El proyecto para «cubanizar» la Cumbre Iberoamericana de noviembre en Santiago de Chile

Se trata de un libreto conocido. Los enemigos de Cuba, desde Miami a Washington, han ocupado tradicionalmente las Cumbres Iberoamericanas para impulsar el cerco contra la Isla. No será excepción el encuentro de Presidentes y Jefes de Estado que se realizará en Santiago en noviembre próximo. Y la clave radica en la Democracia Cristiana. En efecto, la herramienta para la ejecución de la estrategia estadounidense contra Cuba en América Latina y El Caribe es la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), una de las regionales de la Internacional Demócrata de Centro (IDC), que es el nombre con que hoy se conoce a la antigua Internacional Demócrata Cristiana. Las otras regionales son el Partido Popular Europeo (PPE) y las ramas africanas y asiáticas.

La Internacional Demócrata Cristiana mutó a Internacional Demócrata de Centro como efecto de la incorporación de colectividades originadas en la derecha, como fue el caso del Partido Popular de España, el cual tuvo la presidencia de la IDC desde el 2001 con José María Aznar, el mismo en que se transformó en el principal aliado de George W. Bush para la guerra de Irak.

La ODCA es el instrumento privilegiado de Washington para su guerra contra Cuba en la región por una razón más que evidente: es la “multinacional política” con el mayor grado de implantación, con 35 partidos políticos afiliados, procedentes de 25 países, una parte de los cuales forma parte o encabeza Gobiernos, o se mantiene en una posición expectante frente al poder.

De hecho, hasta el año pasado la ODCA fue presidida por Gutenberg Martínez, esposo de la presidenta del PDC chileno, Soledad Alvear, la colectividad con mayor respaldo electoral de la Concertación por la Democracia, en el gobierno desde 1990. Y ahora se encuentra encabezada por el titular del Partido de Acción Nacional (PAN) de México, Manuel Espino, fuerza que controla el gobierno de aquel país desde que el 2000 triunfó Vicente Fox, luego sucedido por Felipe Calderón.

Cambio en la ODCA

El punto de partida visible de la operación para “cubanizar” la Cumbre Iberoamericana se remonta a la noche del 19 de agosto del año pasado. En la ocasión, Manuel Espino, el presidente del Partido Acción Nacional (PAN) de México y asesor de Vicente Fox en su campaña presidencial, se reunió con la directiva del Partido Demócrata Cristiano de Cuba en Miami. Junto a su presidente Marcelino Miyares, se encontraban presentes los integrantes de su Secretariado Ejecutivo Nacional, tales como José Ignacio Rasco, su fundador, y Rafael Sánchez, vicepresidente de ODCA Caribe.

El Partido Demócrata Cristiana de Cuba tiene su origen en el “Movimiento Demócrata Cristiano” que se constituyó en 1959 en la Isla y que tempranamente pasó al control de la CIA, transformándose en una de las piezas de la estrategia de Estados Unidos para el derrocamiento de la Revolución. Así, el MDC formó parte del Frente Revolucionario Democrático y el Consejo Revolucionario Cubano, creados por la Agencia para dotar de cobertura política a un plan de invasión.

Los mismos Rasco y Miyares participaron directamente en la llamada “Brigada 2.506”, que intentó ejecutar la invasión en Playa Girón. En forma paralela, el MDC participó en los atentados terroristas que la CIA digitó en los centros urbanos de la Isla, así como en la diseminación de bandas armadas en las zonas rurales.

Uno de sus fundadores, Ernesto Ros, es el padre de la actual senadora republicana de los Estados Unidos, Ileana Ros-Lehtinen. En las filas del MDC comenzó su carrera política Jorge Mas Canosa, después fundador de la Fundación Nacional Cubano-Americana, el más importante lobby anticubano de Miami, que ha recibido reiteradas imputaciones de haber promovido el terrorismo contra Cuba en los últimos 20 años.

