Entrevista con el ministro Juan Quintana: Radiografía del referéndum boliviano por la Asamblea Constituyente

Por José Vales, desde La Paz, especial para Causa Popular.- Juan Ramón Quintana, alguna vez fue militar. Llegó hasta el grado de mayor en el Ejército, pero suele decir que no toleraba lo que ocurría con los pobres de su país y que por eso ansiaba con ser abogado pero terminó siendo sociólogo y uno de los analistas en temas militares más respetados de Bolivia. Fue su amistad con el presidente Evo Morales, en las luchas sociales la que lo lleva ahora a ocupar el ministerio de la Presidencia, y en ser uno de los dos hombres claves del presidente. En una extensa entrevista, Quintana desmenuza el proyecto de gobierno, la situación de “empate perverso” en la que se encuentra el debate por las autonomías y acusa a la oposición de no estar a la altura de las circunstancias históricas del país. Al punto de endosarle que su falta de propuestas y la postura en la campaña “sometió a la Constituye a un daño casi irreparable” que obligará a “nuevos esfuerzos” para llegar a una carta magna acorde a los reclamos sociales.

– ¿Este era un día muy esperado por el gobierno. Con el fin de la refundación del país. Ahora aparece como una suerte de Plebiscito a la gestión de Gobierno?

– No porque es poco el tiempo de un gobierno de cuatro años. Si hay implícito una tendencia de un plebiscito. Tendremos una tendencia de lo que la sociedad está pensando sobre la capacidad de gestión del gobierno. Un examen preliminar sobre las reformas, los cambios y lo que se ha hecho durante estos cinco meses. Por otra parte va a ser una especie de punto seguido, esta manifestación en las ánforas de la sociedad acerca del gobierno. Es un momento interesante, porque la gente va a tener un respiro, un momento para reflexionar qué es este gobierno, qué tiene entre manos, hacia dónde nos está conduciendo, cuán confiable es. En ese sentido la pregunta sustantiva de la ciudadanía es esa. ¿Qué tipo de gobierno?

– ¿Y usted como un hombre clave del gobierno, qué respondería a todos esos interrogantes?

– Creo que la gente va a constatar, en esta pausa de reflexión, primero que el cambio en Bolivia es posible a partir de un liderazgo distinto a los liderazgos convencionales en los últimos 180 años y particularmente en los últimos 20. Hay posibilidad y potencialidad de un cambio en el país en la medida que se cumplan ciertos requisitos que es lo que la sociedad requiere. Esto es posible porque hay algo fundamental. Quien dirige al país, es un hombre que encarna la posibilidad de ese cambio, por su capacidad lo que siente, lo que piensa de manera transparente. Por su obsesión de reconstruir a la nación, por la experiencia acumulada en su condición de súbdito que se transforma en ciudadano y que desde esa condición le transmite un mensaje a la Nación que desde súbditos podemos convertirnos en ciudadanos, en la medida que somos consecuentes con ciertos principios y ciertos mandatos para el cambio. La sociedad va a tomar nota una vez más de lo que fue el pasado reciente y lo que puede constituir el futuro y hará una evaluación de los tiempos políticos.
Como ministro de la presidencia presumo que la sociedad tiene la oportunidad de volver a calibrar las potencialidades que tiene este gobierno para llevar adelante grandes cambios, grandes transformaciones.

– El Gobierno tiene sus líneas generales bien claras, pero se observa a una oposición que en estos casi seis meses parece haber perdido el norte en cuanto a lo que pretende cómo cambio para el país. No se observan grandes y novedosas ideas ¿Eso termina siendo bueno o malo para los planes del gobierno?

– Yo creo que es malo. Quisiéramos una oposición que nos ayude que nos permita ser mucho más creativos, que nos permita construir un campo político donde se constrasten proyectos de Nación y no solamente meras discusiones o debates marginales. Una oposición débil, errática algo intermitente, no ayuda a que el Gobierno pueda redefinir mejor sus estrategias y sus propósitos. Un buen gobierno también es producto de una buena oposición.

