El romance del Mauricio y la Lilita

El director de la Biblioteca Nacional y referente de Carta Abierta describe la obsesión nacional por los atajos. Un proceso de fusión entre una Coalición Cívica y un PRO «que buscan su pata peronista y que también se buscan entre sí» es vislumbrado como posible por el sociólogo, profesor universitario y prolífico autor de ensayos que despabilaron a varias generaciones de argentinos.

«La Coalición Cívica y el macrismo están en un proceso de fusión. Ambos buscan su pata peronista y el peronismo conservador los busca a ellos. La decrepitud de las fuerzas políticas argentinas hace que todos se busquen, de lo que da cuenta la misma idea de pata peronista, que es una idea nueva, de la última década», señaló Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, en una entrevista concedida en el Bar Británico de Parque Lezama, al sur de San Telmo.

«Lo que antes era el lenguaje de las alas del movimiento, se ha reducido a patas», dijo socarrón González, uno de los principales referentes de Carta Abierta, el asambleario «think thank» de intelectuales críticos kirchneristas (o kirchneristas críticos) surgido como reacción a los embates «destituyentes» (término acuñado por Carta Abierta) de la Mesa de Enlace gauchócrata so pretexto de su rechazo a las retenciones a las exportaciones de soja.

Los discursos de cívicos y macristas, apuntó González, son en gran medida intercambiables. «Son oratorias políticas absorbibles, acomodables como un puzzle, como un rasti. El macrismo tiene ese imán, y el aparato justicialista remanente quiere seguir siendo mandado por alguien… algo que la Carrió tardó mucho en descubrir, que descubrió hace muy poco, pero que finalmente descubrió», agregó en alusión velada aunque inconfundible a Elisa Carrió, que hace rato cambió el carril de la izquierda por el de la derecha, el pelo desgreñado por el peinado de Llongueras, y la cruz tipo Rasputín por los collares de perlas al gusto de las señoras gordas de la avenida Santa Fe, donde vive.

Carrió acaba de participar en un cónclave de peronistas antikirchneristas en el icónico restorán El General e intenta denodadamente hacer pie en barriadas tan peronistas como Moreno.

Respecto al peronismo antikirchnerista, González recordó que una parte del pejota porteño «ya estaba con Macri, quien concibe que la política clásica, la de Perón, ha dejado de existir, y que apela a la capacidad mimética y de adosamiento con el poder existente que el peronismo siempre tuvo».

Para estos peronistas residuales –señaló– «el 60 por ciento de votos que tuvo Macri no sólo no pueden ser pasados por alto, sino que también hacen al macrismo como familiar, del mismo modo que hay figuras del justicialismo que ven familiar el poder sojero». Esto sucede porque «el justicialismo real es un sistema de incorporación a las ideologías prexistentes o forjadas del modo que sea”, estimó.

Adecuarse a lo que venga, agregó, es para ese peronismo, “habilidad política».

El final de un ciclo

González advirtió que «estamos en el final de un ciclo que es necesario pensar» y señaló que «las historias de Macri y de Carrió no son tan diferentes”.

“Macri inicia su ciclo en Boca y Carrió, cuando corta con (Raúl) Alfonsín, época en que tanto el peronismo como el radicalismo apenas son patas”. La de las patas, agregó, es “una buena metáfora para describir cuán inertes se hallan los partidos peronista y radical. Y cuán alejado está el PJ en esta era de ‘patas’ de los orígenes peronistas, la era de ‘las patas en las fuentes'», añadió.

En cuanto a Macri, dijo González, encarna «algo diferente, distinto».

«Es un empresario de una familia contratista del Estado en varias áreas. Con un paso previo por Boca, una entidad barrial, social, popular, que genera una economía paralela muy fuerte, una economía que él volvió aún más empresarial», describió.

En referencia a su adscripción a Boca, dijo que Macri «no está asociado a los contenidos populares de Boca», pero que ello no le impidió dirigir lo que se reveló como «un ente simbólico con distintas tolerancias gerenciales», fiel exponente de «un fútbol que es una avanzada en el gerenciamiento global de símbolos».

Macri, siguió diciendo, «ni siquiera está interesado en la Historia de Boca, que conoce por encima y por obligación. Es evidente que no le interesa difundir que Boca fue fundado por inmigrantes genoveses, un tipo de inmigración muy diferente a la de su familia, ni difundir las formaciones históricas del club”.

“Y sin embargo –destacó– Macri no fue rechazado por los simpatizantes de Boca».

Por el contrario, señaló, «los que fracasaron en Boca fueron los politizantes, los que tenían inscripciones peronistas, radicales o de izquierda».

González reflexionó que la idea que el actual jefe de la Ciudad tenía de lo popular son «las hinchadas rehechas por la televisión», aunque agregó que «Boca es un fenómeno extraño porque no pudo ser enteramente absorbido por la televisión».

Sin embargo, agregó, «la historia agónica de Boca, el ascenso y la caída, fueron sustituidas por la moral exitista que surgió en los últimos veinte años”.