Una de las principales tareas desarrolladas por el PDC de Cuba en los últimos años fue promover la creación del “Proyecto Varela”, como una forma de articular la “disidencia interna”. Al terminar su gestión, la jefa de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, Vicky Huddleston, manifestó que uno de sus logros fue, precisamente, el “Proyecto Varela”.

“Me recordarán por haber sido siempre un apoyo para los opositores y es un orgullo para mi haber estado asociada al Proyecto Varela”, dijo (“El Nuevo Herald” de Miami, 22 de julio de 2002).

En la Isla, el grupúsculo que ha encabezado visiblemente el “Proyecto Varela” ha sido el “Movimiento Cristiano Liberación” (MCL), que preside Osvaldo Payá e integraba, desde mediados de los años 90, la ODCA como miembro observador. Para su labor, ha recibido permanente cobertura de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba y se ha beneficiado de los fondos distribuidos por Washington para desestabilizar el país.

En la reunión de agosto del año pasado, el presidente del PAN les señaló la importancia de renovar la dirigencia de ODCA para poner en marcha “una dinámica que promueva nuevas formas de trabajo, de acuerdo a la situación actual de América”. Para tales efectos, dijo, tomaba la decisión de disputar la presidencia de la ODCA, con objetivos tales como “la búsqueda de una propuesta capaz de contrarrestar la propuesta Castro-Chávez” y la “asistencia política a los partidos de la ODCA en sus campañas para ser poder”. Propuso que a las tres vicepresidencias se les otorgara funciones concretas: la acción política, la formación de dirigentes y el fortalecimiento del organismo.

Para el primero de estos frentes, le ofreció a Marcelino Miyares la Vicepresidencia de la ODCA para la Acción Política.

Así, el acuerdo quedó establecido: a cambio de respaldo para su postulación, Espino otorgaría el mayor espacio al PDC de Cuba en Miami y sus grupos aliados para una campaña de desestabilización en Cuba y otros países de América Latina gobernados por fuerzas progresistas, en particular Venezuela.

El 28 de septiembre, Espino y su “equipo de campaña”, conformado por 14 partidos de Centroamérica, el Caribe y Sudamérica se reunieron en Santo Domingo. “Partimos de la base que tenemos una filosofía humanista cristiana que tiene una propuesta superior al populismo”, dijo. Añadió: “Nos hemos decidido a buscar la presidencia de la ODCA para servir y ayudar a nuestros partidos a que sean gobierno”.

En el sitio oficial del PDC de Cuba se publicó un trabajo titulado “Propuesta por un relanzamiento de ODCA. Partidos y democracia. Por un renovado liderazgo político en la región”, escrito por el abogado Yaxys Dallan Cires, en el que fustigaba duramente las experiencias políticas venezolana y del Partido de los Trabajadores de Brasil. Señalaba que la ODCA era el espacio político para enfrentar el “populismo”, para lo cual debería renovarse y “profundizar sus vínculos con los partidos de centro derecha”.

“Hoy día hay que volver a apostar por estos sistemas de partidos internacionales. La peligrosa vulnerabilidad de la democracia en América Latina requiere estos vínculos”, indicaba. “En estos momentos ODCA necesita ser relanzada con una estrategia política regional más fuerte, que profundice los vínculos entre los partidos de centro derecha para buscar una renovación hacia dentro y mayor presencia en nuestras sociedades. Los fenómenos de Venezuela y Cuba, y los peligros de Bolivia, Ecuador y Nicaragua, requieren de una respuesta regional. La realidad pide una renovación del liderazgo democratacristiano. En este contexto, el PAN de México está llamado a entregarse más a la región”, concluía.

En el XVIII Congreso de la ODCA, realizado en Santiago de Chile el 11 de noviembre del año pasado, sus 33 partidos eligieron a Manuel Espino como nuevo presidente para el período 2006-2009. Marcelino Miyares fue electo el primer vicepresidente. Eduardo Fernández del partido COPEI de Venezuela asumió la vicepresidencia del Área Andina.