– Pero con una constituyente por delante tampoco es auspicioso para enriquecer el debate sobre lo que debe ser la Constituyente…

– Sí, creo que lo que se ha producido en estos meses en Bolivia es un daño casi irreparable a la calidad sustantiva de lo que podría haber sido la Asamblea Constituyente. Y esto también es un enorme desafío para el gobierno porque vamos a tener que restaurar el estatuto y los contenidos que debe tener una Asamblea Constituyente y vamos a tener que impulsar los temas estratégicos para que esa asamblea pueda reflejar la verdadera dimensión del cambio en un momento histórico distinto. Lo que ha hecho la oposición en esta campaña fue producir un retroceso. Limitó la posibilidad de colocar ideas innovadoras para la Asamblea. Envilecido el debate. Se montó sobre una estrategia artificial, dañina, autocomplaciente y ni siquiera esa estrategia ha servido para posicionarse mejor sino para ratificar su mediocridad, su compromiso poco patriótico. Lo que hemos visto ha sido la ratificación de una oposición que no sólo no tiene ideas sino que lo que tiene como estrategia es una formulación reactiva a un determinado momento, pero incapaz de construir un proyecto histórico alternativo No ha salido todavía de su debacle de diciembre pasado (el triunfo de Evo). Es una constatación para nosotros que no podemos esperar mucho de su aporte en la Constituyente y nos obliga a hacer un esfuerzo mayor para replantear temas estratégicos para poder salir a este naufragio de ideas al que ha contribuido la oposición.

– El debate por la autonomía parece enrarecerse nuevamente, ¿Puede convertirse en un escollo importante para la Constituyente tal como se plantea las distintas posiciones?

– La Constituyente puede sufrir interferencias o turbulencias en la medida que la autonomía se convierta en una herramienta política mezquina por parte de los sectores más conservadores del país y si solamente es aplicada para preservar ciertos privilegios y no para permitir una transformación en la nueva arquitectura administrativa y del Estado, estaremos condenados de “empate perverso” que yo diría que terminaría sepultando a las fuerzas conservadoras. La autonomía es una herramienta legítima para posicionar a Santa Cruz como fuerza política en el escenario político, o sea como medio, pero si se convierte en el fin en si mismo, entonces será el principio del final para estas fuerzas conservadoras, incapaces de autoreproducirse. Entonces tenemos que tomar distancia entre la autonomía como un proyecto de elites regionales, y otra como un proyecto de fuerzas políticas. La autonomía no encarna una fuerza política de oposición, sino se da en un contexto de dispersión que muestra la crisis de las fuerzas conservadoras. Ellos no se dan cuenta de que es una buena herramienta para reconstruirse políticamente. Pero no como fin.

– ¿Podría explicar sintéticamente qué tipo de autonomía pretende el gobierno?

– Planteamos una descentralización más amplia de la que estamos viviendo. Queremos que esa descentralización traduzca las decisiones locales y que sean más bien las comunidades, los pueblos indígenas, las agrupaciones ciudadanas las que decidan el futuro en el que quieran vivir bajo denominadores comunes, porque también puede haber archipiélagos de intereses. Queremos una autonomías, con solidaridad, reciprocidad, que utilicen categorías más postmodernas como capital social y que coloquen como centro de interés la preservación de intereses públicos. Donde las mayorías tomen las decisiones, no este modelo donde la elite, o la prefectura tenga todo el poder. Autonomías que interactuén y que sus virtudes circulen territorialmente, política y económicamente. O sea que determinadas regiones que tienen un valor agregado en lo económico, político y social sean capaces de transferir ese valor agregado a otras regiones, para construir una comunidad cívica. Y eso permita construir u proyecto común. La autonomía cruceña es potencialmente peligrosa, es porque se quiere construir un tipo de autonomía sin la existencia de una comunidad nacional.

– ¿Entonces, son separatistas?

– Si. Son separatistas. Intentan decirnos que quieren este tipo de autonomía reservándose un poco de recursos a los departamentos parias. Una especie de filantropía doméstica. No aparece la idea de compartir la debilidades estructurales de un Estado, sino desde las ventajas comparativas, ayudar a los otros. Una solidaridad negativa.

