El tenso paso por Buenos Aires del enviado del diablo

Pocas horas antes de recibir al Director Gerente del FMI Rodrigo Rato, el Presidente Néstor Kirchner eligió el humor para dar la bienvenida a las autoridades de la Iglesia Católica y para dar cuenta de cómo recibiría al economista. «Tengo el honor de recibirlos a ustedes que son los emisarios de Dios, porque después viene el enviado del diablo», bromeó Kirchner, al recibir a los obispos de la Conferencia Episcopal Argentina. Luego sería certero: «Ni lo piense, ni lo sueñe», le contestó Kirchner a Rato, cuando escuchó el reclamo para que la Argentina cumpla un superávit fiscal de 4 o 5 por ciento para el 2005 y 2006, y ratificó que no se moverá de la pauta actual del 3 por ciento. Aunque la sabiduría popular recuerda que perro que ladra no muerde, hace muchos años que el FMI no se tropezaba con un mandatario tan arisco a cumplir con sus recetas, aunque la dureza ocurre mientras los últimos vencimientos han sido pagados en tiempo y forma con reservas.

Por Causa Popular

Rodrigo Rato llegó a Buenos Aires a repetir sus fórmulas igual o mucho peor de cómo ya lo venía advirtiendo desde el exterior, pero esta vez tuvo que decirlas de forma muy entrecortada porque los incidentes que estaban ocurriendo en la Plaza de Mayo muchas veces lo obligaron a interrumpir su oratoria.

El ministro de Economía Roberto Lavagna y Rato se vieron las caras tres veces durante la corta estadía del economista español en Buenos Aires: un primer encuentro a solas, un almuerzo compartido con Prat Gay y luego la reunión con el presidente Néstor Kirchner, y aunque el balance que hacían esa tarde en el Palacio de Hacienda era positivo, todos comentaron que si bien las autoridades del FMI no hicieron comentarios respecto de los incidentes que en ese mismo momento protagonizaban piqueteros y militantes de la agrupación Quebracho en la Plaza de Mayo, el malestar era evidente e incluso lamentaron que el ruido ambiente de la protesta impidiera desarrollar el diálogo con normalidad, ya que el Salón Padilla del Ministerio de Economía da a la calle.

En la última reunión, donde estuvo el Presidente, Rato se mostró sensiblemente incómodo luego de una estadía de 7 horas marcada por repudios, escraches y corridas en Plaza de Mayo que según fuentes consultadas por Causa Popular, provocaron “una clima amargo para la misión del Fondo: parecía que habían llegado a Buenos Aires acosados por un desprecio general y las explosiones que se escuchaban desde la Plaza asustaron a todos los técnicos que deambulaban con Rato por todos lados”.

El mal humor que Rato acuñó en las pocas horas de visita porteña fueron coronados por las respuestas de Kirchner. «Ni lo piense, ni lo sueñe», le contestó el presidente a Rato, cuando escuchó el reclamo para que la Argentina cumpla un superávit fiscal de 4 o 5 por ciento para el 2005 y 2006, y ratificó que no se moverá de la pauta actual del 3 por ciento, según comentaron fuentes de la Casa Rosada quienes dieron la versión oficial del cónclave.

El jefe de Estado también desechó el pedido del director gerente del Fondo para que la Argentina mejore el plan de reestructuración de la deuda para los tenedores de bonos en default, en virtud del excedente que están mostrando las cuentas fiscales y que superan las proyecciones iniciales.
Kirchner pidió que el FMI no intervenga en la negociación de la Argentina con sus acreedores privados («creo que no es la función del Fondo defenderlos«, manifestó) y le aseguró que «dentro de los porcentajes ya planteados -de quita de la deuda del 75 por ciento- se buscará el mejor acuerdo».

El primer mandatario también descartó que la Argentina pueda realizar un pago inicial en efectivo a los tenedores de bonos defaulteados, según confiaron voceros oficiales, al término del encuentro de 50 minutos que Kirchner y Rato mantuvieron en el despacho presidencial de la Casa Rosada.

