¿El tiro por la culata del reformismo permanente?

Mientras la reforma previsional se estancaba en el Congreso, Bonadio lanzaba su blitzkrieg judicial. ¿Ayuda al clima deseado por el gobierno o es la tormenta perfecta para la oposición?

La denuncia que el ex fiscal-encubridor de la causa AMIA Natalio Alberto Nisman presentó, días antes de suicidarse, contra CFK y otros por el delito que en realidad él cometía con su gestión a cargo del expediente en que se investiga el atentado, es un disparate jurídico. No sólo porque las alertas rojas siguen vigentes aún hoy, a casi tres años de aquella muerte. Tampoco por lo que dijo sobre el punto el jefe de Interpol al tiempo en que se firmara el Memorandum de Entendimiento Argentina-Irán, Ronald Kenneth Noble, quien no sólo aseguró que la acusación contra la presidenta mandato cumplido es falsa, sino que tanto ella como su equipo hicieron exactamente todo lo contrario a lo que aquel dictamen afirma. Menos porque el instrumento jamás entró en vigencia, ni por la doctrina de actos políticos no sometidos a revisión judicial o porque la lógica indicaría pedir también la captura de todos quienes lo votaron en el Congreso nacional. Engañados, según la inverosímil gambeta que Claudio Bonadio sacó de la galera para zafar de un obstáculo que dejaría vacío medio Poder Legislativo. Es más sencillo de comprender, no requiere de entrar en muchos detalles.

 

Básicamente, Nisman siguió, durante su período al frente de la pesquisa del caso, con apenas matices, idéntica línea de averiguación que sus antecesores en la tarea: el ex juez Juan José Galeano y los ex fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia. La instrucción que éstos llevaron a cabo llegaría a juicio oral en 2003. Y la sentencia en dicho proceso fue la anulación del mismo: el tribunal que la dictó concluyó, lisa y llanamente, que se había inventado una historia falsa.

 

El pacto Argentina-Irán implicó la ruptura de otro, tramado cuando el polvo de los escombros de la voladura no se había evaporado. Que supuso armar un relato que ocultara la verdad de los hechos. Se trata de una pieza importantísima en las agendas de las derechas norteamericana e israelí, que intentan instituir al mundo árabe que no se les subordina en enemigo universal. Sólo hay que revisar un poco entre los auspiciantes de los viajes que Nisman hacía alrededor del mundo, mientras debía trabajar, para dar conferencias acerca de terrorismo. Ése es el verdadero encubrimiento, que también está a esta hora en fase de juicio oral. No se puede asegurar con exactitud qué sucedió con la AMIA, pero sí que no ocurrió: todo lo que acusaba el ex esposo de Sandra Arroyo Salgado. Si una versión del episodio es encubrimiento, no puede serlo al mismo tiempo la otra, que lo impugna de raíz. Más allá de los errores que, debe aceptarse, cometió Cistina Fernández en su decisión de meterse a cruzar intereses geopolíticos ajenos poderosísimos. Que complican los propios, claro.

 

***

 

Durante la tarde del miércoles, en los pasillos del Congreso corría cada vez más fuerte el rumor de que la reforma previsional, que va atada a la fiscal, estaba a punto de empantanarse en la Cámara de Diputados. De mínima, parecía a punto de volver al Senado con modificaciones. Pronóstico incierto. Esperable: aquí publicamos, ese mismo día, que el armado legislativo de los gobernadores en la cámara baja resultó finalmente menos robusto de lo que ambicionaban. Algo similar sucedió en el otro recinto: Miguel Ángel Pichetto no logró congregar a todo el no-cristinismo que capitaneó hasta el regreso de la líder de Unidad Ciudadana a la cámara alta. Apenas rasguña un empate de recursos con el bloque de Cambiemos allí. Con lo que el peronismo resigna, por primera vez en tres décadas de democracia recuperada, la mayoría. La reforma laboral ya había pasado a mejor vida, gracias a los servicios prestados por Pablo Moyano. Así las cosas, todo el paquete de ajuste está a punto de caerse. Más por el esfuerzo de los de abajo que por la destreza de los de arriba, que no vienen acertando en reflejar adecuadamente la mayoría social antimacrista en la institucionalidad. Alguien escribió en Twitter que los recortes en las jubilaciones están “a un arresto de aprobarse”.

 

¿Qué habrá motivado el pedido de desafuero de CFK? ¿El bache en que está atascado el programa CEOcrático pese al triunfo reciente de Mauricio Macri? ¿Estarán operando EEUU e Israel en su avanzada anti-árabe? ¿Acaso el justicialismo no-K procura disciplinar así al sector que, sostiene, le impide renovarse? Ya poco importa. Por lo que sea, espacios no enrolados con la senadora electa decidieron tomarlo como una amenaza también a ellos. A quien sea que se oponga al cambio. Hace bien, pues, UC, en argumentar que esto no es sólo contra ellos: así tiende lazos con otros. La angurria engendró un motivo de unificación que hasta ahora no había: la defensa del Estado de Derecho, que se juzga amenazado. Es novedad. ¿Durará?

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