– ¿Puede traer problemas serios, incluso violencia?

– Hay un potencial de violencia en esta formulación de las autonomías, resumiendo que son un medio y un fin de estas “élites” y en la medida que no se consumen estos objetivos, entonces a un clima de violencia. Ahora ¿qué es lo que esconde esta formulación autonomista regional con el uso exclusivo de los recursos naturales? La conservación de privilegios y prerrogativas acumuladas en los últimos años y que tiene que ver con los recursos naturales esencialmente. Es una autonomía sustentada en el dominio de las reservas naturales y en una especie de redistribución a pequeña escala, que permita en nombre de ella conservar los privilegios.

– ¿Ya sabemos lo que dice la oposición de la relación del gobierno con Chávez, pero a nivel internacional les molesta mucho que se alcen algunas voces que diga que Bolivia es una sucursal de Venezuela?

– Si, por supuesto. Primero que eso no tiene nada que ver con la realidad. Segundo que esas expresiones prolongan la falacia de la oposición y que el caballito de batalla de la oposición y los sectores más conservadores y algunas empresas transnacionales es tratar de manejar y montar un escenario de esta naturaleza. Es lamentable porque una hipótesis conspirativa. En primer lugar porque el proceso boliviano tiene muy poco que ver con el proceso bolivariano. Aunque hay una especie de forcet en la oposición que tratan de colocarnos como espejo.

– ¿Puede enumerar esas diferencias?

– En Bolivia lo que tenemos es una sociedad civil que ha superado la fortaleza del Estado y que los partidos políticos. Luego que las transformaciones en Bolivia a diferencia de las transformaciones en Venezuela han transcurrido en la matriz de esta sociedad civil, que es altamente politizada. Aquí los movimientos sociales tienen como dispositivo político, su memoria histórica que es totalmente distinta a la venezolana. Y esa memoria histórica es de corta y de larga duración, por lo tanto la fuerza, el vigor y la fortaleza está permanentemente alimentada por estas dos memorias históricas que la dotan de sentido, que proyectan a los movimientos sociales a construir discurso, a interpelar, a posesionarse en el escenario político de manera muy vigorosa. Esa es una diferencia sustancial para el proceso boliviano y el venezolano. Acá lo que sea ha ido construyendo es una resistencia de los movimientos sociales a partir de los pueblos indígenas y los recursos naturales, una suerte de vocación histórica antiimperialista y además una dosis fundamental de convivencia con los patrones culturales. Aquí no hay movimiento social que no esté dentro de los movimientos culturales. Aquí en cualquier marcha, en cualquier protesta están condensadas estas prácticas y estas memorias, la vida de la comunidad. Por lo tanto las tramas, las argumentaciones, los puntos de contacto que hay entre los movimientos sociales reflejan estos procesos. Otra gran diferencia que tenemos con el proceso bolivariano son los talantes de liderazgo. Uno que surge bien de abajo y el otro surgido de una trama político militar. La construcción de liderazgo indígena del presidente Morales fue antimilitar porque fue víctima de la represión de estos.

– En el 2002, todos los ojos del mundo se depositaron en Brasil, para observar cómo se acababa o se aminoraba la pobreza. Ahora todos las miradas están puestas aquí. Porque no nos engañemos, ser de izquierda es estar obligado a acabar con la pobreza. Es que de tener éxito el proyecto surja un modelo de referencia para el resto de la región?

