Entrevista exclusiva con Marcelo Yaquet: “Necesitamos una ley de expropiación definitiva a nivel nacional”

Cuando Argentina se desangraba y la falta de trabajo era moneda común, los empresarios abandonaron las fábricas y muchos trabajadores resistieron en su interior. Así nacieron las empresas y fábricas recuperadas. Después de poner el pecho a las balas, estas cooperativas, surgidas de la crisis, actualmente sufren los problemas de no tener una ley de expropiación definitiva, que les dé la propiedad sobre las unidades productivas. Marcelo Yaquet es responsable del área de Relaciones Institucionales de la autogestionada Cooperativa de Trabajo Frigorífico y Matadero La Foresta Limitada de Virrey del Pino y un referente en el tema. En diálogo con Causa Popular, explica la raíz de este problema y como nació una nueva forma de trabajo en el país.

– ¿Cómo es que nace el Movimiento de Fábricas Recuperadas?

– En realidad hay diferentes momentos y etapas. En general, el Movimiento de Empresas Recuperadas está organizado en diferentes bolsones de referencia, es decir no hay un solo Movimiento de Empresas Recuperadas. Una de las referencias más grandes viene del IMPA (Industrias Metalúrgicas y Plásticas Argentina), que también tuvo mucha notoriedad a causa de su intensa actividad cultural. El proceso de desindustrialización del país, que se venía dando a partir del 75, culmina a fines de los noventa cuando los empresarios se van de las fábricas y abandonan las unidades productivas. Debido a esta situación y al gran bolsón de desocupados que existía, los trabajadores empezaron a quedarse en las unidades productivas. La consigna surgió, entonces, desde la experiencia concreta de ocupar y producir. Todo eso empieza a tener una dinámica que se profundiza socialmente a partir de 1999- 2000- 2001. Actualmente todo eso ha ido mermando a partir de la reactivación. Es más, muchos ex patrones buscan recobrar las unidades productivas que fueron recuperadas por los trabajadores ya que ahora tienen viabilidad económica.

– ¿Cuántas empresas y fábricas recuperadas existen actualmente?

– Existen aproximadamente más de 200 empresas y fábricas recuperas de diferentes rubros y de gran envergadura. No hablamos de tallercitos pequeños sino de empresas, como la unidad productiva que le hacía las zapatillas a Adidas. Las tres plantas de Gatic están recuperadas en San Martín, La Rioja y Pilar. Nosotros mismos somos parte de un matadero y frigorífico, La Foresta, que es una planta importante con 200 trabajadores. En el rubro de la carne vacuna hay diez mataderos y frigoríficos recuperados, ocho en la provincia de Buenos Aires, uno el Chaco y otro en Santa Fe. En La Matanza, puntualmente, son dos: uno de ellos es el Yaguané, que tiene una historia de diez años como unidad productiva recuperada, y el otro somos nosotros, que logramos la ley de expropiación a fines del 2005.

– ¿Qué duración tiene la ley de expropiación?

– En La Foresta tenemos la ley de expropiación hasta el 2010, es decir cinco años pero, en algunos casos, es sólo dos años.

– ¿Cuál es el rubro más preponderante?

– El rubro que más presencia tiene es el metalúrgico. Una buena experiencia fue todo lo que se generó a partir del sindicato de la UOM en Quilmes. Allí se reúnen, en la actualidad, entre 13 y 17 empresas y fábricas recuperadas, en su mayoría metalúrgicas. En este proceso, tuvo mucho que ver el convencimiento de los trabajadores para que este nuevo sector social aparezca con fuerza. Sin embargo, esto no es reconocido, en gran parte, por el Estado, Provincial o Nacional. Así muchos de sus funcionarios, de segunda o tercera línea, tienen una especie de desprecio y no convencimiento de que los trabajadores puedan autogestionarse y llevar la unidad productiva adelante. No es esta la línea política que expresa el gobierno en sus máximas autoridades, quienes valoran la recuperación del trabajo y de la dignidad.

