El obispo Lugo, el precandidato a presidente del Paraguay que podría patear el tablero

La decisión del obispo Fernando Lugo de abandonar los hábitos para lanzarse a la arena política al frente de una coalición opositora ha generado reacciones en políticos, empresarios y el mismo Vaticano. Pero ¿quién es este sacerdote que podría presidir el Paraguay y cambiar la coyuntura local y los alineamientos en el continente?

En Paraguay se mantiene una grave crisis política que se expresa en las constantes y violentas disputas que se producen en el interior de los tradicionales partidos con representación parlamentaria. Su máxima expresión fue el “marzo paraguayo” de 1999, resultado de la ausencia de un proyecto nacional favorable a las grandes mayorías populares, sometidas al constante deterioro de su calidad de vida, empujadas hacia la pobreza extrema y la miseria.

Con este deterioro social y político surge la figura de Fernando Lugo, obispo de una de las zonas más pobres de Paraguay, San Pedro de Ycuamandyyú. Su protagonismo político se evidenció el 29 de marzo de 2006, cuando encabezó la mayor manifestación de protesta contra el gobierno de Nicanor Duarte Frutos, a quien acusó de violar la constitución.

Faltando más de un año para las elecciones presidenciales de mayo de 2008, el último sondeo publicado por el diario Asunceno Última Hora, el ex clérigo encabeza la intención de voto con 37,3%, seguido por el líder del Partido Unión Nacional de Ciudadanos Éticos (UNACE), Lino Oviedo con 16,4%, un ex general que cumple una condena de 10 años en una prisión militar por intento de golpe de Estado; en tercer lugar se ubica el actual mandatario, Nicanor Duarte Frutos con 14,9, que busca ser reelecto, pero para ello tiene que ser modificado la Carta Magna que imposibilita la reelección. Los políticos mejor posicionados en la encuesta, paradójicamente sus postulaciones están siendo obstaculizados o debatidos.

La decisión de Fernando Lugo de abandonar los hábitos para lanzarse a la arena política al frente de una coalición opositora ha generado diversas reacciones en políticos, empresarios y la misma iglesia católica encabezada por el Vaticano que lo suspendió “a divinis”, osea una impugnación a su solicitud de volver al estado laico en el seno de la Iglesia por insistir en la pretensión de aspirar a la presidencia.

La resolución papal aprovecho el presidente Duarte Frutos para pedir un cambio de la Constitución, para que ambos puedan presentar sus candidaturas. «Me solidarizo con Lugo en este momento porque estamos en la misma situación. Queremos ser candidatos pero aparentemente existen pequeñas trabas jurídicas», declararía el gobernante, unos días después del documento emitido por Benedicto XVI el pasado 1 de febrero.

La Constitución paraguaya establece que son inhábiles para ser candidatos a la Presidencia de la República o a la Vicepresidencia los “ministros de cualquier religión o culto” y también veta la reelección del jefe del Estado. Un cambio de la Carta Magna es rechazado por todos los partidos de la oposición parlamentaria.

La decisión del Vaticano de sancionar al prelado pero manteniendo su estado eclesial abre un debate jurídico y político sobre la legalidad de una eventual candidatura del obispo. La Nunciatura Apostólica Paraguaya ha divulgado la trascripción de la advertencia que le envió el Vaticano el 20 de diciembre pasado al ahora ex clérigo, firmado por el prefecto de la Congregación para los Obispos, el cardenal Giovanni Battista, donde le recordó que su candidatura presidencial no es congruente con la misión sacerdotal y episcopal, cuyo objetivo es la salvación de las almas.