Otro hecho muy notable ocurrió en el Congreso de la ODCA: la integración de otras tres organizaciones contrarrevolucionarias de origen cubana como miembros titulares, las que hasta entonces participaban en calidad de miembros observadores. Fueron los casos del Proyecto Demócrata Cubano, el Movimiento Cristiano Liberación, y el Directorio Democrático Cubano.

Con motivo de la celebración del evento, los representantes de los partidos miembros de la ODCA, fueron recibidos en audiencia privada por la Presidenta Michelle Bachelet. En dicha audiencia, las organizaciones de origen cubano le señalaron “la importancia de la necesidad de la solidaridad” con la disidencia.

El Directorio Democrático Cubano es bien conocido en Miami. Desde su fundación, ha recibido fondos del Gobierno de Estados Unidos y la CIA, a través de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Nacional Endowment for Democracy (NED). A estas alturas, ha sido beneficiado con cerca de seis millones de dólares.

Es muy probable que Espino tuviera en mente, al momento de buscar el respaldo de las cuatro organizaciones socialcristianas de origen cubano, la posibilidad de capturar para la ODCA los cuantiosos fondos que Washington les ha transferido.

Según puede leerse en el “Diario Las Américas” de Miami del 14 de enero de 1998, esta organización fue una de las patrocinantes de un “Acuerdo por la Democracia en Cuba”, el cual fue suscrito en las oficinas del congresista republicano Lincoln Díaz-Balart, un cubano-americano hijo de una de las figuras de la dictadura de Fulgencio Batista. El documento también contó con el respaldo de Ileana Ros-Lehtinen.

Junto al Directorio, aparecían grupos que promueven abiertamente el terrorismo contra Cuba como la Junta Patriótica Cubana, MAR por Cuba y Plantados hasta la Libertad y la Democracia, junto con otros que se han dedicado a canalizar los millones de dólares que Washington a entregado para la guerra contra Cuba, como el “Center for a Free Cuba”, que preside Frank Calzón, y el Grupo de Apoyo a la Disidencia, cuyo director, Frank Hernández Trujillo, se hizo conocido en Chile para la Cumbre Iberoamericana de 1996 cuando Rodrigo Eitel, vocero del ex jerarca de la DINA Pedro Espinoza, anunció que el cubano-americano daría financiamiento a sus intentos de organizar protestas en contra de la visita de Fidel Castro.

El Comité Ejecutivo de la IDC se reunió el 6 y 7 diciembre en Palmas de Gran Canaria, España. Allí se emitió una “Resolución sobre el futuro de Cuba”, manifestando que “la IDC sigue de cerca los últimos acontecimientos de Cuba” y que “la última dictadura comunista en Latinoamérica (…) debe llegar a su fin”. Y enfatizó que “la comunidad internacional no debe abandonar a los disidentes y sus esfuerzos hacia una Cuba en democracia y exige la participación de la oposición / disidencia dentro y fuera de Cuba” en los esfuerzos “para una transición hacia la democracia”.

Comienza la ofensiva

El pasado 26 de enero, se inauguró la nueva sede de la ODCA en Ciudad de México. Espino presidió la ceremonia del “corte de cinta”, acompañado por Miyares. En forma paralela, se realizó una reunión de trabajo de la organización. En la víspera, el diario “El Universal” consignó declaraciones del cubano-americano, quien dijo que “uno de los principales temas a discutir (…) será el de combatir las políticas de Chávez y Castro”. Detalló: “Esta ODCA que preside ahora Manuel Espino será más política”, dando más énfasis a la “acción política” que a la capacitación.

Miyares precisó que discutirían “la inminente transición en Cuba, así como el tema de Venezuela”, a cuyos gobiernos -dijo- se “enfrentará”.

