El Ronald Reagan y las meretrices porteñas de la joya del pacifico

Por José Vales
El Universal de México

Valparaíso (Chile)- Como todo puerto que se precie, tiene su espacio para el pecado, su rincón turbio y un sinnúmero de historias de esas que aún no fueron contadas en la literatura de la marginalidad. Pero nunca antes Valparaíso y su “barrio Chino”, el puerto más importante de Chile y su “calle” del “pecado”, habían vivido una fiesta o un revuelo semejante por la llegada de un legión de marineros que poco tienen que ver con el viejo Sir Francis Drake cuando navegó las costas chilenas allá por la segunda mitad del siglo XIX

Son cuatro días en los que los prostíbulos porteños no dan abasto. Tampoco los de la elegante y muy turística Viña del Mar y todo por la llegada del portaviones estadounidense Ronald Reagan y su tripulación de 4,9 mil hombres y 650 mujeres que desde la mañana del viernes y hasta mañana se encuentran disfrutando de su primera escala en los últimos dos meses desde que partieron de Estados Unidos.
El más moderno y poderoso portaviones, dotado con la más moderna tecnología y con su altura semejante a la de un edificio de 28 pisos es la atracción turística de los chilenos.

Pero las meretrices chilenas y el grupo de argentinas, brasileñas y hasta bolivianas importadas para atender la demanda de los urgidos miembros de la U.S. Navy, convulsionaron la noche porteña y acaparan la atención de todo Chile.

Una larga recorrida por las calles calientes del puerto, mostraron un clima diferente al habitual. Trabajadoras sexuales, dueños de bares, discotecas y prostíbulos en su versión chilena (“Hotel Grill”) y hasta los más veteranos travestís porteños se dejaban ver de parabienes. En cambio los Carabineros, duplicados en cantidad ante el acontecimiento turístico-sexual, patrullaban a desgano y con rostro adusto – y hasta con un dejo de envidia, tal vez- las calles Cochrane, Blanco y aledaños, para garantizar la paz, la tranquilidad y el placer sin sobresaltos de los marineros estadounidenses en mejores condiciones que sus camaradas en Irak.

“Hacía dos meses casi, que no tocábamos tierra. Y hoy estamos disfrutando de la bebida, de la música y de estas mujeres esplendidas y cariñosas. Bailan para nosotros, nos dan muestras de cariño y ahora viene lo mejor… Cant You viu live’t?”(¿Puedes creerlo?)”, explicaba Ralph, suboficial de la U.S, Navy, de riguroso civil como el resto de los licenciados, mientras su compañero Charlie quedaba atrapado en la parte trasera de un taxi por Cinthya, por los proyectiles cariñosos de una fusilera de fuste. Ella, una atractiva chilena de la ciudad de Valdivia, se tomó un respiro para responderle por la ventanilla a
El Universal: “estudio en Valparaíso y estos me van a salvar un mes de estudios…”

Cinthya seguía con sus arrumacos escénicos y haciendo cuentas de los dólares que se alzaría al amanecer, mientras el Scandinavian, el Hotel-Grill más selecto del puerto, conmemoraba una de sus noches más gloriosas.
Como el resto de los prostíbulos la bandera de barras y estrellas lucía en la puerta, flamante como si fuera un 4 de julio más y aquí se lo festejara como en Port Everglade en La Florida.

Pero en cambio para Lorena, una argentina reclutada en la ciudad de Mendoza para asistir a la dotación de Valparaíso, sí. Ella celebraba su propio “Independence Day”. “Al menos pude liberarme de mis patrones por unos días. Acá nos han tratado muy bien y en estos cuatro días espero volverme con 800 dólares. Mucho dinero ahora que en Argentina el dólar está tan caro”.

Y el “Tercer Sexo” también

Doña Gabriela, atiende el quiosco de la calle Blanco como de costumbre desde hace más de 20 años. El viernes se quedó hasta las seis como nunca antes lo había hecho porque “es un día especial”. No todos los días “llegan estos yonis dispuestos a gastar más de la cuenta”, dice y acepta convertirse en una especie de lazarillo para este corresponsal.