– Más allá del signo político, ¿hay una política profunda con respecto a las fábricas recuperadas?

– No, hay una política de parche. El Ministerio de Trabajo tiene un área, que es la de Trabajo Autogestionado, que acaba de hacer el 2do encuentro de Empresas y Fábricas Recuperadas Nacionales y el 1er encuentro de Empresas y Fábricas Recuperadas Latinoamericanas, en Argentina. Nosotros, por un programa de esta área, recibimos un subsidio de 50.000 pesos para una unidad productiva enorme, donde hay una capacidad de producción de 18.000 animales mensuales y un total de 200 trabajadores. Esto es nada como capital de trabajo, de inversión, o tecnológico. Imaginate $50.000 para Gatic o para el Bauen, desde el punto de vista económico no tiene mucho sentido. La otra área que atiende a las fábricas y empresas recuperadas y donde se pueden conseguir subsidios es el INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social) que rige a las cooperativas. Y en la provincia de Buenos Aires hay un área, el IPAC (Instituto Provincial de Acción Cooperativa), dentro del Ministerio de Asuntos Agrarios y Producción, pero que en realidad no determina grandes cosas. El gran problema que tenemos, en realidad, es el tema de la ley de expropiación, que es temporaria y no nos permite obtener el título de propiedad. Esto nos coloca en inferioridad de condiciones respecto de las empresas de capital privado.

– Por ejemplo, tenes una licitación a diez años y no podes presentarte porque no podés proyectarte en el tiempo.

– No podés proyectar y no tenés la posibilidad de sacar un préstamo bancario. Hay un montón de cuestiones con respecto al crédito, al que no podés acceder porque no tenés uno de los requisitos que te piden, que es el título de propiedad. Esa es una de las partes que hay que definir, ya que es el problema de todos. Estamos en un nivel de gran inestabilidad por ésta y por otras razones. Lo que tiene que hacer el estado es tener en cuenta qué valor tiene crear el costo industrial y cuánta plata hay ahí. Esto tiene que ver con decisiones políticas de fondo que no son tomadas y que llevan a esta política de parches.

– ¿Tendría que haber una ley que dé una solución general a esta situación?

– Primero hay que tener la decisión política para sacar una ley que determine que las unidades productivas pasen definitivamente a los trabajadores, con lo que esto significa: tener el título de propiedad. Y después se necesitan cambios, aparece un sector nuevo y todas las medidas existentes son insuficientes. No somos cooperativistas, no es que nos juntamos 200 y dijimos: “vamos a armar una cooperativa y vamos a comprar un frigorífico”. No. El patrón se va, uno se queda sin saber qué hacer y termina de hecho ocupando el lugar, no por una conciencia de decir “nos organizamos y ocupamos”, sino de hecho. La conciencia de los trabajadores fue cuidar el lugar y cuidar que no se lleven nada y eso les permitió después ponerse a producir. Lo que implica que no hubo una conciencia de ser cooperativista y, sin embargo, para la expropiación temporaria necesitas tener una cooperativa de trabajo, que es tu marco legal. Esa cooperativa no refleja la realidad porque naturalmente una unidad productiva recuperada debe manejarse de otra manera. Si la cooperativa te plantea que el excedente debe ser repartido en partes iguales, en realidad en una fábrica recuperada tenes muchas más cuestiones: la inversión tecnológica, cómo proyectarse, etc. Es decir, no sos un monotributista, no sos dueño, sos un trabajador que recuperó una planta y esa situación no esta contemplada legalmente.

– Y laboralmente tampoco por que están en un agujero: ni están bajo patrón, ni son monotributistas auténticos.

– Y terminamos siendo monotributistas.

– Pero también es algo falso.

– Terminamos siendo monotributistas, cooperativistas y llegás a todo eso para tener el marco legal adecuado. Sin embargo, luego te das cuenta que en los hechos concretos y en los papeles que nada de eso sirve, que nada de eso cuaja dentro del desarrollo de las unidades productivas recuperadas. Entonces ahí tenemos dos problemas que parten de una decisión política: uno la ley de expropiación, que es una resolución de fondo, y lo otro es cambiar la ley de cooperativas, para incluir a este nuevo sector social.

