«El intelectual tiene que decir lo que se le da la gana, pero la realidad nos polariza»

—¿A su criterio cuál es el papel que deben asumir las Ciencias Sociales y los intelectuales en esta etapa histórica?

—Observando la izquierda, estoy pensado en el marxismo en particular. El pensamiento crítico está sufriendo un problema grave. Caracterizando las primeras generaciones de marxistas, todos eran intelectuales y dirigentes políticos. Estaban convencidos de que tenía sentido ser marxistas, críticos del capitalismo, vinculados a la práctica, tomando en cuenta la política y la correlación de fuerzas y su generación. En este aspecto, las consideraciones sobre el marxismo occidental de Perry Anderson resaltan que, a partir del momento en que los partidos se stalinizaron, no hubo espacio de debate político, sumado a la represión desde el fascismo y otros factores que contribuyeron a separar la práctica política de la intelectualidad crítica. Así, en el comienzo de una teoría política sin práctica y una práctica sin teoría, los dirigentes pasaron a ser dirigentes sin ser intelectuales y éstos últimos pasaron a pensar otras cosas o a tener puntos de vista altruistas. Entonces el intelectual insiste con la teoría y eso lo sufrimos fuertemente. Una parte fue captada por el neoliberalismo, la socialdemocracia y el nacionalismo. Algunos se refugiaron en la fragmentación del saber académico y renunciaron a las grandes interpretaciones y otros en un pensamiento de ultraizquierda refugiándose en la teoría. Para el marxismo, lo único ortodoxo, decían, es la metodología en un proceso concreto; pero es una tragedia la separación de la teoría y la práctica en esta faz agudizada por estos factores selectivos. Hoy, los procesos políticos están más avanzados que la construcción teórica.

—¿Hay alguna literatura política viable que se esté construyendo desde América Latina?

—El modelo del intelectual latinoamericano hoy es el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, y no porque esté en el gobierno, sino porque su reflexión ayuda al proceso a avanzar. Hay otros críticos de la izquierda que se pierden en acentuar sus diferencias con el proceso y terminan alejándose; por ejemplo, al momento de una votación trascendental lo hacen por el no. El intelectual tiene que decir lo que se le da la gana, pero la realidad nos polariza en el campo constituido entre la izquierda y la derecha. Nadie puede decir “éste es el partido de mis sueños y ahí voy yo”. Hay un libro de García Linera que habla de marxismo e indigenismo que hemos publicado en los cuadernos de pensamiento crítico (Marxismo, nacionalismo e indianismo en Bolivia. La “nueva izquierda” del presidente Morales.). Antes, la izquierda tradicional llamaba al indio y le decía: “usted trabaja la tierra, entonces es campesino y pequeño propietario rural. Olvídate de que eres Aymará o Quechua, aliado vacilante de la clase obrera”. “Aguante el minero que viene a darte la línea política!” Ese indio produce de forma comunitaria, esas personas son pequeños productores… Entonces el texto de García Linera abrió un camino para recomponer un sujeto histórico nuevo, que es antineoliberal. No es el pequeño productor de la Rusia atrasada, es un tipo que frenó la privatización del agua, que tiene un sujeto, que tiene un gran elemento de anticapitalismo potencial. Entonces hay que redescubrir el nuevo sujeto histórico a partir del análisis concreto, ¿no? Gramsci dijo que la historia de la revolución es contra el capital, no por ser revolucionario uno debe vestirse de rojo.

Desde afuera, Álvaro García Linera ha tomado posición y ellos lo capitularon. El intelectual neoliberal habla de García Linera como un hombre que traicionó a la ciencia. ¡Por favor! Ya no estamos para descubrir las formas concretas, y aunque pueda que sí, ya no es un proceso atrasado. Hay que descubrir la diferencia de las contradicciones, captar las verdaderas contradicciones. Yo creo que en este momento, Bolivia está en un proceso de tendencia nacionalista, como el mulato Chávez que quiere dirigir el proceso, lo cuál contradice la teoría de la intelectualidad sofisticada, socialdemócrata. Que Sánchez de Losada fracase y Evo resulte… que Fernando Enrique fracase y Lula resulte… ¡¿Qué cagada para la modernidad capitalista?! Esos presidentes que estaban allá en el Foro Social, están todos offside, esos marginales… un dirigente indígena, un cura campesino, un líder sindical, un intelectual crítico, un militar nacionalista mulato entre la gente blanca, son bien heterodoxos. Hay que descubrir cómo ese proceso avanza y se consolida. En el contexto global, América Latina pasó de ser el paraíso neoliberal a ser el eslabón más débil de la cadena del liberalismo en el mundo. Y sin ser un proceso revolucionario radical, hay que valorarlo para ver cómo se construyen alternativas al neoliberalismo.

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