“Allá teneí el California, podeí hablar con el Jimmy que es el dueño. En el Flamingo Bar las chicas son muy buenas y si no en el Kennys. Aquél de allá enfrente no. No vai a encontrar porque es pa’los del tercer sexo”, explica y guía doña Gabriela.

El lugar predilecto para la gente del “tercer sexo” es el “Klandestino”, al que al menos este corresponsal, prefirió observar el show desde fuera y a través de los ventanales. Pero el Show se extendió, como de costumbre, en la avenida Errázuriz, la que costea los docks portuarios y donde “Cristine” y sus compañeras, llegan a la madrugada con ganas de lucir sus bondades.

“Je sui la reine du port, mon cherie”, (“Yo soy la reina del puerto”), jura en un grito con el mismo timbre de voz de Placido Domingo. “Estoy esperando a los The Boys. Me los voy a comer con gusto y nunca se van olvidar de la noche que los voy a hacer pasar”, sigue jurando Cristine, mientras posa para la foto con aires de diva. Cristine dice haber nacido con el nombre de Pedro Pablo, pero la Reina que habitaba en ella pudo más y allí está patrullando el puerto desde hace 12 años.

Su compañera Karina pregunta: “¿Dónde están los marineros, po? Diles que vengan que conmigo les va a ir mejor que en Bagdad, mi vida”. Hasta las cinco de la mañana, cuando la copiosa niebla ordenaba una prudente retirada, ningún miembro de la U.S. Navy, había intentado un desembarco en la lúgubre esquina de Las Heras y Errázuriz.

De fiestas, guerras y otras pasiones

Para “la fiesta” de Valparaíso, las autoridades tomaron todos los recaudos, incluso los contables. Distribuyeron condones de a miles, entregaron un instructivo con las calles más peligrosas que la comandancia repartió entre la tropa y calcularon que en esos cuatro días los insignes visitantes gastarían alrededor de 120 mil dólares.

Pero el Jimmy, al que se llega recomendado por Doña Gabriela, no estaba del todo feliz. “Bajan en grupos de a 600 y durante el día van a Santiago, visitan La Moneda (Palacio presidencial), se van a Viña, o a conocer las bodegas. Pero bueno, los que entran beben como cosacos y no tienen problema en meter la mano en el bolsillo”, sintetiza “el jefe” del California. El cabaret decano de Valparaíso.

Otros miembros de la U.S. Navy aprovecharon el día para esquiar en los centros invernales cercanos a Santiago, como “El Colorado” o “Valle Nevado”, pero para muchos de ellos, la noche tiene cara de mujer.

Allá en Viña del Mar, también aprovecharon los “Shows girls”. Santiago, un ex boxeador que suele pasar el rato en el kiosco de Doña Gabriela, acababa de llegar de allí y no muy contento”. “entrai a un putero y todas las mujeres están con ello. Es como si le olfatearan el bolsillo, po”, se queja.

Pero no todos están contentos. El cardenal Jorge Medina, obispo de Valparaíso se quejo por que la llegada del Portaviones “fue presentada como una gran feria de la prostitución y de la lujuria” y no se destacó “las otras riquezas de Valparaíso”.

Pedro, es oficial afectado al Ronald Reagan y puertorriqueño. Acaba extenuado de salir del Scandinavian y dice haberla “pasado muy bien”. Es la hora de regresar a la nave con el sentimiento explícito de haber cometido “una falta” Es que sus superiores le habían dicho que varios buses los trasladarían a Viña del Mar porque “es más segura” que Valparaíso, “Pero yo y varios de mis compañeros decidimos quedarnos aquí y mañana visitaremos a las chicas de esa ciudad”, tal vez por conocer el encanto de lo prohibido.

Cuando el silencio comenzaba a ganar la partida por cansancio en “La Calle”, Marita e Samantha, dos de las más atractivas “celebridades” del Kenny’s, confesaban que “no son tan buenos amantes como creíamos, pero gastaron lo suficiente”.

Samantha, por lo visto más cinéfila o adicta a la historia del belicismo, lo sintetizó mejor que nadie: “Espero que sean unos ases en la guerra de los mares porque si se comportan como lo hicieron con nosotras, la batalla de Pearl Harbor puede terminar siendo un juego de niños”.

FIN

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