, ,

“El terrorismo de Estado es directamente proporcional al poder popular”

Entrevista a Camilo Ratti, biógrafo del general Menéndez, máximo represor del interior del país, que explica las feroces internas de la Junta Militar, las relaciones con el poder económico y los discursos actuales de las nuevas derechas. Por Lea Ross

Trece condenas a cadena perpetua debe ser único en el mundo. Eso fue lo que recibió, en sus últimos diez años de vida, Luciano Benjamín Menéndez (1927-2018), considerado como el máximo represor que tuvo la Argentina del interior, al estar a cargo del Tercer Cuerpo del Ejército en plena dictadura. Y, por ende, principal capataz de los principales centros clandestinos de detención del centro-norte del país, incluyendo La Perla, el más grande del interior.

Camilo Ratti es el autor del libro Cachorro: Vida y muertes de Luciano Benjamín Menéndez (2013, Editorial Raíz de Dos), una biografía de aquel general que encarnó el ala más dura de los “milicos” en los años setenta. Entre sus revelaciones se encuentra sus intentos por forjar un golpe institucional en 1979 contra el jefe del ejército de ese entonces, Roberto Viola, bajo el mando del presidente de facto Jorge Rafael Videla. Al ser detectado por información interna, fue encarcelado pero puesto en libertad a los nueve meses, en parte por el prestigio que ha tenido en los ámbitos militares.

En esta entrevista para Zoom, Ratti desarrolla las raíces de esa polarización interna militar y cómo se traslada a las discusiones actuales.

Una de las mayores revelaciones de tu libro fue el frustrado intento que tuvo Menéndez por generar una sublevación en 1979 en contra del tándem Videla-Viola. ¿Cómo se explicaría que haya existido esa interna feroz entre militares?

Lo que ocurre es que, en aquella época, comenzaba a mellar la cuestión de los Derechos Humanos. Aparecen las Madres de Plaza de Mayo y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos llega al país en septiembre de ese año. Menéndez es muy crítico de Videla y Viola por haber permitido que ese organismo venga a nuestro país. La Comisión hace un informe muy duro y empieza a resquebrajarse la impunidad, que en ese entonces se mostraba como monolítica, sin quejas internas. Incluso, algunos sobrevivientes de La Perla ya estaban declarando en las Naciones Unidas. Menéndez, junto con [Carlos] Suárez Mason [comandante del Primer Cuerpo del Ejército en ese entonces], son críticos de lo que ellos consideraron una postura “blanda” hacia la política exterior. También comenzaba a presionar la gestión [presidencial de James] Carter en Estados Unidos, porque la mirada “yanqui” apuntaba a que toda revolución popular y socialista estaba totalmente aniquilada. Entonces, como la Dictadura no estaba cumpliendo con las expectativas, Menéndez empieza a mostrarse como una voz del interior, sostenida por la Fundación Mediterránea, que es el grupo económico de Córdoba. Yo lo entrevisté a su primo, Mario Benjamín Menéndez, y él me contó que FIAT y [la familia] Astori son los que le calentaron la cabeza contra la gestión de [José] Martínez de Hoz [ministro de Economía de ese entonces] para estar en contra de una mirada centralista y especulativa, porque habían destruido la matriz productiva y acrecentado el desempleo. Entonces, aún cuando lo sacan del Ejército por intentar esa sublevación, él seguía siendo muy respetado desde adentro; de hecho era muy útil para Videla, porque funcionaba como un “tapón político” contra las acciones de [Emilio] Massera.

¿Y cómo fue su trayecto luego de su expulsión de las fuerzas en 1980?

Cuando se lo sacan de encima a Menéndez, y él al ver que no puede llegar a ser el sustituto de Videla, se empieza a ilusionar de la mano de este sector civil económico con un perfil más productivista. El propio Mario Benjamín me señalaba que era muy crítico del “festival de importaciones”, pero siempre desde una mirada liberal. Menéndez era un fascista desde lo militar, pero liberal en lo económico como Videla. Después de cuatro años, empieza a haber problemas, incluyendo el primer paro de la CGT. En 1981, Menéndez funda el Movimiento de Acción por la Soberanía (MAS), en donde pensaba que podía ser una carta para estos sectores económicos para gobernar Córdoba. Después se desmadra todo con Malvinas, porque la Dictadura hace agua por todos lados.

Pero en tu libro, también señalas que tuvo influencia las frustradas presiones de Menéndez para que Videla declarara la guerra contra Chile de Pinochet, durante el conflicto de Beagle.

