El Gulag planetario de Bush

Mercedes Iñiguez.- El Periódico

«Negocios o placer. Ofrecemos lujo y elegancia. Ahora puede disfrutar de libertad y flexibilidad». Así se anuncia la compañía aérea Gulfstream. Es fácil imaginar la amargura que sienten algunos de sus viajeros al escuchar esta publicidad. Son los prisioneros «valiosos» de la CIA, que utiliza esta aerolínea privada para algunos de sus vuelos más siniestros.

Esos viajes se han multiplicado después del 11-S. Miles de sospechosos han sido trasladados al otro extremo del mundo, a países de Oriente Próximo o Asia, para poder interrogarlos sin trabas. A finales del 2002, el coordinador de Antiterrorismo del Departamento de Estado, Cofer Black, declaró que en todo el mundo había unos 3.000 terroristas detenidos. De todos ellos, sólo el talibán estadounidense, John Walker Lindh, y el francés Zacarias Moussaoui, han comparecido ante un tribunal civil.

Vacío legal

Sandy Berger, consejero de Seguridad Nacional del presidente Bill Clinton, se inventó la «rendition» en 1996. Este término legal, que significa literalmente «entrega», es un concepto alternativo al proceso legítimo que es la extradición. Esta nueva manera de bordear las leyes permite trasladar a supuestos terroristas por varios países sin violar las leyes. Ninguna norma concreta prohíbe llevar a los detenidos a prisiones en otros países. Es una de las piedras angulares de un sistema concebido para hacer frente al terrorismo internacional.

La red de prisiones en el extranjero forma un archipiélago secreto, aunque algunas de ellas se han hecho muy conocidas últimamente, como la base de Guantánamo en Cuba y el centro de interrogatorios de la CIA en la base aérea de Bagram, en Afganistán. Grupos de derechos humanos han denunciado reiteradamente que las condiciones de los confinados en Bagram son terribles. Nadie tiene acceso a ella y la muerte de varios prisioneros no ha sido aclarada.

Otra cárcel célebre es la base aérea de la isla de Diego García en el océano Índico. Entre los presuntos miembros de Al Qaeda retenidos destaca Iriduan bin Isamudin, alias Hambali, principal sospechoso del atentado de Bali, que costó la vida a más de 200 personas. La base es de jurisdicción británica pero alberga conjuntamente a fuerzas navales estadounidenses e inglesas.

«Combatientes de guerra»

En Guantánamo, denuncia la asociación Human Rights Watch en un informe de este año, se producen continuas violaciones de los derechos humanos. Sólo la Cruz Roja Internacional puede entrar. Desde abril del 2002, 600 prisioneros de la guerra en Afganistán han sido trasladados a la base, y la mayor parte sigue allí. Después de dos años, un «tribunal militar» ha comenzado a revisar su estatus artificial de «combatientes de guerra» para ver si ha de concederles un proceso judicial normal.

Además de estos centros, EEUU cuenta con varias cárceles secretas. Las que mejor se conocen son un centro flotante de la unidad de la Marina estadounidense en el océano Índico y un campo de interrogatorios sin una localización precisa que la CIA llama, con sorna, Hotel California.
Observadores internacionales sugieren la existencia de otra prisión secreta construida ex profeso para los miembros de Al Qaeda cerca de Asuán (Egipto). Egipto recibe de EEUU cada año cerca de 1.300 millones de dólares (1.050 millones de euros).

Policía egipcia

En cuanto a las cárceles de los aliados de EEUU, la más temida es la del cuartel general secreto de la policía egipcia en la plaza de Lazoghly en el Cairo. Allí permanecen algunos de los prisioneros más secretos de EEUU, y por allí pasaron nombres ilustres del islamismo como Aymán al Zauahiri, médico y brazo derecho de Osama Bin Laden, y Sayid al Qutb, intelectual extremista y artífice de la filosofía que inspira a los radicales. Se acabó de construir en el 1993, no la ha visitado nadie y no se sabe quién está detenido actualmente.

Otra cárcel temible para los islamistas es Far Falasin, del servicio del espionaje sirio, en Damasco.

Robert Baer, ex agente de la CIA, afirma que la agencia trabaja encubiertamente en todo Oriente Próximo: «Si quieres un interrogatorio de verdad, mandas al prisionero a Jordania. Si lo que quieres es que sea torturado, lo mandas a Siria. Si después deseas que desaparezca, lo envías a Egipto».

Los detenidos por terrorismo islamista son juzgados por tribunales militares y condenados a muerte o a cadena perpetua, y sólo puede conceder clemencia el presidente de EEUU, George Bush, quien firmó 150 condenas de muerte cuando era gobernador de Tejas.

Aleksandr Solzhenitsin describió las cárceles soviéticas en su libro Archipiélago Gulag, un conjunto de prisiones conectadas dentro de la URSS. El Gulag de Bush se extiende por todo el planeta.

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