En el encuentro participaron algunos de los peores escuderos del Fondo en los últimos años. Estuvieron el subsecretario para el Hemisferio Occidental del FMI, el indio Anoop Singh, junto al vocero del organismo, Thomas Dawson frente al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, y el representante argentino en el Fondo, Héctor Torres.

El Gobierno calificó de «tensa pero positiva» la audiencia con el jefe del FMI, donde el primer mandatario pidió la postergación de vencimientos por 1.000 millones de dólares que el país debe pagar este año al organismo de crédito multilateral.

Kirchner confirmó que la Argentina abonará los 1.400 millones de dólares que vencen hasta enero próximo, dentro del acuerdo financiero vigente, pero transmitió su esperanza de que los 1.000 millones restantes «no sean exigidos» durante el resto del año.

El titular del FMI aprovechó su breve paso por Buenos Aires para insistir en su reclamo para la aprobación de la nueva ley de coparticipación federal, que deberá plantear el nuevo esquema de distribución de fondos entre la Nación y las provincias.

Ante esta inquietud, Kirchner preguntó el motivo de la urgencia para la sanción de esta norma cuando, según argumentó, «es la Nación el garante del acuerdo (con el FMI) y las provincias muestran superávit fiscal», según relataron voceros de la Casa Rosada.

Con un atildado lenguaje y siempre dentro de un estricto tono diplomático, el director gerente del FMI no tuvo empacho en remarcar un rosario de reclamos para que el Gobierno Nacional instrumente una serie de medidas económicas que desembocarían en peores condiciones para los trabajadores argentinos, aunque la prensa nacional (salvo honrosas excepciones) sólo se animó a decir que Rato “se mantuvo firme a la hora de plantear las exigencias de la comunidad financiera internacional.”

En ese sentido, De Rato expresó que «hay dos componentes particularmente importantes y que están interrelacionados: la conclusión de una reestructuración integral y sostenible de la deuda soberana de la Argentina frente a los acreedores y la adopción de un marco fiscal propicio a mediano plazo».

Sobre esto, el directivo del FMI puntualizó que «una prioridad fundamental en materia de políticas debe ser salvaguardar y aprovechar los resultados positivos obtenidos y esperamos que el marco presupuestario para 2005 y el mediano plazo sea congruente con la solidez de estos resultados».

En pocas palabras, el equipo del Fondo se tomó 7 horas para machacar una y otra vez que ante el incremento de la recaudación en un 82 por ciento durante el último semestre, el Estado Argentino debe utilizar el excedente para pagar la deuda al Fondo y para mejorar la oferta a los acreedores privados.

Argentina lleva 31 meses de default y su deuda junto a Brasil y Turquía totalizan dos tercios de la cartera total de créditos del FMI. Aunque varios analistas se atreven a decir que esta es razón suficiente para que el país se alarme, lo cierto es que es el staff del fondo el más alarmado ante la posibilidad de que el caso argentino entrara en una segunda cesación de pagos, pero esta vez con el FMI, organismo que hasta ahora ha considerado como acreedor privilegiado y cuyos vencimientos el Estado está pagando con sus propias reservas.

Poco importó a la misión las magras condiciones sociales por las que atraviesan dos tercios de la población y las inhumanas condiciones a las que están sometidos buena parte de la población económicamente activa.

Ante los amargos datos con los que cuenta el Fondo de mano propia sobre la situación social y a pesar del escándalo que hace la prensa extranjera cuando ve desocupados con palos y capuchas el ex ministro español y ahora titular del Fondo dijo que «conocía las dificultades sociales», aunque también destacó que «veía una recuperación económica».

Luego una jornada marcada por medidas de repudio popular que desembocaron en 100 detenidos a causa de los enfrentamientos con la policía en la Plaza de Mayo, cabe preguntarse si para la próxima vez no habrá oportunidad de reemplazar los desaciertos por masivas movilizaciones que le impidan a las misiones del Fondo hablar cínica y elípticamente del sufrimiento de nuestro pueblo.

Quien sabe. Si esta vez hicieron tanto alarde por algunas corridas y piedrazos, ¿Qué podrían llegar a decir si todas las partes del campo popular se organizan y se movilizan masiva y pacíficamente para no dejarlos salir ni siquiera del aeropuerto?.

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