El trabajo en la era Macri y el nuevo sujeto social

La movilización que unirá a la CGT y los trabajadores informales exhibe el momento económico y laboral actual. Nuevos descamisados y transformaciones en la vieja guardia sindical.
Foto: Caro Costa
Foto: Caro Costa

El próximo viernes 18 de noviembre se realizará una marcha que promete ser de grandes dimensiones. Algunos ya estiman que rondará en 300.000 el número de manifestantes. Convocada por las organizaciones que marcharon el día de San Cayetano -la CCC, Barrios de Pie y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP)-, ya comprometió la presencia de la CGT, la Corriente Federal Sindical y la Federación Agraria, entre otros.

 

La movilización hacia el Congreso de la Nación tiene por objetivo exigir la sanción de la Ley de Emergencia Social que empezaría a discutirse en el Senado este miércoles 16. Una ley gestada en la marcha de San Cayetano que contiene una serie de demandas de los sectores más postergados de la sociedad y propone enfrentar dos problemas, uno producido el último año y otro de más larga data. Por un lado, establece declarar la emergencia social durante un año por el aumento de la desocupación y subocupación (más de 1 millón) y la pérdida del poder adquisitivo de los beneficiarios de subsidios frente a una inflación superior al 40%, de acuerdo a números del INDEC. Por esta situación, la ley propone la creación de un millón de nuevos puestos de trabajo dentro del Programa de Ingreso Social con Trabajo, conocido como el Argentina Trabaja, y el aumento de un 15% mensual en las AUH y Asignación por Embarazo, durante el año que establece la emergencia social.

 

Sin embargo, la mayor novedad está en el capítulo dos de la Ley, con el título “Del Salario Social Complementario y de las instituciones de Economía Popular”. Allí se establece la creación de un Consejo de la Economía Popular, compuesto por miembros del Estado Nacional y representantes de las Organizaciones Sociales de la Economía Popular y Empresas Autogestionadas, inscriptas en el Ministerio de Trabajo. Este consejo deberá crear un registro de todos los trabajadores de la economía popular (RENATREP) y estipular un Salario Social Complementario para estos trabajadores que alcance el Salario Mínimo Vital y Móvil.

“Hoy se estima en cuatro millones los trabajadores de la economía popular, pero seguirá en aumento si continúa la expulsión de trabajadores formales”

La ley propone la institucionalización y medidas concretas para un nuevo tipo de trabajador, el de la economía popular. Significa el reconocimiento social y económico de un actor que viene creciendo desde los márgenes de la sociedad y que ya está adquiriendo una dimensión que exige una respuesta estatal.

 

Hoy se estima en cuatro millones los trabajadores de la economía popular, pero seguirá en aumento si continúa la expulsión de trabajadores formales. Engloba una gran diversidad de empleos, como los cartoneros, campesinos, artesanos, vendedores ambulantes, feriantes, trabajadores de programas sociales, motoqueros, cooperativistas, costureros, trabajador doméstico y de cuidado, microemprendedores y obreros de empresas recuperadas. Todos estos trabajadores no poseen protección legal, no tienen vacaciones ni aguinaldo, la gran mayoría no posee patrón, son trabajos de baja remuneración, precarizados y carecen de un sindicato que los represente.

 

emergencia-socialDe las organizaciones convocantes, hay una que viene articulando distintas experiencias de la economía popular y fue conformada para unificar sus demandas en forma gremial. La CTEP es resultado de la unidad de una gran cantidad de organizaciones sociales y de trabajadores, entre las que se encuentran el Movimiento Evita, el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), La Dignidad, el Movimiento Nacional Campesino Indígena, el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, el M8, Los Pibes, Patria Grande, Seamos Libres, el Encuentro de Organizaciones, la Aníbal Verón, los Misioneros de Francisco y la Carlos Mugica.

 

Se fundó en agosto de 2011, al identificar que el modelo inclusivo y de fomento del consumo llevado adelante por los gobiernos kirchneristas no estaba pudiendo achicar la brecha entre los distintos tipos de trabajadores y no canalizaba todas las demandas de los trabajadores más precarizados, más informales.

 

Pero el planteo de esta nueva organización iba (y va) más a fondo. El nuevo capitalismo globalizado, que nació en la década del setenta, pero que triunfó a nivel mundial con la caída del Muro de Berlín, vino a marcar que la “sociedad salarial” había terminado, como dijera Robert Castel. La concentración económica, la transnacionalización y descentralización de los procesos productivos, el dominio del capital financiero y sobre todo el desarrollo tecnológico, va reemplazando mano de obra por maquinaria y deja cada día a más trabajadores fuera del mercado formal.