“Moral exitista y costado empresarial”, sintetizó. “Porque los goles de Boca también se gritan empresarialmente. Lo digo con pena porque yo soy de Boca».

«No es posible jugar tanto con la mala memoria como juega Macri»

González no cree que el PRO pueda permanecer más que ocho años al frente de la Ciudad porque, dijo «los porteños tienen memoria, y no es posible jugar tanto con la mala memoria como juega Macri. No es posible deshistorizar tanto a un país».

Para González, columnista habitual del diario Página/12, la oposición a Macri debería hurgar más en esos temas.

«Falta quienes detecten quiénes son, realmente, Macri y la Carrió. ¿Qué tipo de formación tiene la Carrió que si seis de los diputados del ARI están en desacuerdo con ella, va, los saca y nombra a otros seis?».

También la pretensión de Macri de cerrar la Ciudad los foráneos pobres, es “una novedad absoluta”, señaló González.

«Esto es nuevo en la política argentina. Reina un tipo de aventurerismo… lo digo sin ponerle una carga peyorativa a la palabra. Me refiero al aventurerismo deshistorizado del que da bien en los medios, que tiene atributos de buen polemista pero ha reemplazado la antigua tribuna por el set”, agregó.

“Para la Carrió no es grave que dejen de seguirla seis diputados porque la sociedad argentina produce en todas las profesiones un deseo de ascenso rápido, un deseo de atajo».

“Carrió no hace afirmaciones ideológicas, opera imágenes»

La obsesión con la salvación individual sobre la que tanto ironizaba Isodoro Blaisten, hace de disparador de sus reflexiones.

«Hay existencialistas del atajo. Los ves actuar en el Parlamento, en todas partes. Carrió los adopta discipularmente. Oscar Landi (filósofo argentino y comunicólogo muerto en 2003) decía que Menem había surgido enteramente de los medios. De ese mismo modo, la Carrió surge enteramente de la televisión”.

González razona que así como a Perón le gustaba guiñar un ojo, «la Carrió, después de cada afirmación en tevé mira al costado, por el rabillo del ojo. ¿Quién está al costado? Los técnicos, los cámaras y la torcedura de la historia, el atajo…», describió seguidamente.

Las miradas de soslayo de la líder de la Coalición Cívica, continuó, «invitan a una aventura picaresca que incluye citas a la Virgen y a Hanna Arendt. Y a algún teórico alemán que Carrió no ha leído, aunque todo esto lo está moderando…”, estimó.

“Carrió no hace afirmaciones ideológicas, sino que opera imágenes, las expande, las lima, las suprime con estilos demiúrgicos”, describió González, que recordó que “hasta los años ‘60, la clase media porteña se entendía con guiños culturales. Decía fellinesco, decía kafkiano… pero eso ya no existe. Ahora todo es un gran vacío. Como lector de Hanna Arendt me parece increíble que la Carrió nunca la haya citado correctamente. Por cierto, su fuerza, la Coalición Cívica, no es arendtiana, puesto que ya no propicia nuevos nacimientos para la política, nuevos nacimientos para reforzar el sistema democrático», puntualizó.

González comparó a la política chaqueña con la filósofa judeo-alemana.

«Carrió es una semióloga avezada mientras Arendt escapó de la semiología y estudió la condición humana clásica. Carrió tiene un lado semiológico salvaje. Y es que la semiología siempre es un poco salvaje”, explicó.

«La Coalición Cívica es una corriente de actuación público-televisiva»

La líder de la CC –dijo– inventó una corriente electoral importante que no es un partido.

“Ni pudo hacer un partido, ni quiere hacer un partido. La Coalición Cívica es una corriente de actuación público-televisiva. Ni siquiera tiene actuación en la Cámara de Diputados porque una hora de fuerte protagonismo frente a las cámaras de TV equivale a cientos de horas de discursos en el hemiciclo», señaló González.

Y concluyó, lapidario: «Carrió contribuye muy especialmente a la degradación de la actuación parlamentaria».

Para Horacio González, Macri y Carrió encarnan modelos convergentes que tienden a juntarse.

«Cada uno podría ser la pata del otro, para emplear un concepto zoopolítico, aunque poco aristotélico. Y como nadie condena el modo privatista en que toman a la ciudad y coinciden en someterla a la magna hipótesis de seguridad (no de la libertad ni de la emancipación, solamente de la seguridad) se los ve muy parecidos”.

González apuntó que Carrió y Macri “también tienen sus diferencias, distintas trayectorias: la Carrió viene del interior y de una familia de juristas. En cambio Macri es sus empresas, Boca Juniors y diversos problemas con su padre, Franco, que tiene una hipótesis de relacionamiento de su hijo con el kirchnerismo».

En cuanto al exangüe kirchnerismo porteño, González estimó que aunque «es reacio a todo esto, debe construir con más precisión su idea de la ciudad democrática: haber perdido a una gran parte del electorado urbano lo obliga a profundizar su reflexión crítica”.

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