El trabajo ilegal y el empleo de las palabras

El funcionario nacional conversó acerca de las características de las inmigraciones en el país, la discriminación, los lugares comunes y los usos del lenguaje para referirse al trabajo, como así también de las situaciones de esclavitud detectadas en los últimos tiempos. En el caso del denominado “trabajo en negro” Ruiz considera que “hay que tomar conciencia del valor que tienen las palabras como significantes”.

El subsecretario de Relaciones Laborales del Ministerio de Trabajo de la Nación, Álvaro Ruiz, estuvo al frente de la organización de un debate en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) acerca del vínculo entre el trabajo y la cultura afro en la Argentina. La Jornada se realizó con la participación del Consejo Nacional de Organizaciones Afro, la organización Misibamba, la carrera de Relaciones del Trabajo de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, la cátedra “Derecho sindical y de las relaciones colectivas del trabajo” de esta carrera, y la cátedra “La sociología y los estudios poscoloniales” de la carrera de sociología de la misma facultad. Además de profesores y especialistas en las disciplinas participaron el ministro de Trabajo, Carlos Tomada; su par de Educación, Alberto Sileoni; y el decano de Filosofía y Letras, Héctor Trinchero.

Revista Zoom entrevistó al subsecretario de Relaciones Laborales para que explique la importancia de la actividad organizada por la cartera laboral y para que reflexione acerca de las situaciones de esclavitud detectadas en talleres textiles de la Ciudad de Buenos Aires y en producciones agropecuarias, algunas de las cuales involucran a diputados de la oposición. Además, Ruiz hizo un repaso de la política de empleo y seguridad social llevada adelante desde proceso iniciado en 2003 por el ex presidente Néstor Kirchner.

¿Podría explicar en que consistió la jornada “Trabajo y cultura afro en la Argentina”?
Los paneles estaban divididos en siglos. Lo que tratamos es visualizar el fenómeno de la negritud y de las poblaciones afros o afrodescendientes en la Argentina desde fines del siglo XVIII y principios del XIX. Otra etapa sería el siglo XX en la que se fue generando la culturización blanca-europea que es en definitiva parte de una concepción cultural y de algunos mitos que están desde hace mucho tiempo, algunos fomentados desde la historiografía oficial y otros a través de distintos mecanismos culturales que implantaron la idea de que nosotros no tenemos población negra o afrodescendiente o que ha tenido cierta importancia en la conformación inicial del país pero que ha ido desapareciendo producto de la guerra contra el Paraguay donde se decía que eran carne de cañón y con la fiebre amarilla y otras pestes que asolaron a la Argentina.
Esto es lo que está instalado y nosotros solemos repetir estas afirmaciones con cierta ligereza o la concepción de que no hay en la Argentina un aporte presente de los afrodescendientes y hay una serie de estudios, investigaciones y una realidad que parecen desmentir estos mitos.
Y esto interesa sobre todo en este momento no sólo como un valor histórico, como una construcción de la sociedad y de la cultura argentina, sino también porque ha habido en la segunda mitad del siglo XX y principios del siglo XXI distintas corrientes migratorias, algunas de África, de Asia como las que se fomentaron en la época de la dictadura militar en los ’80, de Laos, de Corea, como búsqueda de ser una contrainsurgencia ideológica desde el punto de vista del comunismo pensado desde esa mentalidad bastante obtusa y cerrada de los militares genocidas del ’76 en adelante y que mucha de esa migración encontraba que sea la puerta a los Estados Unidos como destino final.
También hubo migraciones motivadas por la caída del socialismo real y las distintas balcanizaciones europeas, pero también hay otras corrientes migratorias de cierta relevancia en la Ciudad de Buenos Aires que provienen de África, por ejemplo de Senegal, donde aparecen a lo mejor ligadas algunas de las actividades que también son especialmente vulnerables para quienes las realizan, como la venta ambulante, la venta de artesanías o en espacios públicos que desarrollan estas actividades para algunas empresas que no son visualizadas, que son las que les proveen el material para que puedan vender.


¿Cuál es el objetivo concreto que el Ministerio de planteó con esta actividad?

Hay un interés en detectar esta realidad. El Ministerio de Trabajo, por una convicción del ministro Carlos Tomada que fue el que vehiculizó a través de la subsecretaría de Relaciones Laborales empezar a analizar con bastante detalle algunos de los efectos de las discriminaciones que están incorporados en el lenguaje y esa naturalización o normalización que se toma de ciertos estigmas sociales o discriminaciones, para comprender cómo terminan de algún modo banalizándolas e incorporándolas sin demasiada causalidad. En realidad, en la raíz de estas adjetivaciones existe una discriminación fuerte y una estigmatización, como por ejemplo, ligar la negritud con actividades informales o ilegales, hablar del mercado negro, del salario en negro, del trabajo en negro… Que son formulaciones no neutras desde el punto de vista valorativo; todas son disvaliosas porque están dirigiéndose contra la norma, contra el ordenamiento social o jurídico y además ofrecen la opacidad o la oscuridad ligada a un disvalor.

