Enojo de la inmigración discriminada: Francia y las facturas coloniales

Por Enrique Oliva, especial para Causa Popular.- No obstante preverlo el gobierno galo, destinando para recibir el Año Nuevo un dispositivo policial de 25.000 hombres patrullando para cuidar el orden en los guetos de inmigrantes pobres, igual se registraron, según la policía, 436 incendios de automóviles en barrios y distintos sitios de París y gran parte de Francia. La cifra de hechos violentos parece insignificante frente a los 10.346 vehículos quemados en los atentados cometidos en octubre y noviembre del año pasado.

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En la foto: Los inmigrantes protestan en sus propios barrios.-
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El diario El País (edición argentina), trajo el lunes 2, en tapa, una foto de uniformados manteniendo en el piso a un detenido al pie de la Torre Eiffel. El hombre inmovilizado no es negro ni árabe. Se trata de un muchacho blanco. Esto no debería extrañar, porque también en los anteriores sucesos intervinieron jóvenes franceses desocupados y hasta estudiantes nativos.

Esta vez pareció más bien un ensayo o demostración de fuerzas, pues los incendios se realizaron en 267 municipios distintos. Integrarían los descontentos una organización en crecimiento en Francia. En la anterior oportunidad, se reprodujeron revueltas en otros países europeos, aunque en menor escala, como ocurrió en Alemania, Bélgica y Holanda. Ahora no puede ocultarse el peligro de acciones de mayor envergadura y, entre los rumores, gana terreno la palabra “caos”.

Se ocultó la toma de un tren con 600 pasajeros

La situación provocada por las quemas de autos se difundió por todo el mundo. Pero se ocultó a los franceses, lo más grave ocurrido en las primeras horas del año nuevo: un centenar de jóvenes, con mayoría de adolescentes, tomaron el tren Niza-Lyon y desvalijaron a sus 600 pasajeros de todas sus pertenencias. Recién en la tarde del día 4 se conoció lo sucedido y lo publican en tapa los diarios de ayer 5, es decir, 4 días después.

La policía cumplió un triste papel llegando tarde. Solo detuvo a 3 supuestos autores (dos de ellos de 17 años), mientras que el resto huyó con el botín. El tren fue frenado accionando una alarma, en un lugar bien elegido por estar desprovisto de policías en sus cercanías. Los 108 minutos de paralización del convoy, permitió a los asaltantes robar con toda minuciosidad a los pasajeros.

En las primeras noticias divulgadas se hablaba de maltrato y vejación a los viajeros y hasta de “abusos sexuales”. Esto último, según testimonios, se redujo a un ligero toqueteo de un muchacho a una señorita y nada más. Asimismo, se dijo que los agresores estaban borrachos, pero la organización demostrada por los 100 participantes indica una verdadera programación. No podían ser beodos incontrolables, sin plan, para copar todos los vagones.

El ocultamiento oficial de este hecho ha repercutido en las más altas esferas gubernamentales, preocupadas por la prueba de impotencia e inseguridad que supone atemorizar aun más a la población y espantar al turismo. Francia recibe más de 60 millones de visitantes anuales, cifra que sobrepasa a los habitantes del país, representando uno de sus mayor es ingresos de divisas al estado. Y el centenar de jóvenes montaron al tren en Niza, en la exquisita Costa Azul, lugar de veraneo o residencia de ricos.

Otro escándalo: polémica sobre colonialismo francés

El 23 de febrero del 2005, se promulgó una ley que ensalza al colonialismo francés, disponiendo incluir su historia en los manuales escolares. Se trata así de ponderar el “papel positivo de la presencia francesa en ultramar, sobre todo en el Norte de África”. Pero los textos preparados y discutidos días atrás, han provocado una crisis gubernamental de grandes proporciones.

Todos los sectores de la sociedad expresan airados sus opiniones y el presidente Jacques Chirac desea reformar la ley porque “divide a los franceses”. Los nacidos en Francia, descendientes de países colonizados y sometidos a la discriminación, tienen a este tema como una factura pendiente de carácter moral y material, mostrando su enojo en actos de violencia.

Es cierto que la Revolución Francesa de 1789 abolió la esclavitud, pero no se aplicó nunca en las colonias, donde el propio emperador Napoleón Bonaparte la legalizó nuevamente. Muchos años después de independizarse Haití en 1804, primer liberación latinoamericana, para que Francia le reconociera la soberanía y dejara de agredirlo constantemente con su flota, París le exigió a ese pueblo tan explotado que pagara en oro “el valor de todos los esclavos perdidos”, como si fueran mercaderías y no seres humanos.

¿Entrarán en esa historia los ejemplos de civilización de la flota francesa unida a la inglesa, a mediados del siglo XIX, cañoneando y saqueando poblaciones en los años de bloqueo del Río de la Plata?

¿Y qué dirá esa historia de la “civilización” aportada cuando está manchada con la sangre de millones de esclavos y el robo de sus riquezas? ¿Contará a los niños que Francia es actualmente, en el Siglo XXI, la nación con más colonias en el mundo? A más de esos dominios, hay muchos estados que han tenido una independencia falsa y siguen manejadas por París, que saca y pone los dictadores de turno? ¿Cómo? Si. Porque mantiene tropas propias en esos territorios, en especial cuerpos de la Legión Extranjera “para garantir su seguridad e independencia”.

Esa Legión Extranjera no tiene en su historia ninguna batalla ganada. Ha servido y sirve como salvaje fuerza de represión contra pueblos desarmados. Pero cuando la enfrentó el general vietnamita Vo Nouyen Giap en Dien Bien Phu se rindió sin mucho pelear, significando la pérdida de la colonia francesa de Indochina (Cochinchina, Camboya, Anam, Laos, Tonkin y Vietnam).

¿Pero cómo pueden ser independientes países cuya moneda común se maneja e imprime en Paris?. Se llama CFA (franco de la Comunidad Financiera Africana), cuya emisión, suba o baja la dispone el Banco de Francia desde la metrópolis colonial. Bajo este régimen monetario están 12 naciones “independientes” y miembros de la ONU: Camerún, Benín, Burkina Faso, Congo, Costa de Marfil, Chad, Gabón, Guinea Ecuatorial, Malí, Níger, Senegal y República Centroafricana. En esta última, en un avión norteamericano fue depositado Jean Bertrand Aristide, secuestrado por los yanquis cuando ocupaba la presidencia constitucional de Haití.

Entre los pocos pueblos que realmente obtuvieron su libertad figura Argelia, cuando la lucha por la independencia le costó un millón de muertos, o sea más del 10 % de su población de entonces. Y tiene su moneda propia.

Fue allí, en Argelia, donde surgieron los especialistas franceses en torturas a prisioneros, que vinieron a instruir a dictaduras militares argentinas con la teoría de martirizar sin límites hasta obtener toda la información posible de los patriotas y, luego, hacer desaparecer a sus víctimas. Hasta los norteamericanos utilizaron los manuales franceses en Vietnam y ahora en Guantánamo. También con la complicidad de aliados europeos, usan hoy sus aeropuertos en traslados a cárceles secretas para “interrogar” a sospechosos de terrorismo.

Tan fuerte es la polémica política sobre la enseñanza de la historia colonial, tan convulsionada está la opinión francesa por el tema en medio de los actos de violencia de los jóvenes marginados, que la crisis obligó al ministro del interior Nicolas Sarkozy a anular un viaje a la isla Martinica, llamada oficialmente “departamento” de Francia, aunque esté en el Caribe.

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