El Paco

EL PACO, posmoderno ESCUADRON DE LA MUERTE

Todos sabemos lo que significa un escuadrón de la muerte. Un escuadrón de la muerte es un ejercito privado – aunque pueden trabajar en sus filas agentes que además se desempeñan en organismos públicos de seguridad – .

Sus clientes contratantes, son ciudadanos o comerciantes que ven disminuido el volumen de sus negocios o su seguridad personal por la presencia de niños y jóvenes marginales que altamente motivados por su necesidad de consumir drogas – síndrome de abstinencia – o por conseguir dinero y bienes materiales, a los que no se puede acceder por medio del trabajo -que por otro lado no tienen, por no estar formado para acceder ni para permanecer en el mercado laboral-, delinquen utilizando todos los medios a su alcance para conseguir el objetivo de hacerse con el dinero suficiente que le permita satisfacer sus deseos y lograr los bienes que urgentemente necesita – fundamentalmente droga-. De esta manera los sectores de mayor poder adquisitivo de la sociedad pretender “limpiar” de los marginales que los perjudican o arruinan sus negocios, porque asustan a sus clientes, contratando a los escuadrones de la muerte.

Estos escuadrones eliminan – matando – a estos niños y jóvenes creadores de inseguridad. Estos escuadrones trabajan sin mayores inconvenientes en países de América Latina, siendo Brasil donde lo hacen con mayor aceptación por parte de la sociedad. Es decir que estamos ante la presencia de una sociedad – esencialmente injusta – que crea marginalidad y exclusión de amplios sectores de la comunidad, para luego eliminarlos quitándoles la vida a quienes delinquen en vez de someterse a una vida de limitaciones extremas de las que se pueden vivirse en una favela o una villa de emergencia.

En un alto porcentaje de casos estos niños delincuentes trabajan a favor de otros comerciantes que son los que compran el producido de sus “trabajos”(el ejemplo más palpable es el de la compra de autopartes en desarmaderos o en negocios a ellos vinculados). Son los llamados “reducidores”. Cabe destacar que estos bienes son comercializados a bajos montos de dinero y comprados por integrantes de las clases medias que los adquieren por un precio mucho menor que los fijados por el mercado legal de los mismos. Es decir por los mismos contratantes de los escuadrones que nos ocupan. Estamos entonces ante la presencia de un circulo perverso de personas con excelente nivel adquisitivo que se apropian de los bienes de otros de su misma clase social, utilizando para conseguir sus fines de la mano de obra barata surgida de los barrios marginales, favelas, etc., gerenciada – esta mano de obra barata – por otros integrantes de esa misma porción pudiente de la sociedad.

Como podemos ver, estos seres humanos marginados y excluidos producen pingues ganancias a los reducidores, a los integrantes de los escuadrones de la muerte y a los que ofrecen servicios de seguridad en sus hogares y negocios. Todos se benefician de alguna manera de un estado de situación donde los únicos que pierden (la vida) son los excluidos, ya que en algún momento, de permanecer en la actividad delictiva ese será su final. También pierden la vida las victimas de las acciones delictivas donde bajo el ingrediente decisivo de la droga, estos marginales ultiman a sus victimas materializando el odio y el desprecio por la vida misma que produce la vivencia de la exclusión social, generadora de un odio potenciado por el estado de drogadicción en el que se encuentran. Estos escuadrones, que son aceptados por la sociedad en su conjunto aunque no sea expresado en voz alta, son rechazados en las declaraciones públicas de políticos e intelectuales y por otros integrantes de la sociedad marcadamente hipócrita. Es decir que la existencia de Escuadrones de la Muerte no son políticamente aceptados por la sociedad, aunque por lo bajo estén totalmente de acuerdo con su accionar y por supuesto con sus resultados.

En la Argentina el accionar de estos “limpiadores” de la sociedad, se ve más dificultado por la condena política a los años de plomo, lo que los hace políticamente inviables. Ahora bien la aparición del paco ha reemplazado o sustituido a los escuadrones de la muerte, ya que elimina al mismo sector social de personas que las clases medias acomodadas tratan de hacer desaparecer del paisaje para lo cual contratan a los escuadrones de la muerte -control social-. Es decir, para matar a niños y jóvenes pobres que fuertemente motivados por la necesidad de consumir, aceptan los encargos de “reducidores” de robar por cualquier método distintos bienes, los que luego serán adquiridos por otros, con alto poder adquisitivo similar al de las victimas del robo.

Puede darse la paradoja de que miembros de una misma familia terminen adquiriendo parte de los bienes que fueron robados por chicos chorros, acto delictivo este del que fueron victimas sus seres queridos. Ya que los bienes terminan siendo reducidos -cambiados por dinero- porque con el dinero obtenido se terminará comprando droga. Si esto no fuera así, los narcos venderían un producto que no ocasionara la muerte del consumidor en tan corto plazo, ya que con la muerte de este – su cliente-consumidor- se pierde un cliente. Lo que me hace dudar que su negocio sea solo la venta de una droga altamente adictiva, pareciera que hay algo más escondido detrás de lo que se ve a simple vista y ese algo más es la muerte de un “indeseable” para las clases medias con alto poder de compra. Es evidente que la muerte de ese consumidor forma parte del efecto que se desea lograr, matar al niño o adolescente pobre sin familia o sin límites que termina delinquiendo y siendo motivo de la alarma de los que no desean ni siquiera ver la existencia de la pobreza que les arruina el paisaje en los lugares que frecuenta; combatiéndola, si es necesario, matando al pobre que le trae inseguridad física y le recuerda la existencia de una sociedad injusta de la cual es responsable -por no pagar todos los impuestos que le corresponderían.

La pobreza que no llega a transgredir los límites del gueto que significa una villa o una favela, que no se muestra en lugares públicos donde la clase media o los turistas concurren y que no delinquen ni asustan a los que integran estas clases privilegiadas, es decir que no molestan al negocio, no solo son bienvenidos por las clases privilegiadas, ya que les asegura mano de obra barata para sus empresas y para sus tareas domésticas que en altísimos porcentajes trabajan en negro sin recibir cobertura social ni aportes jubilatorios. Es decir que tanta sumisión tampoco les asegura una existencia con alguna dignidad. A continuación deberíamos preguntarnos entonces quien financia la existencia de este diciplinador social que es el paco que no solo mata al niño y adolescente pobre que sin límites internos o que sin la correspondiente contención familiar cae en sus garras y es mostrado por los medios masivos de comunicación, tendiendo a conseguir mayor disciplina entre los jóvenes y desaliento a los pobres de irse a vivir a los grandes conglomerados humanos que son el escenario donde se desarrollan estos estilos de vida?.

Existe otro disciplinador mejor como es el trabajo decente que inculque en el joven la cultura del trabajo y la responsabilidad que todo trabajo requiere. Tampoco se ven ejemplos suficientes de empresas que acompañen al Estado con planes de becas que dirigidas al alumno de escasos recursos los retenga en las escuelas, que es el lugar ideal para que un niño o un joven proyecte su vida. No creo en los medios de comunicación que muestra las miserias del paco mientras en su programación irresponsablemente se induce permanentemente a la trasgresión. Solo lo hacen porque genera audiencia y nada más. Quizás matarlos resulte más eficiente por lo económico que formarlos o simplemente instruirlo para que sean empleables y puedan proyectarse como seres humanos dentro de la sociedad. Este, el paco, es el ejecutor del aborto social que soportan hermanos nuestros que por su pobreza extrema integran la población sobrante de marginados y excluidos.

Eugenio García

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