 

“Ante esta situación -señala un dirigente nacional de la CTEP- las opciones para una sociedad en la que entren todos son tres: la toma de todas las fábricas, un poco utópica; la reducción de la jornada laboral, algo que se puede discutir en Europa pero acá parece imposible; o el reconocimiento de las demandas de la economía popular. Hoy, teniendo en cuenta el momento y el lugar en el que estamos, el camino es éste”.

“La economía popular, señalan todos los interlocutores de la organización, no es un problema coyuntural, es una realidad que vino para quedarse”

En los Cuadernos de la CTEP -un verdadero manual para la comprensión de la economía popular, escrito por Emilio Pérsico y Juan Grabois- se grafica al actual sistema económico como una economía a tres velocidades. Están los competitivos, transnacionalizados, de alta productividad, que utilizan poca mano de obra con plenos derechos laborales y salarios altos. Luego están las empresas que dependen del mercado interno, sujetos a las políticas económicas, inestables, que emplean gran cantidad de trabajadores, con salarios bajos, a veces precarios, tercerizados, parcialmente registrados. Y, debajo de todo, está la economía popular. “Se trata de emprendimientos individuales o colectivos con mínima tecnología, baja productividad, de ingresos inadecuados para los trabajadores y en muy malas condiciones de labor.”

 

A su vez, en palabras de otro dirigente de la CTEP, “para muchos de nuestros compañeros es la segunda generación de trabajo dentro de la economía popular. Años de aprender y mejorar el oficio, años de organización”. Un ejemplo de esto, es el desarrollo de los cartoneros. Un trabajo que se fue extendiendo y se visibilizó durante la crisis del 2001-2002. Al poco tiempo nació el MTE, que organizó a estos trabajadores, con un fuerte desarrollo en la Ciudad de Buenos Aires. Primero pelearon por el derecho al trabajo como cartoneros, logrando la derogación del edicto de la dictadura militar que impedía la actividad. Luego, fueron por la organización de la logística, por el reconocimiento como servicio público y su estatización, la obra social y el seguro contra accidentes, para culminar alcanzando en 2010 la formalización del sistema de recuperación de residuos.

 

Por estas razones, la economía popular, señalan todos los interlocutores de la organización, no es un problema coyuntural, es una realidad que vino para quedarse. Por eso la CTEP se para como organización gremial y busca integrarse a la CGT como representación de los trabajadores de la economía popular.

«En palabras de Juan Carlos Schmid, uno de los miembros de la conducción cegetista, podría decirse, jugando con la historia, que es la vieja guardia sindical la que está reconociendo estatuto de trabajadores a los que no están agremiados»

El cambio de gobierno le dio un fuerte impulso al desarrollo de la organización. Las medidas económicas de transferencia de ingresos hacia los sectores más concentrados de la economía y la identificación clara del gobierno como contrapuesto a los intereses de los trabajadores facilitaron el acercamiento de distintas expresiones de trabajadores. Primero, con otras organizaciones que expresan las mismas demandas, como la CCC y Barrios de Pie y luego con la CGT.

 

La “salida del aislamiento” defendida por el presidente Mauricio Macri puso en alerta a toda la clase trabajadora del país. Volver al mundo significa abrir las importaciones y desarticular la industria mercadointernista que no puede competir con productos de otras partes del mundo. Este escenario llevó a la nueva conducción de la CGT a dialogar con distintos sectores de la sociedad y a reconocer la existencia de los trabajadores de la economía popular.

 

En este contexto es que se inscribe la frase que puede sintetizar este nuevo emergente. “Los movimientos sociales son los nuevos descamisados”. En palabras de Juan Carlos Schmid, uno de los miembros de la conducción cegetista, podría decirse, jugando con la historia, que es la vieja guardia sindical la que está reconociendo estatuto de trabajadores a los que no están agremiados.

 

Siguiendo con el paralelismo, San Cayetano y ahora la marcha del 18 de noviembre están mostrando al subsuelo de la patria sublevándose. Es el reclamo de los trabajadores sin derechos, que piden reconocimiento, que exigen un salario complementario que les permita el “vivir bien”, como señala el Papa Francisco. Es en la calle, donde se dan las gestas populares, donde se construye la unidad de los trabajadores, donde los nuevos descamisados irán construyendo su 17 de octubre.

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