– ¿Hubo alguien que se tomó el trabajo de llenar el vacío legal que son las fabricas recuperadas, con alguna ley o proyecto o nadie se ocupó del tema?

– Hay una ley que se aprobó en Buenos Aires y que la llevó a adelante Diego Kravetz, que es legislador de la cuidad y presidente del bloque del Frente para la Victoria. Un compañero abogado que surge de las empresas recuperadas, ya que él era abogado del IMPA y de otras empresas. Esta legislación tenía que ver con que el estado de la ciudad de Buenos Aires tuviera los fondos para subsidiar. Con ese dinero los trabajadores se quedaban con el título de propiedad de las unidades productivas y lo devolvían a 20 o 25 años. Por lo que yo sé, una de las empresas que logró esa resolución fue Maderera Córdoba. Más o menos había entre 14 y 20 empresas y fábricas recuperadas que estaban enmarcadas dentro de esa ley. Después hay otra presentada, basada sobre la ley de Diego Kravetz, que la lleva adelante el Movimiento de Fábricas Recuperadas en la provincia de Buenos Aires y que nosotros, desde el Foro de Fábricas y Empresas Recuperadas, la tomamos para poder empujarla. Creo que es algo muy parecido. Lo otro que fue muy bueno, es que a fines de año pasado el INAES hizo una convocatoria de todas las cooperativas a nivel nacional y ahí nos nucleamos todas las empresas y fábricas recuperadas. De ahí salió una excelente discusión donde hubo mucho aporte de los trabajadores y de la gente que actuaba en cooperativas. Lamentablemente, por ahora, eso quedo en el aire.

– Entonces, ¿a nivel nacional no hubo proyecto?

– A nivel nacional había una especie de preproyecto que están llevando adelante algunos diputados, como la diputada por Corrientes Araceli Méndez de Ferreyra, para impulsar una ley que parece buena. Lo que uno pide es que el estado intervenga, ponga el capital y después los trabajadores le devuelvan ese dinero o armar todo un padrón y ver cuales son las características de cada unidad productiva y a partir de ahí ir buscando la solución. Sin lugar a dudas, habrá un lote muy importante de quiebras que están en su mayoría relacionadas con el Estado o con la AFIP o con el Banco Nación o con Banco Provincia esa es una resolución política donde no haría falta ningún tipo de ley, sino la determinación política nacional y de esos organismos de encontrar, en forma conjunta con los trabajadores, una salida.

– ¿Una ley no le daría mucha más fuerza?

– Que hubiera una ley de expropiación nacional sería lo lógico, donde abarque a las 200 empresas y fábricas recuperadas sin ningún tipo de distinción. Y que esa ley deje abierta la propuesta, de que cualquier unidad productiva que entra en quiebra pase directamente a manos de los trabajadores, eso sería lo adecuado. Entonces, vas a tener una ley de presión al empresario para que se maneje bien porque apenas presenta quiebra ,eso pasa a manos de los trabajadores.

– Una ley con responsabilidad empresaria.

– Claro, una ley de esas características cubriría todo el marco nacional y sería una ley ofensiva. Para llegar a eso debe haber una decisión política aún mucho mayor, que una ley Kravetz o con que el Banco Provincia dé su deuda a pagar a las unidades productivas recuperadas. Esas son más cuestiones concretas que se podrían ir resolviendo una a una y la de fondo tendría que ver con una ley nacional.

– Al tener el vacío legal ustedes tampoco se pueden hacer cargo de las deudas porque no están a su nombre.

