El «sembrador de conciencias» lleva 40 años sin pisar esta tierra, y cada vez está más cerca que nunca

Cuba y Bolivia encabezaron este lunes 8 de octubre los homenajes latinoamericanos a la memoria del guerrillero Ernesto «Che» Guevara, asesinado cobardemente hace 40 años en una tierra que hoy se está emancipando y a quien Fidel Castro, calificó de y «sembrador de conciencias». «Hago un alto en el combate diario para inclinar mi frente, con respeto y gratitud, ante el combatiente excepcional que cayó un 8 de octubre hace 40 años», escribió Fidel en un artículo publicado en primera página del diario oficial «Granma».

En el acto de Santa Clara, al que asistieron unas 10.000 personas, el histórico comandante Ramiro Valdés pidió a sus compatriotas secundar el debate abierto por el presidente interino de Cuba, Raúl Castro, que encabezó el acto, para enriquecer el socialismo y mantener a raya al imperialismo.

La hija del «Che», Aleida Guevara March, dijo allí que América Latina empieza a despertar y se cumplen los sueños de su padre.

Ernesto Guevara de la Serna, conoció a Fidel y Raúl Castro en México en 1955 y se sumó a la expedición armada que se alzó en las montañas de la Sierra Maestra para derrocar al dictador Fulgencio Batista.

El sueño de Guevara de una revolución continental le llevó en 1966 a Bolivia, donde tras once meses de campaña y siete de combates, el 8 de octubre de 1967 fue detenido por el Ejército boliviano en la quebrada del Churo y fue cobardemente asesinado un día después en la aldea de La Higuera, en el sureste montañoso y selvático de ese país.

Sus restos fueron sepultados en secreto en el pueblo boliviano de Vallegrande y rescatados en 1997 por expertos cubanos y argentinos que los devolvieron a Cuba, donde reposan en el Mausoleo de Santa Clara.

De los sueños a la realidad

Los cambios políticos que se registran en América Latina vuelven «realidad los sueños» de Ernesto «Che» Guevara y de los que cayeron a su lado, afirmó su hija Aleida, presente en el acto central por los 40 años de la muerte del guerrillero argentino en Bolivia. «Hoy, que América Latina comienza a despertar, se hacen realidad los sueños de todos ellos juntos», dijo Aleida al visitar la tumba que guarda desde 1997 los restos de su padre y otros 30 integrantes de la guerrilla, en el Mausoleo Che Guevara en Santa Clara, 270 kilómetros al este de la capital cubana.

«Tenemos que estar presentes y más unidos que nunca, ése es el mejor homenaje a nuestros padres y a nuestros héroes queridos», añadió la hija del Che -pediatra, de 46 años- quien participó junto a su madre Aleida March, viuda de Guevara, y sus hermanos Camilo, Ernesto y Celia del tributo al revolucionario.

Raúl Castro, al frente del gobierno interino desde hace más de 14 meses por la crisis de salud de la que convalece Fidel Castro, presidió el homenaje en Santa Clara, escenario además de una crucial batalla que comandó Guevara en diciembre de 1958 que dio un golpe decisivo al moribundo régimen de Fulgencio Bastista.

Salen a luz las historias no contadas del Che

En medio de uno de los homenajes continentales más sentidos en toda la historia, el Che siguió revelando muchos de sus costados menos conocidos. Así fue que se conocieron dos crónicas inéditas sobre la ciudad de Cuzco, en Perú, y las ruinas mayas de Palenque, en México. El sitio Cubasí, compartió con su público «El solar del vencedor» y «Palenque», dos textos literarios inéditos que se publican ahora con autorización del Centro de Estudios Che Guevara, que encabeza la segunda esposa de Guevara, Aleida March.

“Los motivos escultóricos palencanos son más humanos que los de los aztecas o toltecas y en general se ven figuras humanas de cuerpo entero en hechos históricos o rituales mezclados con la representación de los dioses más importantes de sus olimpos, que son el del Sol, la Luna, Venus, el agua, etcétera», asegura Guevara en una de sus crónicas. Sobre la histórica ciudad peruana, señala que «sin que ningún cataclismo marcara su transición, la brillante capital inca pasó a ser lo que hoy es, una
reliquia de tiempos idos. Recién ahora, alguna que otra construcción moderna se alza para desentonar en el conjunto edilicio, pero todos los monumentos del esplendor colonial se mantienen intactos»,
añade.

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