El precio del Silencio

En abril de 1993, el juez Baltasar Garzón asistió «a dos o tres» reuniones confidenciales, la última el día 20, con Luis Roldán, director de la Guardia Civil; el general que ejercía la jefatura de los servicios de inteligencia españoles, y un tal Davidson, chief station de la CIA en Madrid. «Hablan de la Operación Dólar. Con el patrocinio de Irán, y para atacar al capitalismo imperialista de los Estados Unidos, se está produciendo ya hace tiempo una falsificación masiva de billetes de cien dólares, los llamados ‘pavos grandes’. Son ejemplares perfectos y no hay control de las cantidades que pueden estar circulando (…)

Se han detectado al menos dos redes para la venta (al por mayor) de los billetes falsos. Los de la CIA, en tándem con la Guardia Civil, han conseguido infiltrar dos «topos» en esas redes. Andan sobre la pista de los talleres y la fábrica del portentoso papel moneda, propiedad de un vicecónsul sirio residente en Viena. (…) El asunto es una bomba, y se guarda como secreto máximo (…) piden ayuda a Garzón. ¿Por qué? Es lo que el juez les pregunta, después de escucharlos en el reservado del restaurante Fortuny.

Como respuesta, le enseñan uno de los billetes falsos, serie C14342, conseguido en Marbella, y un listado de los miembros más activos del circuito. Garzón reconoce entre esos nombres, a varios individuos que él ha tenido bajo sospecha de trabajar para Al Kassar. Los americanos quieren que el juez les consiga una entrevista con Al Kassar (que entonces estaba) en la cárcel. «Si los falsificadores son de su cuerda, no dirá nada, pero eso ya será un dato», le explican. (…) Le insisten en «la gravedad» y el «enorme interés» de la Casa Blanca (en el asunto), porque en los Estados Unidos «los temas de falsificación de la moneda los lleva en directo el servicio secreto del presidente». Pero él (Garzón) no se aviene a una componenda amistosa. «Señores, o esto se judicializa, o para mi no existe. Que un juez de los Estados Unidos curse una comisión rogatoria a la justicia española. Y, en este contexto, se visita a Al Kassar en la cárcel, y al almuecín de la mezquita de Sevilla, si hace falta».

(…)Garzón se reencuentra con la «Operacion Dólar» un año después, en el exacto momento en que estaba dando su paso a la política, al aceptar ser candidato a diputado por el socialismo a petición de su líder, Felipe González. Los investigadores de la Guardia Civil se le quejan de que «los de la CIA pretenden controlar el tema» a pesar de haber fracasado en «cortocircuitar la falsificación de los billetes». El coronel de la Guardia Civil Ángel López le cuenta que han localizado sirios marcados por la CIA como sospechosos. Dos de ellos de su círculo íntimo, y un tercero, Mansul Kuzbari, que «está comprando inmuebles por Marbella», donde se había detectado una enorme afluencia de billetes de cien dólares falsos. Un primo de Mansul, Nabil Kuzbari «es la pieza clave». Se trata de un hombre con muchas influencias en Viena (2), donde disfruta del «paraguas diplomático de vicecónsul general de Siria».

Nabil Kuzbari es el protegido del embajador sirio y se encarga «de las transacciones económicas entre ambos países». Y también es el «dueño de la base militar delictiva: la fábrica de papel y los talleres de imprenta donde se realiza la falsificación». La CIA sostiene que «está asociado con Al Kassar en transacciones ilegales de armas para Oriente Medio». Por lo pronto, destaca que ambos son «propietarios de sendas compañías de aerotaxis: Al Kassar, la Jet-Air; Kuzbari, la Transair». En realidad, la autora se quedó corta: el periodista Juan Gasparini señaló que Al Kassar y Kuzbari estaban asociados en la última compañía. (3)

(…)»Al Kassar es un perfeccionista que no descuida detalles en la delicada fase del blanqueo de divisas. Suele usar empresas legales, inmobiliarias o de importación y exportación (…) Los de la CIA centran su interés en probar la relación entre Al Kassar y Nabil Kuzbari. Vuelven a la carga con Garzón. Quieren que los autorice a interrogar a Al Kassar en la cárcel. Garzón repite que «lo que procede es librar una comisión rogatoria para obtener los datos de que se dispone en Estados Unidos, y desplegar aquí (es decir, en España) esa investigación que nos solicitan».

Garzón libra la comisión rogatoria a la justicia de los Estados Unidos, y «desde ese momento se repliega la CIA y pasa a primer plano el Servicio Secreto del presidente de los Estados Unidos», que actúa como policía judicial porque incumbirle en exclusiva tanto proteger la vida del presidente como investigar la falsificación de moneda.

El 24 de julio de 1994, cuando todavía no había pasado una semana desde el atentado a la AMIA, el juez Garzón viaja a Washington acompañado por el fiscal antidroga, Pablo Contreras, «porque en la Operación Dólar se mezclan tramas de falsificación y de narcotráfico». Garzón y Contreras «trabajan con intensidad en la sede del Servicio Secreto, ubicada en la misma Casa Blanca». Reciben información de sus anfitriones, que «quedan en tramitar su propia comisión rogatoria ante la justicia española».

«Este asunto se mantuvo siempre en una blindada clausura de secreto. No circuló por los ambientes políticos y diplomáticos, ni trascendió a los circuitos financieros y bursátiles, ni se pidió ni se dio explicación en foros como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. Ni el Congreso ni el senado de los Estados Unios tuvieron boca para interpelar al presidente Bill Clinton (…) Nadie dijo que el caso estuviese cerrado. Nunca más se habló de él.

«La realidad era que, siendo idénticas las falsificaciones, resultaba imposible distinguir los billetes made in Washington de los made in Viena. Y el problema no era baladí: una masa dineraria incontrolada de falsos billetes de cien dólares circulando por el mundo. la disyuntiva del gobierno estadounidense era muy dura: o declarar un alerta mundial a todos los bancos centrales nacionales, arriesgando el prestigio de su moneda y el de su banco emisor, o pagar el precio del silencio: una retirada total de billetes falsos y verdaderos con cargo al Tesoro, y su sustitución por otra emisión de características diferentes. Optaron por esto último».

Notas

1) Extractado por Juan Salinas de las páginas 155-157 el libro Garzón: el hombre que veía amanecer (Plaza y Janés, 2000, Barcelona).

2) Gracias a la protección que le dio el primer ministro socialista Bruno Kreisky (1070-1983), Monzer al Kassar tuvo durante largos años su cuartel general en la capital austriaca, donde estableció las oficinas de su desaparecido holding Alkastronic. En la actualidad están en Viena las oficinas tanto de la firma Maschiba, cuya titular legal es su esposa, Raghda Habbal, como del que acaso sea su emprendimiento más boyante: la multinacional que fabrica y distribuye por todo el mundo drogas de venta legal bajo el disfraz fashion de bebidas «energizantes».

3) Gasparini, un periodista y escritor argentino radicado en Ginebra, lo puntualizó en una reseña crítica del libro publicada en Clarín («Jaque sirio a la Casa Blanca») el 14 de enero de 2001 (http://www.clarin.com/suplementos/zona/2001/01/14/z-00901.htm): «Urbano soslaya que el juez de Ginebra Laurent Kasper-Ansermet, quien consiguió en 1999 la condena de Monzer por tráfico de armas a los Balcanes en 1992, probó el 31 de julio de 1995 que éste es también accionista de Transair, cuya titularidad ella atribuye sólo a Kuzbari».

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