente el presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Jorge Casaretto, delante de empresarios, funcionarios y sindicalistas: «Hubo progresos en los últimos años, pero todavía los índices de pobreza y exclusión son altos, por lo que debemos seguir trabajando para bajarlos».

El informe de la UCA sobre las condiciones materiales de vida en el período 2004-2006 -al que DyN tuvo acceso- refleja una disminución en los problemas de acceso a consumos básicos alimentarios, vestimenta, asistencia médica y medicamentos. Pero también revela que son «altos» los indicadores de déficit social, sobre todo en los estratos más vulnerables, lo que genera -advierte la UCA- «una significativa brecha de desigualdad».

Una boca que grita cosas que su corazón no piensa

La movida puede ser una de los primeros aprestos de la iglesia para poner en marcha una campaña opositora que le permita liderar el arco de centro derecha, pero el recurso es la evidente muestra de las inclinaciones conservadoras del cardenal primado, que en una extraña maniobra ideológica, pretende construir una alianza política formada por líderes morales de derecha que le permita confrontar con el gobierno nacional.

La pena es que la forma con varios impresentables que vacían de discurso la potencial profundidad de la crítica eclesiástica. Afectados por una compleja merma en sus cuadros sociales, la comunidad eclesiástica que en algún momento fue fértil en fieles lúcidos y comprometidos, hoy exhibe a un discurso conservador que no refleja el sentir de muchas comunidades que no niegan la crítica, pero que comprenden el proceso desde una perspectiva menos acotada, menos superestructural y claramente enfrentada con hacerle el juego a una derecha oportunista que recurre a la Iglesia solamente cuando necesita utilizar sus atributos para beneficiarse.

No hace falta recordar que la Iglesia son sus fieles, y no hace falta pensar mucho para darse cuenta que las bravatas de Macri no deberían ser carnada suficiente como para que los sectores más activos de la comunidad cristiana queden a merced de un tinglado político signado por el oportunismo.

¿Será que Macri sueña con un espacio demócrata cristiano que lo tenga como referente? Quizás por eso, en el viaje a México que hará esta semana, además de encontrarse con el presidente de ese país, Felipe Calderón (una semana después de la gira del presidente Néstor Kirchner y la senadora Cristina Fernández al país azteca) se reúna con el presidente de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), Manuel Espino Barrientos.

Los planes inconfesables

La escala puede ser puro protocolo, pero es difícil que un hombre que lee tan poco como Macri y tan poco afecto al protocolo político como él, no vaya por algo que no sea conveniencia. Sin embargo, queda por verse de qué servirán las preocupaciones por los pobres, los lazos sensibles con la Iglesia y los alineamientos demócrata cristianos cuando comiencen las erradicaciones de villas y nuevos núcleos habitacionales, como el caso de la Villa 31 de Retiro.

En varias oportunidades Macri dijo que en algunos lugares se urbanizará la zona y en otros como en Retiro habrá que trasladarlo porque «no es un lugar para vivir» y antes del ballotage dijo a un medio gráfico que «A la 31 hay que erradicarla».

Habitada por unas 25 mil personas la Villa 31 está en tierras propiedad del Gobierno nacional y de la Ciudad y al igual que las demás villas de la Ciudad, están en la mira del futuro gobierno porteño que tiene en mente la expulsión de sus habitantes, su traslado, la entrega de unos 25 mil pesos para que se vayan, hasta llegar a la liberación de esos terrenos para el desarrollo de negocios inmobiliarios como en Retiro.

La reunión, que duró una hora, se trató de una visita de cortesía pedida por el propio Macri como jefe de gobierno electo y que Bergoglio anticipó que le devolverá en su despacho cuando asuma. El jefe de gobierno electo y el cardenal se comprometieron a fomentar «futuras líneas de cooperación y trabajo conjunto» y dialogaron sobre la futura administración de la Ciudad. La vicejefa de gobierno electa, Gabriela Michetti, católica practicante, mantiene un diálogo fluido con Bergoglio y había dicho en varias oportunidades que intentaría «acercar» a su jefe político con el cardenal

Preguntas sin respuesta y con fecha de vencimiento

Con semejantes planes en carpeta, ¿cómo es posible que un cardenal se una a un empresario que consolidará una Ciudad más desigual y expulsiva? Sólo Dios sabe, cómo puede ser posible que la oposición no tenga mejor opción que trasvestir sus discursos y apropiarse de las banderas históricas que el progresismo no ha sabido defender.

Ya no es cuestión de alineamientos. Ahora hay miles de habitantes humildes de la Ciudad que comenzarán a ser tratados como ciudadanos de tercera y que deberán vérselas con un Estado cuyos futuros gobernantes han buscado sumar legitimidad para efectuar cirugías mayores, entre ellas, la erradicación de los pobres como un recurso necesario para que Macri logre los favores de un electorado porteño que luego de la crisis exhibe un comportamiento más conservador.

La cotidianidad de la crisis y el incremento del miedo han hecho de esta Ciudad un espacio más democrático que hace 10 años, pero con ciudadanos más xenófobos y temerosos que han depositado su confianza en un empresario inescrupuloso que hará lo que sea para no defraudarlos. Ése es, para sus seguidores, el pasaporte a la presidencia.

¿Qué hace el líder de la Iglesia apoyando a quienes tienen semejantes planes y que encima ni siquiera lo ocultan? O las pasiones personales de un prelado que confunde reclamar justicia social con hacerle el caldo gordo a una derecha que está dando sus primeros pasos en su oportunismo endémico.

Con la rica historia que tiene la militancia cristiana en la Argentina, que durante años supo hacerle frente a claudicaciones tales como el silencio en la dictadura, es hora de que la necedad institucional no termine ensuciando en su nombre, la sensibilidad de miles que no piensan lo mismo, y que si lo piensan (porque hay razones innegables para hacerlo) jamás terminarían abrazando a un empresario ambicioso que hace todo lo posible por no mostrar sus fines inconfesables y que ahora cuenta con un aliado que, o yerra en su análisis, o también encierra fines inconfesables.

Ya que una cosa es denunciar la desigualdad y otra es que esto sirva para que un connotado miembro del establishment consolide un discurso que no le pertenece mientras hace todo lo contrario.

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