El Secretario Ejecutivo de la Internacional Demócrata de Centro (IDC), Antonio López Istúriz, participó en la inauguración y animó a Espino a liderar una organización “que evite la expansión del populismo izquierdista en América Latina”. López-Istúriz felicitó al comité directivo de la ODCA en nombre del presidente de la IDC, Pier Ferdinando Casini, que además es presidente de la Cámara de Diputados de Italia, y del presidente del PPE, Wilfried Martens.

En su mensaje en la inauguración de la nueva sede, Miyares señaló que encabezaban “una ODCA que la estamos definiendo como una nueva ODCA; una ODCA que va ser política (…) Política en el sentido de que en este momento nuestra América Latina pasa por un momento altamente difícil, en el cual hay una propuesta populista muy fuerte, encabezada por Castro y Chávez”.

“El Universal” informó el 27 de enero que Espino anunció “el combate a los gobiernos populistas”. Dijo: “Queremos instaurar la democracia en donde sólo existe simulación electoral”. En la conferencia de prensa que Espino y Miyares ofrecieron ese mismo día, el flamante presidente de la ODCA manifestó que “quisiéramos que la mayor cantidad de actores, tanto de la Isla como fuera de ella, reconozcan que el problema es entre la dictadura y el pueblo, no entre Estados Unidos y Cuba, es un asunto interno”, dijo.

Por cierto, Espino no explicó cómo es que si la situación de Cuba es un “asunto interno” de los cubanos, una multinacional política aparece involucrándose protagonicamente en el tema. Obviamente, ni una sola palabra tuvo para condenar el bloqueo contra la Isla, que fue acentuado drásticamente durante la actual Administración de Estados Unidos, con el llamado “Plan Bush”.

Según informó el diario “La Jornada” el 28 de enero, Espino anunció que “la ODCA apoyará las iniciativas de la oposición cubana -que mayoritariamente es financiada por el Gobierno de Estados Unidos”. Agregó el tabloide: “Al concluir ayer la reunión de planeación estratégica de la organización, también se conoció de un resolutivo para apoyar al Partido Social Cristiano de Venezuela (COPEI)”.

“El Universal” consignó que en “los trabajos de la primera reunión estratégica y de planeación de la ODCA, se discutieron también los casos de Cuba y Venezuela, los que consideran una ‘amenaza’ por ser de tipo comunista, como se refirió el dirigente del Partido Demócrata Cristiano de la Isla, Marcelino Miyares”.

Pronto comenzaron a constatarse los efectos. “El Universal” consignó el 29 de abril la denuncia del gobierno de Venezuela en el sentido de la existencia de “un grupo de opositores al gobierno de Hugo Chávez, que busca al ex presidente de México, Vicente Fox, para pedirle su respaldo e intermediación para acciones desestabilizadoras y contrarrevolucionarias, así como recursos”.

Sobre esto, el vicepresidente de Acción Política de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), Marcelino Miyares, dijo que “no debe de sorprender a nadie que grupos opositores al gobierno de Chávez, así como de otros países, busquen a Fox”.

“Yo creo que no nos debe de asombrar que eso suceda, puesto que el presidente Fox, en su calidad de haber sido presidente de un país democrático en América Latina, tiene una personalidad, y precisamente por ello es inevitable, en situaciones como ésta, que se le pida todo tipo de ayuda, y eso sucede en Estados Unidos continuamente”, dijo. Añadió: “La ODCA está en la línea de promover la democracia en todo el continente, fortalecer la gestión de nuestros partidos en donde quiera que se encuentren y este es el caso de Venezuela”, con el COPEI.

Los partidos de la ODCA se reunieron por esos mismos días en la Ciudad de México, precisó el diario, “para analizar la situación política y económica por la que atraviesa Venezuela, aunque también se hizo una evaluación exhaustiva de lo que acontece en países como Cuba, Bolivia, Ecuador y Guatemala (…) De acuerdo con representantes de la ODCA, el tema de Venezuela se analizó de modo particular”.