Además reconoce que la misión de Lugo incluye la preocupación por los problemas sociales, pero dicha tarea se debe desempeñar de acuerdo con el colegiado episcopal.
Para el obispo emérito de Encarnación, Jorge Livieres Bank, sigue siendo un ministro católico. En cambio para el titular de la diócesis de Concepción, Zacarías Ortiz, Lugo puede se candidato a la presidencia paraguaya. Según Zacarías Ortiz, la sanción es exclusivamente del ámbito eclesiástico, “como ciudadano paraguayo en uso de sus facultades puede ser candidato a jefe del Estado”. El obispo castrense Ricardo Valenzuela afirmó que siente profundamente que el obispo haya tomado el camino de la renuncia. “Es un hermano que nos dejó, pero ésa es una decisión personal». Por su parte, el obispo de la diócesis de Misiones, Mario Melanio Medina, declaró que Lugo “no es un fracasado, es un hombre exitoso porque mientras ejerció el sacerdocio acompañó la lucha del pueblo pobre por la conquista de la tierra propia y criticó a las autoridades deshonestas. Yo votaría por él, si se pudiera, cien veces”.

“He dado el paso necesario para que la Constitución me habilite para que yo sea candidato. Creo que la suspensión del Vaticano no influirá en que la Constitución me habilite o no”, había manifestado el obispo luego de conocerse la sanción. Antes la candidatura del obispo, las reacciones de los políticos oficialistas, especialmente del Partido Colorado no se hicieron esperar.

Lugo se presentó a la arena política con la intención expresa de liderar un amplio movimiento nacional para derrotar en 2008 al Partido Colorado, en el poder desde hace 60 años en Paraguay. Según los colorados, Lugo sigue siendo ministro de la iglesia y la Constitución Nacional prohíbe a un religioso postularse para un cargo electoral.

El senador Silvio Ovelar, miembro de la junta de gobierno del partido colorado, enjuició al religioso aseverando: “Me parece muy bien que se haya dejado de hipocresía y del fariseísmo y asuma la conducta que desde hace tiempo quería ejercer. Lugo va a tener muchas decepciones porque ejerciendo un cargo clerical él era un líder integrador y hoy va a ser un líder sectario que va a generar varias divisiones en la República».

El vicepresidente de la república, Luis Castiglioni, uno de los precandidatos a presidente por el oficialismo, se refirió a monseñor Lugo como un “manipulador y un farsante porque vistiendo la sotana hace más de un año venía formando pequeñas células políticas para sustentar su candidatura, en forma paralela a su labor pastoral y eclesiástica”.

Las otras reacciones negativas llegaron desde el empresariado. Alberto Soljansic, titular de la Asociación Rural paraguaya, acusó al ex clérigo de apoyar invasiones de tierras en el departamento de San Pedro, donde era obispo. Gustavo Volpe, dirigente de la Unión Industrial Paraguaya, insinuó que Lugo podría recibir ayuda financiera del presidente venezolano, Hugo Chávez, y advirtió sobre cambios radicales que podrían llegar con su ascenso al poder como la nacionalización.

Pero el salto al ámbito político del ex obispo fue saludado por los opositores: “Está bien que alguien como Lugo ingrese a la política. Es necesario y oportuno. Esto le dará más dinamismo a todos los partidos políticos y una oportunidad de sanearse también”, dijo el presidente del Congreso y del partido UNACE, senador Enrique González Quintana.

Por su parte, el senador Miguel Carrizosa de la agrupación Patria Querida, señaló que Lugo “viene a sumar, no a restar o dividir dentro del espacio de la concertación opositora que se está integrando”.

El virtual candidato a las elecciones presidenciales está rodeado de asesores, quienes señalan que está plenamente habilitado para ser candidato a presidente porque está privado del ejercicio de su oficio episcopal y sus funciones sacerdotales. Sus abogados sostienen que la sanción del Vaticano no se contrapone al artículo 235 de la Constitución que veta las candidaturas de los religiosos.

Fernando Lugo (55) es visto como el único que puede aglutinar a la oposición en torno a la Concertación Nacional, creada por las fuerzas opositoras, con el respaldo de al menos medio centenar de organizaciones sociales para derrotar al Partido Colorado, en el poder desde 1947. El Movimiento Tekojoja (vida igualitaria o igualdad en guaraní), es uno de los brazos político del ex obispo, junto con “Paraguay Posible”, encabezado por su hermano Pompeyo Lugo.

¿Pero quien es Fernando Lugo?