¿Cuánto tiempo llevan trabajando sobre este tema?
Hace más de una año que venimos trabajando con el equipo de la subsecretaría algunas investigaciones específicas en relación a la raíces de estas frases y adjetivaciones, para encontrar algunos puntos o denominadores en común con otras que se dan como manifestaciones de esta misma discriminación en el campo del trabajo. Entonces, nos parecía que era útil el desarrollo por un lado de una acción académica, con la universidad interesada por los problemas sociales y culturales donde confluyen distintas disciplinas: relaciones de trabajo, sociología, filosofía, psicología, letras , etc… Con la intención de llegar al debate en un escenario como el de hoy en la Argentina, que no es exclusivo sólo de nuestro país, pero que sí aparece con una fuerza muy intensa en estos últimos meses, que toda la situación de esclavitud laboral en realidad es una extensión de la trata de personas que es un delito federal.
Cuando se habla de trata de personas generalmente uno tiene la referencia y se hace alusión sólo a la trata sexual. Y allí también hay un dato curioso, siempre se hablo de la “trata de blancas” porque también hay que tener presente que la trata de negras, la explotación sexual de las personas negras, no era punible y sí lo era la trata de blancas, que estaba referenciada en las inmigraciones de principios del siglo XX o en los prostíbulos de las grandes ciudades. Pero la trata de personas excede la actividad sexual. Por supuesto que interesa pero desde el punto de vista de la competencia del Ministerio de Trabajo nosotros no ponemos el eje allí sino en la trata de personas en general. A nosotros nos interesa la trata de personas cuando esto implica una explotación laboral.

Justamente el último panel del debate fue “Huellas del trabajo esclavo en la Argentina del siglo XXI”.
Nosotros hemos hallado varias de estas situaciones últimas que hemos detectado, que ocurre la paradoja que las actividades rurales ligadas como por ejemplo al desflore de maíz, con altísima rentabilidad y muchas de ellas multinacionales de una envergadura económica enorme, algunas incluso que ofrecen en su página web la muestra de fundaciones que combaten la pobreza en el mundo y tienen, explotan o permiten que se explote y se benefician en todo caso de esa explotación de cientos de miles de personas en la Argentina. Entonces lo que nosotros estamos proponiendo al debate, al análisis, sin escapar a la discusión respecto a la validez o no de cierta terminología como la de la esclavitud. Por eso el tercer panel que se realizó fue la esclavitud en el siglo XXI. Hay quienes creo que con una observación técnica más apropiada hablan que acá no se trata de esclavitud porque esto es una expresión del capitalismo, de la economía de mercado. Y estas referencias que pueden entenderse correctas, que a lo mejor es cuestión de una precisión terminológica o conceptual, lo que no restan es que ha impactado mucho la sensación de la esclavitud en el trabajo en una Argentina como la de hoy que tiene un desarrollo importante de los derechos sociales, de los derechos civiles y los derechos del trabajo, y por lo tanto ha prendido mucho en la gente, en el común de la gente y en el sentido común. Lo que se rechaza en términos estrictamente jurídicos es la reducción a la servidumbre, o de trata de personas en el sentido de explotarla, engañarla para que realicen determinados trabajos.
Cualquiera que hoy escucha la palabra trabajo esclavo inmediatamente identifica uno de estos episodios, el trabajo rural en La Rioja, lo que se le descubrió al diputado Alfredo Olmedo (PRO, de la provincia de Salta) y sus propiedades, o Nidera ligada al desflore de maíz, o lo que sucede con el ajo en las provincias de Cuyo, o lo que ocurre con talleres textiles, de indumentaria o calzado en la Ciudad de Buenos Aires.
Le pagan salarios miserables a gente que a lo mejor trabaja 20 horas por día, o 16 horas, que viven con sus familias en el mismo lugar donde prestan servicio, de forma hacinada, y a los que son extranjeros les retienen el documento para coaccionarlos. Y aun cuando pudiera existir que no haya responsabilidad penal por la tipicidad que exige en derecho penal o una responsabilidad civil, eventualmente hay una responsabilidad social empresaria comprometida, que en términos generales no apunta al cumplimiento de la ley porque la norma la tenemos que cumplir todos, lo cual es elemental y no habría por qué celebrar de manera especial es que una empresa o una persona común cumpliera con la ley.

Gran parte de la jornada tuvo como eje el valor de las palabras y el sentido con que se las emplea.
Hay que tomar conciencia del valor que tienen las palabras como significantes, es decir algunas otras cosas que están detrás de las palabras. La Presidenta (Cristina Fernández de Kirchner) así como el ministro Carlos Tomada han hecho referencia a la toma de conciencia de lo que significa el descalificar como negro al trabajo o al salario, que es un aspecto discriminador, y que tiene que ser erradicado. Y la Presidenta se refirió al trabajo ilegal; nosotros debemos llamar a esto trabajo ilegal.