Poco después, el 23 y 24 de junio, se efectuó en Miami la Conferencia “Propuestas para un cambio democrático en Cuba”, patrocinada por las cuatro organizaciones cubanas en ODCA: el Partido Demócrata Cristiano de Cuba, el Movimiento Cristiano Liberación, el Proyecto Demócrata Cubano y el Directorio Democrático Cubano. El evento fue celebrado en la Florida International University.

Las palabras de apertura estuvieron a cargo de Marcelino Miyares. Le antecedió en la bienvenida Julio A. Hernández, presidente del Instituto por la Democracia en Cuba y América Latina, otro organismo beneficiario de los fondos de la USAID.

El primer panel abordó el tema “La validez de la movilización popular y referendos para lograr el cambio” en Cuba. La ponencia estuvo a cargo de José Vicente Carrasqueño de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela y coordinador en su país del referendo, a través del cual intentaron infructuosamente de remover al Presidente Hugo Chávez. Su exposición fue apoyada por una breve intervención de Eduardo Fernández del Partido Demócrata Cristiano de Venezuela (COPEI). Fue moderado por José Ignacio Rasco.

En la segunda jornada hubo un panel que trató el tema de “Propuestas de movilización popular para el cambio”. Fue integrado por Janisset Rivero del Directorio Democrático Cubano. El segundo fue dedicado a “la cooperación de la comunidad internacional”. Durante el panel, “el joven chileno Héctor Gárate de la JODCA (Juventud Demócrata Cristiana de América) hizo una encendida intervención”.

Otro exponente del panel fue Xavier Barrón, el secretario General de la ODCA, quien se refirió al apoyo a las “organizaciones internas de la oposición”, enfatizando que la revitalización de este respaldo “se hará a través de todos los Parlamentos de América”. Reconoció la labor realizada por Miyares, que “gracias a su compromiso militante ha logrado que ODCA asuma un rol de mayor importancia en la lucha por la democracia en la nación caribeña”.

Los asistentes al evento estaban excitados. El 21 de junio, la Cámara de Representantes estadounidense decidió votar favorablemente el presupuesto de 45,7 millones de dólares para el período 2007-2008 que presentó el Presidente Bush con destino a los “disidentes cubanos”. Lincoln Díaz-Balart señaló: “La ayuda a los opositores no es simbólica sino concreta” (“El Nuevo Herald”, 22 de junio de 2007).

Para el período, la Cámara también dedicó una suma de 33,5 millones de dólares (seis millones más que en 2006) para Radio y TV Martí, que difunden ilegalmente programas subversivos hacia Cuba.

Ese mismo día, el jefe de la diplomacia estadounidense en La Habana, Michael Parmly, recibió a los representantes de la “disidencia interna” René Gómez Manzano, Félix Bonne, Marta Beatriz Roque y Vladimiro Roca en su residencia personal, que fueron a darle las gracias por la generosidad de Washington.

Como se sabe, en julio del 2006, el Presidente Bush aprobó un proyecto de 80 millones de dólares para implementar las recomendaciones del segundo informe de la “Comisión de Asistencia a una Cuba Libre”. En noviembre del año pasado, un informe emitido por la Oficina Fiscalizadora del Gobierno (GAO), halló “significativas irregularidades” en “el control y funcionamiento de los programas orientados hacia la Isla”.

Casi inmediatamente después, el 21 de julio, se realizó la Quinta Reunión del Comité Ejecutivo de la ODCA, efectuada provocadoramente en Caracas, Venezuela. Según el comunicado oficial, “se actualizó y enriqueció el plan estratégico de trabajo, en los rubros que tienen que ver con el asesoramiento y acompañamiento que ofrece la ODCA a líderes y partidos miembros”.