– Primero hay que plantearse si es justo hacerlo o no, en realidad las deudas no son de los trabajadores. Es más, los trabajadores son parte de la cartera de deudas que tiene el anterior patrón porque en todos lados han dejado sin pagar los sueldos, aguinaldos y jubilaciones. En realidad convendría una ley de expropiación real para preservar los puestos de trabajo. Eso sería lo lógico, lo marca el sentido común, pero en el marco del capitalismo eso queda fuera de lugar. Por lo tanto, hay empresas que tratan de pagar la quiebra, a partir de su viabilidad, para quedarse con la unidad productiva. Y hay ejemplos: en La Plata, los trabajadores de una papelera (San Jorge) acordaron con el juez el pago de la quiebra y lograron autocomprarse la planta en cuotas. Sin embargo, esto tiene que ver mucho con la viabilidad de las unidades productivas y eso depende del rubro donde uno está. En la Matanza hay una empresa que hace tornillos con una maquinaria muy vieja y es muy difícil que esa planta sea muy viable, por más que haya capacidad, honestidad y gestión es porque el rubro no te lo permite. Después otros compañeros de una fábrica recuperada, que es una cristalería (Cooperativa San Justo),hacen ópticas para autos y tercerizan, exportan y abrieron una especie de sucursal en Brasil, es decir el rubro lo permite. Después es la decisión de los trabajadores si compran la quiebra o si tienen capacidad de ahorro para comprársela.

– Si saliera la ley esa plata se podría destinar a mejorar la tecnología de la planta.

– Naturalmente uno sigue en carrera a medida que pueda invertir. Encima la mayoría de las plantas están absolutamente usadas. Es como irte de vacaciones y hacer 2000 kilómetros con un auto usado. Eso nos pasa con las plantas. La parte empresarial en los últimos 10 ó 15 años no les puso ni un peso a las unidades productivas. Entonces los trabajadores invertimos constantemente en la planta para que esté mejor. Por lo tanto, tenemos un gasto y a pesar de eso, la imposibilidad de obtener el título de propiedad no nos permite sacar créditos blandos y tener inversión tecnológica.

– Están en desigualdad de condiciones con las empresas grandes.

– Sí, y hay un claro ejemplo: nosotros en el frigorífico tenemos que estar habilitados en diez millones de cosas y está todo, menos lo más importante: la matrícula abastecedora, que es la que te permite a vos comprar el animal en pie y venderlo en gancho. Nosotros tenemos una matrícula de servicio y lo que hacemos es dar servicio a otra matrícula abastecedora. Entonces, hoy el ONCCA (Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario) no nos otorga la matrícula abastecedora y no sabemos por qué. Va una sociedad anónima, que no tiene la unidad productiva, pero como es sociedad anónima o una SRL y tiene contactos determinados le otorgan la matrícula abastecedora. También uno entra en desventaja con eso. Es decir, diferentes áreas del Estado entran en contradicción consigo mismas, tanto en la Provincia como a nivel Nacional.

– Por ahí tenes la ayuda de un lado y por otro te buscan la vuelta.

– Se te abre la puertita de los parches por un lado y por el otro lado la puerta que se tiene que abrir se mantiene absolutamente cerrada y sellada. Y pesar de eso, en nuestro caso invertimos en la planta, además hay un retiro de 1500, 1600 pesos por trabajador, lo cual es bueno sin tener la totalidad del negocio, ya que sólo trabajamos en el consumo interno y aún no exportamos. Mientras que otros Frigoríficos empresariales tienen exportación, matrícula propia y los trabajadores están casi al mismo nivel salarial que nosotros y con una cantidad superior de animales a la nuestra.

– Con esto se rompe el mito de que los trabajadores no pueden autogestionarse

– Sí, hay buenos y malos ejemplos. Acá hay unidades productivas recuperadas que son viables y otras que no. Pero por lógica lo que uno tiene que hacer, para desarrollar una unidad productiva, es congeniar un grupo de dirección, de gestión muy firme, absolutamente honesto, con la cabeza hacia adelante y proyectar una relación de ida y vuelta con el conjunto de los trabajadores, que tienen que participar. Si el conjunto de trabajadores no participa, naturalmente la dirección de gestión de arriba se aísla. Y cuando más se aísla mayor es la posibilidad de caer en una burocracia pro patronal. En algunos lugares la no participación de los trabajadores hizo que de a poco ese equipo de gestión, se fuera alejando y que los mismos trabajadores lo terminaran empujando a que sea patrón. Por la cultura, en muchos casos, el trabajador prefiere el patrón.