De origen humilde, Fernando Armindo Lugo Méndez nació en la localidad de San Solano, distrito de San Pedro del Paraná, departamento de Itapúa, el 30 de mayo de 1951. La figura de Fernando Lugo esta marcada por la feroz dictadura de Alfredo Stroessner. Sus padres lo indujeron a no involucrarse en política por temor a que termine en el exilio como su tío, el músico y caudillo colorado Epifanio Méndez Fleitas. Se graduó de profesor de educación primaria en 1969, al año siguiente ingresó al noviciado de los misioneros del Verbo Divino, ordenándose sacerdote el 15 de agosto de 1977 con el título de licenciado en Ciencias Religiosas. Estuvo como misionero en Ecuador.

A mediados de los años ’80 viajó a Roma para estudiar Espiritualidad y Sociología, accediendo al título de licenciado en Sociología con especialización en la Doctrina Social de la Iglesia Católica. El 17 de abril de 1994 se ordenó de obispo, el 29 de mayo del mismo año asumió la diócesis de San Pedro, -una de las zonas más pobres y de mayor conflicto social del país- cargo al cual renunció el 7 de enero del 2005. El 21 de diciembre pasado renunció a la vida sacerdotal; desde el día de la navidad inició la actividad política.

“¡Quién hubiera pensado que esto también me llegara a la vida en esta edad!, y hoy, este 25 de diciembre, oficialmente tomo la determinación de ponerme al servicio del pueblo paraguayo a través de la política, esperando que la comunidad me asigne el rol que tendré que desempeñar. Tenemos que poner punto final y definitivo a esta larga historia de exclusión. Es necesario devolver al pueblo toda la soberanía y todo el poder», fueron las primeras palabras de Fernando Lugo, durante su presentación como político en el día de navidad.

“Yo nunca he abordado el tema personalmente. Lo que hubo es un pedido, un petitorio con 100.000 firmas de personas que ven en mí a la figura más creíble, más confiable, para llevar adelante los cambios que necesita el país”, es la respuesta de Lugo Méndez a la pregunta de por qué se postula a la primera magistratura de la Nación guaraní
“Quiero cambiar el modelo económico para revertir los graves desequilibrios sociales que sufre este país, donde la gran mayoría vive en un nivel de pobreza y el 30% en la miseria más escandalosa, que como cristiano no puedo aceptar.”

Desde los primeros meses del año 2007, Monseñor Lugo -como lo siguen llamando sus seguidores- comenzó su campaña política con pequeños mítines en localidades del interior del país, denominado Ñemongueta Guasú con la gente, (en guaraní diálogo con la gente), empezando por el departamento donde fue obispo, San Pedro, luego recorrió el Chaco central en el departamento Occidental, fronteriza con Bolivia donde visitó comunidades indígenas; algunos barrios de Asunción y el departamento de Canendiyú.

En sus recorridos, habla de reforma agraria, de combatir la corrupción, destronar a la mafia del poder y de la necesidad de recuperar la “soberanía energética”, osea que la energía eléctrica que le sobra a Paraguay sea vendida a precio de mercado y no a precio de costo, como es actualmente con sus socios en las dos hidroeléctricas, Itaipú con Brasil y Yacyreta con Argentina.

El Obispo Lugo reveló que hace tres meses rechazó 1 millón de dólares de donación para su campaña por parte de un empresario que no quiso identificar de Ciudad del Este, en la Triple Frontera (Argentina, Brasil y Paraguay), una zona considerada un centro de contrabando, tráfico de drogas, armas; y bastión de terroristas islámico según EE.UU., teniendo en cuenta que una importante comunidad musulmana vive en dicha zona.

El ahora ex obispo se estaba desempeñando como director del colegio Verbo Divino, pero tras ser confirmada la amonestación de la Santa Sede, las autoridades de la Congregación Verbo Divino le solicitaron que retirarán del edificio sus ropas y libros. Actualmente está viviendo en una residencia particular, alquilada en el distrito de Lambaré, en un suburbio de la capital paraguaya, por lo que el gobierno también se empeña en reforzarle la seguridad ya que él mismo confirmó que fue amenazado de muerte.

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