Espino aprovechó la oportunidad para señalar a la prensa que el Gobierno de Venezuela es un ejemplo de la tendencia de “populismo autoritario”. Asimismo, participó en el seminario “Democracia y Libertad de Expresión”, que fue organizado por la ODCA y el Partido COPEI. También en su estancia en Caracas, el timonel de la organización se reunió con un grupo de empleados de RCTV y su director general, Marcel Granier, a quienes exhortó a “continuar su lucha por la libertad de expresión”.

Por esos días, Miyares concedía una entrevista al boletín oficial del PDC de Cuba. Dijo que los “retos de la directiva de la ODCA” eran los siguientes: “La elaboración de una propuesta latinoamericana capaz de contrarrestar la propuesta populista/socialista de Castro-Chávez. La formación de un bloque político genuinamente democrático que pueda enfrentarse al eje Castro-Chávez-Morales”.

El 8 de agosto, Espino recibió en Ciudad de México al alcalde electo de Buenos Aires, el derechista Mauricio Macri, cuya colectividad, el Partido Propuesta Republicana, ya acordó integrarse a la ODCA. Según informó “La Jornada”, Macri explicó que “acordó con Calderón trabajar bajo el liderazgo del Partido Acción Nacional (PAN) en la ODCA para fortalecer la institucionalidad de los partidos políticos de derecha”.

Los planes en Santiago

Uno de los problemas clave que ha enfrentado en Chile la política de la ODCA ha sido la disposición de la Presidenta Michelle Bachelet de mantener relaciones cordiales con La Habana, evitando toda coyuntura de tensión o discrepancia pública. Por eso, el curso de acción diseñado por la directiva del PDC está orientado a poblar la agenda política con iniciativas contra Cuba, para forzar a la Mandataria en la medida que el tema pasa a transformarse en un asunto de política interna.

Es decir, una reedición de la táctica que exitosamente operacionalizaron a propósito del eventual respaldo de Chile a Venezuela en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Del mismo modo, intentan marcar la agenda a Bachelet, en la hipótesis probable que la Presidenta resuelva realizar una visita oficial a la Isla. La idea es lograr que se reúna con la “disidencia interna”, a pesar de su desembozada calidad de operadores de la política de Estados Unidos y de su nulo respaldo ciudadano, como quedó demostrado luego que en agosto del año pasado Fidel Castro transfiriera temporalmente el poder.

En este contexto se inscribe una información publicada por “La Tercera” el pasado 5 de agosto y que pasó desapercibido. El titulo de la crónica era el siguiente: “DC retoma nexos con disidencia en Cuba y complica viaje de Bachelet”. Allí se explicaba que, por “encargo de la mesa” directiva del PDC, presidida por Soledad Alvear, el ex diputado Rodolfo Seguel “se reunió en La Habana con el líder de la disidencia”, Osvaldo Payá.

Explicaba: “La primera semana de mayo, el ex diputado Rodolfo Seguel se reunió en La Habana con el líder de la disidencia cubana, Osvaldo Payá. En la cita le entregó una carta de la presidenta de la DC, Soledad Alvear, que entregaba el respaldo del partido a la labor opositora contra Fidel Castro. Payá agradeció el gesto y envió, a su turno, saludos a un antiguo conocido de la ODCA, el esposo de Alvear, Gutenberg Martínez”.

Y agregó el matutino: “En esos momentos ya eran conocidos los planes de Michelle Bachelet de visitar al líder cubano. De hecho, al interior del PDC se había evaluado en forma negativa la idea de que la gobernante viajara a la Isla, plan que la Presidenta comentó con el vicecanciller cubano, Alejandro González, en diciembre pasado en La Moneda”.

Concluía la nota: “Las gestiones de la falange han alertado de las complicaciones que generaría con la DC un viaje de la Presidenta que no incluya en la agenda a los opositores cubanos (…) La tensión que genera en la Concertación el viaje de Bachelet a Cuba atenta contra uno de los principios establecidos por la Mandataria para conducir su política exterior: tener el respaldo de todos los sectores políticos (…) Con todo, la intención de Bachelet de mejorar los vínculos con Cuba permanece”.