Eso es central. Él es muy crítico de la decisión de Videla de frenar la guerra. Videla era un cuadro más político: sabía que Estados Unidos no lo iba a apoyar, porque no le convenía a nivel geopolítico que se pelearan dos de sus aliados. Menéndez tenía un sentimiento anti-chileno y consideraba que el Ejército Argentino era invencible, a pesar de que nunca tuvo un enfrentamiento desde la Independencia, salvo las campañas de Julio Argentino Roca para eliminar pueblos originarios. Sí consideraba que cada tanto Argentina necesitaba un conflicto para construir el ser nacional.

En tu libro, decís que “Menéndez insistía en la eliminación de los trabajadores como factor de poder. Su ‘sindicalismo de servicios’ no era otra cosa que la agremiación por empresa, el modelo que la FIAT -aliados incondicionales del retirado general-, había promovido en la Argentina para impedir la participación de los trabajadores en el reparto de la riqueza nacional”. Parece haber un eco a uno de los fragmentos de la reforma laboral de Milei, ¿no?

De hecho, él también se oponía a los convenios colectivos. Él quería eliminar las herramientas que los trabajadores usan no solo para defender sus derechos en lo reivindicativo, sino también para ejercer como actores políticos. Menéndez se enfrentó a un sindicalismo más combativo, honesto y que buscaba la trasformación social. En democracia, vimos una degradación del sindicalismo, como así también del resto de las organizaciones políticas. Cuando se aprobó la reforma laboral, yo decía que eso lo había propuesto Menéndez en 1981. El objetivo central de la Dictadura no era ir contra las organizaciones armadas, sino contra toda organización de carácter popular. Si vos propones un sindicalismo por empresa, como lo quería la FIAT, imagínate qué proyecto podía tener un solo trabajador con su sindicato, frente a una empresa trasnacional. Incluso, Juan Alemann, que fue el secretario de Hacienda de Martínez de Hoz, dijo que una deuda pendiente de la Dictadura fue que no pudieron terminar con los sindicatos.

¿Por qué crees que en la Dictadura no se pudo y ahora sí?

Porque la organización popular en los años 70 en la Argentina no existía en otro país de América Latina: tenía mayor sindicalización, un movimiento muy poderoso y algunas organizaciones armadas dispuestas a tomar el poder. Si sumas todos esos sectores, ese fue el objetivo: destruir todas las organizaciones populares. No solo las organizaciones armadas-militares, como dice Agustín Laje. Y para lograrlo, tuvieron que recurrir a un nivel represivo atroz. El terrorismo de Estado es directamente proporcional al poder popular construido hasta 1975. Hoy, frente a una debilidad de las fuerzas políticas populares, la fragmentación y la falta de legitimidad genera mucha facilidad al gobierno de Milei.

Por último: ¿qué explicación encontrás para la guerra contra el comunismo que pregonaba Menéndez en aquellos años hoy se asemeje a lo que dicen las juventudes apegadas a las nuevas derechas?

Me parece que hay una falta de conocimiento de nuestra historia política. Estas juventudes nacieron en democracia, no saben lo que pasó. Y hubo un déficit de pensar de qué manera podemos explicar lo que pasó hace cincuenta años, que para ellos es un montón. La manera de consumir información en dispositivos, donde todo está fragmentado, en un presente continuo donde lo ayer parece viejo, implica dar una apuesta fuerte sobre por qué surge la violencia política en Argentina. Las organizaciones revolucionarias surgieron porque las Fuerzas Armadas conspiraron contra una democracia mediante golpes de Estado. Aquella violencia surge por la violencia de las Fuerzas Armadas durante cincuenta años, desde 1930 hasta los 70. Agustín Laje y Nicolás Márquez se aprovechan de ciertas acciones guerrilleras equivocadas o frustradas para construir una idea de guerra que no existió. El propio general [Fernando] Santiago, quien fue el segundo de Menéndez, me lo confesó: esto no fue una guerra, fue una cacería. Hay que volver a explicar lo que pasó en la Dictadura.

Esta entrevista se realizó en el contexto de la paulatina identificación, mediante el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, de la identidad de doce cuerpos encontrados el año pasado en un campo cercano a La Perla. Hasta ahora, las personas identificadas fueron personas desaparecidas por las fuerzas militares. “Yo creo que, con esta noticia reciente, es una posibilidad de que para esas personas que no conocen el pasado puedan hacerlo”, comenta el biógrafo del máximo responsable de esas desapariciones y asesinatos.

Compartí el artículo