El pecado Capital

Mucho se ha escrito en estos días sobre la dispersión del peronismo porteño en su variante K. En esa bolsa, obviamente, también está el PJ Capital, cuyo presidente fue eyectado de la manera más patética que se tenga memoria en la política de la ciudad.

Ahora, quienes le dieron el retiro anticipado a Alberto Fernández son los mismos que reinaron a su sombra desde aquel mayo de 2003, cuando aquel se convirtió en el todopoderoso jefe de gabinete del entonces presidente Néstor Kirchner. Eran parte de la corte, militantes del síalbertismo, de modo que ahora deberían guardar un poco de compostura. Los artífices de la CAP (Comisión de Acción Política) que ahora rige al PJ porteño, aun queriendo pasar por lo que no son, son tan responsables del actual fracaso como Alberto.

Son tan patéticos como el monarca depuesto. A contadas horas del cierre de listas, el peronismo está implorando que algún candidato de mediano fuste se ponga al frente de la boleta electoral. Ahora que Carlos Heller está confirmado como primer candidato a diputado nacional por el espacio referenciado con el oficialismo K, ¿qué harán? Con el líder cooperativista, no hay espacio para telermanismo.

Tal vez este no sea el momento, pero seguramente a partir del 29 de junio, los que se digan dirigentes del peronismo de la Capital deberán rendir cuentas sobre la parte de responsabilidad que les cupo en estos seis años de inexistente construcción política.

El que escribe estas líneas milita en el peronismo desde el 30 de marzo de 1982, y nunca vio un partido tan desmovilizado, carente de identidad, sin cuadros y militantes genuinos. Y, por sobre todas las cosas, sin política.

Ya comprobamos que con los gerentes de la política, diestros en el manejo de las chequeras y las agencias de publicidad para travestirnos en progresistas de última hora, no alcanza ni para el 2%. Aunque rara vez supo ser mayoritaria en la ciudad de Buenos Aires, la que fuera una fuerza impulsada por el espíritu y los ideales más transformadores de los últimos sesenta años en el país, en Capital hoy se ha convertido, lisa y llanamente, en un montón de palabras vacías y una personería jurídica. Filosofía barata y un sello de goma.

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