En declaraciones reproducidas por el diario electrónico “Cambio 21”, Soledad Alvear aseguró que es “aconsejable” y “prudente” que Bachelet se reúna con la “disidencia”.

También en este marco hay que ubicar el episodio protagonizado por el presidente de la Cámara de Diputados, Patricio Walker, quien desde mediados de junio inicio gestiones para viajar a La Habana con una delegación parlamentaria, atendiendo “al interés del Gobierno de explorar la posibilidad de reactivar un acuerdo de complementación económica firmado en 1998 con el país caribeño, pero que nunca ha sido sometido a la ratificación parlamentaria”, según explicó “El Mercurio” el 5 de agosto.

Sin embargo, aquel viaje se frustró por el propósito de Walker de usar el viaje para dar continuidad a la política contra Cuba que ha desarrollado como signo distintivo de su gestión parlamentaria, acompañado por un puñado de ex parlamentarios como Exequiel Silva, Tomás Jocelyn-Holt y el mismo Seguel.

Sus acciones han llegado desde una cordial entrevista que Jocelyn-Holt sostuvo con Roger Noriega, cuando el antiguo asistente del senador ultraderechista Jesse Helms era el Secretario de Estado Adjunto para Asuntos Hemisféricos, hasta la moción de Rodolfo Seguel, quien -sin temor alguno al ridículo- solicitó en la Cámara Baja que se declarara “persona non grata” el embajador cubano Alfonso Fraga.

Todos ellos, contando con el entusiasta respaldo de Martínez y Alvear, han mantenido coordinación estrecha con la ODCA y la “disidencia cubana”, han promovido mociones de condena al Gobierno de Cuba en el Congreso y han trabajado por posicionar el tema de Cuba en la agenda política interna. Además, han obstruido en forma sistemática la implementación del Acuerdo de Complementación Económica.

Walker señaló que nunca podrá permanecer indiferente “cuando en un país como Cuba, hay personas encarceladas por el solo hecho de haber pensado de manera diferente”. En el 2003, luego que el parlamentario hiciera declaraciones similares respecto de Cuba, le preguntamos a Walker cuando se manifestaría -con idéntica energía- respecto de la situación en las prisiones estadounidenses en Guantánamo y Abu Ghraib. “¿Por qué no solicita visa a Estados Unidos para visitar esos lugares?”, le interrogamos. Nos aseguró, entre nervioso y molesto, que lo haría. Todavía estamos esperando que lo concrete.

A pesar que Gutenberg Martínez dejó la presidencia de la ODCA, entre otras cosas, por el interés de centrar su foco de atención en Chile, sobre todo en la perspectiva de una eventual candidatura presidencial de su esposa, nada indica que abandonarán el tema de Cuba como eje de intervención política. Se ha demostrado demasiado rentable.

Una coyuntura clave para la estrategia de guerra contra Cuba serán los próximos meses. El viaje de Bachelet a Cuba se concretaría en octubre y al mes siguiente se realizará la próxima XVII Cumbre Iberoamericana.

El curso más probable de los acontecimientos será una creciente intensificación de las operaciones de la Democracia Cristiana para instalar el “problema de Cuba” en la agenda política. Cuentan, para tales efectos, con el seguro respaldo de la derecha y las fuerzas que sustentaron la dictadura militar. Así, el proyecto es convertir la “transición a la democracia” en la Isla en el tema central de la Cumbre, a lo menos en el eje principal del tratamiento mediático del evento.

Así, no es difícil imaginar una sucesión de declaraciones públicas, proyectos de acuerdo en el Congreso Nacional, manifestaciones callejeras del estamento juvenil del PDC y un largo desfile por Santiago de ilustres visitantes de Miami: por cierto, con los traslados y estadías financiados por Washington.

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