– En la fábrica recuperada no es que sos un trabajador en relación de dependencia, que no tenes ningún tipo de injerencia, se necesita también el compromiso.

– Sí y es una situación muy complicada. Imaginate al compañero que le da el mazazo en la cabeza al animal. Nosotros matamos 800 animales por día y hay que dar 800 mazazos o más, cuando termina de trabajar lo quieren es irse, no quieren sentarse a planificar, ejecutar, ni quiere ver como salimos para adelante. Eso es comprensible, pero es contradictorio con el sentido de participar, de sentarnos y discutir. Acá hay que aprender, entre todos, a llevar la cuestión financiera, cómo es el crédito fiscal, cómo se hace la proyección y cómo sacamos los costos. Esto es muy difícil de lograr muchas veces porque el que tiene ese rol no lo hace y otras veces porque uno choca con que los trabajadores quieren trabajar, llevarse la plata al bolsillo e irse y en esas dos cosas está el peligro de que la unidad productiva no termine estando en manos de los trabajadores. En realidad, no hay una conciencia real, del conjunto de los trabajadores de las empresas y fábricas recuperadas, de que los medios de producción están en manos de ellos y que el excedente no está más en el bolsillo del patrón, sino que está en el beneficio colectivo de los trabajadores. Y eso cambia una relación de producción capitalista a una relación de producción socialista, en hecho concreto. Ese pasaje no está en la conciencia de los trabajadores y sí está en los hechos. Si este proceso económico se va para atrás y de vuelta viene una etapa neoliberal, me parece que el mojón que va a quedar son las empresas y fábricas recuperadas.

– Está el ejemplo vivo.

– De la recuperación del trabajo y de la dignidad del trabajo. Nosotros cuando cumplimos un año en nuestra planta, el 24 de noviembre del año pasado, durante todo el mes hicimos murales. Antes de hacerlos, la discusión que teníamos era qué queríamos que reflejen los murales. Y de ahí surgió lo de las tres etapas: una el ocupar, resistir y producir que tiene que ver con la movilización, la lucha ; otra etapa, con la parte productiva, cómo entra un animal por la manga vivo y como sale en la media res; la otra parte era la cuestión de la autogestión, la asamblea como una forma de decisión colectiva y marcar que ése es el camino. No para nosotros como sector social, sino para una Argentina diferente. Una Argentina donde la clase que tendría que dirigir el país deberían ser la de los trabajadores. En esos tres casos hicimos murales y en realidad los trabajadores se sintieron muy reflejados. Primero había una cierta resistencia, decían “qué vamos a hacer unos murales”, igual avanzó y los compañeros se ven ellos, se ven en la lucha, en la parte productiva con el cuchillo, cortando el cuero o en la decisión de la asamblea. La iniciativa nuestra de hacer esos murales tiene que ver con que tiene que haber un equipo de dirección al frente que siempre provoque hechos para que esa conciencia no vaya para atrás, para que el conjunto de los trabajadores no se olviden de dónde venimos.

COMPARTÍ ESTE ARTÍCULO

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Recibí nuestras novedades

Puede darse de baja en cualquier momento. Al registrarse, acepta nuestros Términos de servicio y Política de privacidad.

Últimos artículos

La importancia histórica de la autodefensa de CFK y los neofascistas que atentan contra nuestras libertades democráticas.
Abordamos la modificación de la Ley de Política Ambiental Provincial que llevó a cabo la Legislatura cordobesa. Sus argumentos, la resistencia del pueblo y cuáles serán sus efectos.
San Luis, Territorio Huarpe, Comechingón y Ranquel se prepara para recibir a más de 100 mil asistentes en pos de luchar, continuar visibilizando y problematizando los feminismos.