Eramos tan progres

Este artículo fue posteado por Mariano en El buen salvaje el pasado 25 de junio.

El otro día me puse a pensar qué les pasó a Tenembaum, a Sietecase, a Zlotogwiazda, a Montenegro, a Lanata mismo. Si hasta el gordo Rozin parece Noam Chomsky al lado de ellos (ver el videíto de la entrevista a Carrió que anda dando vueltas)… Sietecase, que había escrito poemarios en Rosario (creo que uno se llamaba «Cierta curiosidad por las tetas», gran título, por cierto), Tenembaum y Zloto que arremetían contra el menemismo en la época más delirante de Página/12. ¿Qué les pasó muchachos? Se quedan babeando con De Angeli, dejan pasar como si nada las bestialidades de Lilita, entrevistan a Biolcatti como si fuera Camilo bajando de la Sierra Maestra.

Sí, ok, el tiempo pasa nos vamos poniendo… Éramos tan progres. Igual da, en lo personal, un poco de pena. No debería, pero es así. Realmente no me produce nada leerlo a Morales Solá, o a Van der Kooy, pero tengo que admitir que un poco de incomodidad y tristeza siento cuando veo a estos tipos haciendo el papel que están haciendo.

Tal vez, puede ser, seamos buenos, no se trate de la aplicación del viejo teorema «progre a los veintipico, conservador a los cuarenta», sino que se explique por una fractura de la «progresía» argentina. Fractura catalizada por el kirchnerismo como elemento que aporta un malestar al ideal progresista. Pero ¿cómo llevar a la práctica la prédica progre(sista) – equidad social y república- en el barro del conflicto, de la paritarias, de las tensiones corporativas, de la puja por la torta, de la historia, de la sociedad, del mundanal ruido? ¿cómo hacer real, realmente existente, el antimenemismo, ese arsenal simbólico largamente acumulado y luchado durante los 90s? ¿qué pasa cuando el sueño que soñamos en los 90s se convierte en posibilidad?
Las preguntas – y en este exacto momento este post se va al carajo, aviso – rebalsan las actitudes de los íconos mediáticos progres mencionados más arriba. La pregunta es qué es el kirchnerismo y cómo se enlaza con esa «estructura del sentimiento» progresista que nos (me) forjó en los 90s.

Hipotésis bestial: «la pata peronista» que Chacho soñaba para complementar el proyecto iluminista Villa Freud-céntrico, se terminó quedando con todo. El periférico grupo Calafate, un casi exotismo de fines de la década dorada, termina ganando las presidenciales del 2003. El Chacho, de jefe de la centroizquierda a embajador in partibus del kirchnerismo. Cosas que pasan. La pata se comió a la mesa.

La incomodidad, la sensación de extrañeza que genera el kirchnerismo en buena parte de los votantes progres (muchos de mis amigos, de mis compañeros de trabajo, mis hermanas, nada lejano) por ahí radica en eso. Lo que esperábamos, aquello que nos movilizó a la interna entre «Es Ella» y De La Rua, a la Carpa Blanca, a la Marcha Federal, a votar el referendum del Frenapo, fue tomado como bandera por otros. Y sí, están los otros: la CGT, el PJ, los intendentes del conurbano. El otro exacto del universo simbólico del votante progre medio. Ese malestar, esa línea tensa entre los queríamos y lo que es tal vez ayude a comprender la bifurcación progresista.

No sé, pero más allá de todo, qué buen título era Cierta curiosidad por las tetas ¿no?

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