– Uno de los proyectos que tiene el presidente y el gobierno es precisamente diseñar un nuevo proyecto de Estado y que su inserción global se construya a partir de estas grandes transformaciones en Bolivia. Pero esas trasformaciones no tienen que ver con un modelo predestinado, sino que es un proceso genuino. Podemos ver qué características tienen este desafío de constitución estatal en Bolivia. En primer lugar tiene una fuerte identidad indígena, cosa que en el mundo existen muy pocas experiencias. Además quiere construir un estado multicultural que refleja la composición étnica del Estado Boliviano. Este proyecto quiere dotarse en una identidad productiva en las economías de múltiples pisos pero complementarias y subsidiarias. Después es un modelo de desarrollo económico que estamos llamando de capacidad productivas orgánicas, con cuidado del ecosistema y demás. Tercero, queremos construir un equilibrio interno para proyectarlo en la región. No queremos convertirnos en el Estado paria o fallido que perturbe al desarrollo de la región. Hay una vocación de contribuir al desarrollo de la región en la medida que se salden las deudas internas. En cuarto lugar, estamos desarrollando un proyecto de estatalizad territorial, cosa que no ocurrió nunca en Bolivia.

Bolivia es un país pensado más como un país andino y sin embargo es primordialmente amazónico. Lo que queremos es integrar la amazonia a lo andino y construir esta ecuación en Andinoamazónica. Porque sino nuestro discurso de multiculturalidad estaría vacío en la medida en que la mayor parte de los pueblos indígenas están en la Amazonia. La idea es construir un Locus de multiculturalidad y también de territorialidad estatal.

A partir de estos componentes ver de qué manera Bolivia se inserta al mundo. En política migratoria, invocamos a la comunidad internacional para que nos ayuden no por ser pobres. Sino a que nos ayuden para que los ayudemos. No queremos que nuestros ciudadanos sigan migrando al extranjero sino que se queden aquí. Y una forma para que no emigren es reconstruir el Estado neocolonial en el que hemos vivido durante tantos años. El proceso de descolonización pasa también por frenar la migración y reintegrar a los bolivianos que están fuera.

– ¿Para este proyecto no son suficientes cinco años. Están planteando la reelección?

– Nosotros como gobierno no lo planteamos. La asamblea es soberana. Si lo plantea será bienvenida. El proyecto que estamos planteando podría mutilarse si no se prolonga por un nuevo período de gobierno. Lo que estamos planteando son dos procesos que se retroalimentan. Primero tenemos que desmontar esta estructura colonial política. Y al mismo tiempo tenemos que reconstruir el proyecto del Estado multicultural descolonizado. Son dos obras descomunales que requieren una sociedad altamente politizada. No queremos estar, como en el pasado, detrás de la sociedad, sino con la sociedad. Las únicas posibilidades de este Estado es justamente eso: descolonizarlo y transformarlo y requiere ahora sí, un empate virtuoso, no ya tráfico.

– ¿Qué pronóstico arriesga para la elección?

– Tenemos muchas expectativas. Primero de ganar y segundo de hacerlo con una mayoría significativa. Estamos moderadamente optimistas. No hemos tenido las condiciones plausibles que nos permitan tener un sentimiento de saber que va a pasar, de certidumbre. Tenemos un margen de duda sobre los resultados para la Constituyente y para el referéndum somos concientes de que Santa Cruz puede tener ventajas pero puede haber sorpresas en aquellos departamentos que estaban alineados automáticamente con Santa Cruz. Hay que ver el mapa que surge de la Asamblea y del referéndum. No va a ser suficiente la presunta victoria autonómica en Santa Cruz si no somos capaces de entender lo que dicen las provincias en cuanto a la autonomía.

– ¿O sea ver que pasa departamento por departamento?

– Exacto. Eso nos va a permitir conocer y medir las pulsiones autonómicas en contra a un nuevo proyecto de descentralización. Qué nos dicen las provincias que no están votando por la autonomía. Esta especie de cartografía constituyente y autonómica nos permitirá ver el nuevo escenario político entre oficialismo y oposición. Va a ser muy interesante para ver qué a cambiado desde el 18 de diciembre pasado (elecciones presidenciales) y hoy.

Lo otro importante que puede derivar de esta lectura es ver la tensión entre lo regional y lo central dentro de los departamentos y frente al poder central. Ahí también vamos a encontrar filones para interpretar lo que podría ser el futuro de la Constituyente y la autoría a la noche. Pero eso lo vamos a comenzar a leer el domingo en la noche.

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