¿Por qué ahora se habla y están en debate todas estas situaciones de esclavitud y los temas referidos al trabajo ilegal y hace algunos años no? ¿Qué cambió en el país para que esto suceda?
Es un proceso de maduración. En todo proceso uno atiende las cosas de mayor urgencia y después puede empezar a ocuparse de algunas otras cosas, que no significan que sean menos importantes sino que lo masivo está referenciado en otros espacios. Tomada muchas veces recuerda que cuando él asume en el 2003 el Ministerio de Trabajo era un administrador de planes sociales; el interlocutor natural del Ministerio no era el sindicato o la empresa, sino que eran aquellos que venían por los planes jefas y jefes de hogar o algún bolsón de comida. Dinamizar la negociación colectiva, empoderar a las representaciones sindicales, hacer del diálogo social en el ámbito laboral lo común, hoy nadie se sorprende que año tras año, aún en los peores momentos del 2008-2009 con la crisis económica mundial, se siguieron discutiendo paritarias, elevando los salarios. Y nos encontramos con que estas cuestiones se van institucionalizando y continuando, entonces esto nos permite trabajar sobre otros segmentos que hasta este momento no podíamos dedicarnos con el tiempo necesario.
De todas formas el tema de la trata hace mucho tiempo que nos venimos dedicando en el Ministerio de Trabajo. Hace dos años constituimos un observatorio de situaciones de vulnerabilidad en el mundo del trabajo en el marco de un convenio con la facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires para detectar y tener una mayor capacidad de diagnostico para desarrollar programas específicos en todo lo que entendíamos situaciones de vulnerabilidad.

¿Nos puede relatar los episodios violentos que sufrieron los inspectores del Ministerio de Trabajo?
Tenemos unos cuantos que son curiosos porque vemos cómo tienen o no una repercusión mediática. Hace tres años atrás en Chajarí (Entre Ríos) nos dieron vuelta una camioneta con el personal del Ministerio adentro, es decir 4 ó 5 inspectores. Y hace tres meses atrás tuvimos un episodio también en Entre Ríos en el que encerraron en un galpón a varios inspectores nuestros y los amenazaron con prenderlo fuego con ellos adentro. Hubo asimismo personajes como la Federación Agraria de Gualeguaychú, (Alfredo) de Angeli concretamente, que casi hizo una apología del delito en relación a esto y justificó, como ya lo había hecho, la reacción porque era “reacción natural de los productores frente a la persecución de los inspectores”, cuando de lo que se trata es de controlar el cumplimiento de normas legales. Y curiosamente la mayoría de los medios de comunicación más tradicionales no tomaron estas denuncias como tampoco las tomaron en 2003 y 2004 cuando también tuvimos situaciones similares y las comunicamos a todos los medios de prensa.

¿Por qué piensa usted que estas situaciones de esclavitud e infrahumanas existen todavía en la Argentina?
La pobreza es el núcleo duro que está siempre ligado a cada una de estas expresiones. Es en las situaciones de pobreza o pobreza extrema en donde aparece la necesidad de acentuar el trabajo de una familia y por lo tanto en la cosecha trabajan el padre, la madre y los hijos para que se aumente el salario en función de una mayor productividad que está ligado a un mayor esfuerzo. Por eso el gobierno nacional, y el Ministerio tuvo una gran participación, impulsó el año pasado al Congreso un nuevo estatuto del peón rural que se encuentra en la Cámara de Diputados discutiendo en la comisión de legislación del Trabajo. El proyecto, justamente, intenta modificar algunos institutos básicos que son los que generan una mayor vulnerabilidad, por ejemplo el tipo de salario a destajo; lo que buscamos es tratar de asegurarle al trabajador rural por su un salario digno por una jornada legal de trabajo.

Por último, ¿cuál es la situación del trabajo ilegal o no registrado?
Ha habido una reducción enorme en términos generales de la economía en la actividad privada del trabajo no registrado, que nos lleva hoy a una marca del 34 ó 35 por ciento, que no nos satisface porque creemos que falta reducirla, pero de porcentuales que superaban el 50 por ciento hay una diferencia muy grande. Y el otro elemento importante es que hoy de cada 10 nuevos empleos 9 son registrados, lo cual invierte los porcentajes de la década de los ’90 en la que de cada 10 empleos había sólo 1 ó 2 registrados según el período. Por último, otro dato que también es muy ilustrativo es que si esto ha avanzado en la economía en general lo que sucede en el campo, en la actividad agropecuaria, no se corresponde, porque allí tenemos una media de trabajo no registrado superior al 62 por ciento en todo el país. Pero asimismo hay regiones del país o actividades y producciones específicas que sus marcas son del 85 y hasta el 95 por ciento de trabajo no registrado.

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