El futuro argentino de la conexión china: ¿una economía que se debate entre el águila y el dragón?

Por Causa Popular.- Finalmente aparecieron los 20 mil millones. Idas y vueltas, marchas y contramarchas se detuvieron por la fuerza de los anuncios de acuerdos estratégicos firmados entre el presidente chino Hu Jintao y Néstor Kirchner, aunque los más jugosos corresponden a los acuerdos sellados con las empresas privadas chinas. Pero el gigante Chino no sólo pasó por Buenos Aires. Brasil, Chile y Cuba, son los restantes países latinoamericanos con los cuales se establecieron y establecerán los acuerdos necesarios para sostener el crecimiento anual de un 9,1% y su correspondiente succión de materias primas para sostenerlo.

Si bien este nuevo escenario les permitirá a los latinoamericanos disminuir los lazos de dependencia con el Imperio norteamericano, el otrora patio trasero de los Estados Unidos, comienza a perfilarse como el granero y las minas del «dragón» asiático. El «águila» y «el dragón», ¿dos caras de una misma moneda?

En el análisis de la semana pasada Causa Popular sostuvo que «cada semana entran en China 1.000 millones de dólares en inversiones directas y en lo que va de año se han creado unas 15.000 nuevas empresas. (…) La gran inversión que se realiza en China está tirando a su vez de la economía mundial. (…) De la economía china depende un 28% del crecimiento de la alemana y un 21% de la de Estados Unidos.

Los chinos aportan el 25% al crecimiento del PIB mundial, mientras que Estados Unidos aporta un 20% y la Unión Europea un 14%. Eso da idea de la gran influencia que va a tener lo que pase en China sobre el resto del mundo

Esta influencia comienza a perfilarse con contornos precisos mediante los acuerdos realizados y a realizarse con cuatro países fundamentales en la economía latinoamericana como son Brasil, Argentina, Chile y Cuba -a estos hay que agregarle Venezuela con la cual China ya firmo acuerdos de inversión por 15 mil millones de dólares.

China necesita de la economía de los países de donde extrae las materias primas para sostener su crecimiento y acompañar el vertiginoso ritmo que tiene. Claro está que esto no sería posible con la capacidad instalada con la que cuentan los países latinoamericanos.

Si varías empresas asiáticas se comprometen a invertir 8 mil millones de dólares en los ferrocarriles argentinos, la causa está lejos de mejorar el confort y la rapidez del transporte de pasajero, sino que en el centro se encuentra la mayor velocidad y el abaratamiento de los costos del transporte de materias primas para ser exportada.

Aunque no es posible negar que las inversiones asiáticas que llegan desconociendo todas las restricciones puestas por los organismos de crédito internacionales desde que el gobierno argentino se declaró en default, dinamizarán y reactivarán la economía nacional.

Las nuevas inversiones anuncian una gran dependencia respecto del desarrollo de la economía China. Dependencia de la que ningún país del mundo parece que podrá estar ajeno ya que China será la segunda potencia mundial en cinco años y la potencia hegemónica en el 2030.

El escenario que se preanuncia lo describíamos en la edición de la semana pasada de la siguiente manera: «al desacelerarse la locomotora china se frenaría también la economía mundial (….) Iremos sin remedio a la recesión. Por otro lado, resulta que China ha acumulado en estos años casi medio billón de dólares en reservas internacionales, casi todas en dólares y dedicadas a comprar grandes cantidades de Bonos del Tesoro estadounidense.

Eso es lo que está permitiendo financiar el colosal déficit exterior y el no menos fabuloso déficit fiscal que ha generado el presidente Bush. Pero si China limitara su flujo de fondos hacia Estados Unidos los norteamericanos se encontrarían en una situación difícil. (….)

La desaceleración de la gigantesca economía china parece que va a ser un hecho. Por lo tanto, se puede apostar a que se extenderá una caída de la actividad en todo el mundo. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que una media del 60% del incremento de las exportaciones chinas en los últimos quince años, corresponde a empresas extranjeras. En consecuencia, si se frena allí la actividad se notará claramente fuera de China. Incluso es posible que mucho más.»

Un panorama que se convierte en el marco ineludible desde el cual deberían analizarse los acuerdos chinos, realizados y por hacerse, con los países latinoamericanos.

Brasil está vendiendo enormes cantidades de mineral de hierro de alta calidad a China. Chile y Perú están vendiendo el cobre y los agricultores de todo el cono sur están vendiendo poroto de soja al vasto mercado chino. Los productores de petróleo, tales como Venezuela y México, se están beneficiando del alza de los precios que reflejan, por lo menos en parte, la demanda china.

El año pasado las exportaciones de commodities de Argentina y Brasil ayudaron a Latinoamérica a generar un superávit comercial de 3.300 millones de dólares con China, contribuyendo a un aumento del 50 por ciento en el comercio bilateral, que totalizó 28.800 millones de dólares.

China es hoy el mercado de exportación que crece en forma más acelerada para Brasil, el comercio entre los dos países se ha cuadruplicado en los últimos cuatro años. Y, a pesar de uno o dos percances en el mercado de la soja, el crecimiento ha continuado este año.

Las exportaciones de Argentina a China en los primeros cuatro meses sumaron 807 millones de dólares, un 66,0% más que en el mismo período del año pasado. «Muchos países latinoamericanos están bien posicionados para proveer al mercado chino con productos agrícolas, alimentos procesados y bebidas» dijo un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo.

El próspero comercio de materias primas ayudó a Latinoamérica a generar superávits comerciales y -al menos por ahora- superar los temores de que fabricantes chinos de bajos costos arrasen a sus competidores latinoamericanos, especialmente en países como México, Honduras y República Dominicana, que hicieron importantes incursiones en el mercado americano en sectores como el textil y electrónico.

Como se señalaba anteriormente, la necesidad China de asegurar el abastecimiento futuro de materias primas ofrece la perspectiva de una gran cantidad de inversiones directas chinas. Compañías chinas ya participan en minas de hierro en Perú, yacimientos de petróleo en Ecuador y minas de oro en Venezuela.

El año pasado más de 1.040 millones de dólares fluyeron de China hacia Latinoamérica, según el Ministerio de Comercio chino. Y esa cantidad podrá aumentar significativamente en breve.

Después de su noveno viaje a China en apenas 18 meses, Luiz Fernando Furlan, Ministro de Desarrollo de Brasil, divulgó en mayo que esperaba asegurar 5.000 millones de dólares en inversiones en proyectos que van desde una nueva línea férrea hasta mejoras en dos puertos.

Queda claro que este escenario económico perfila a Latinoamérica demasiado dependiente de una estrecha gama de materias primas volátiles. Aunque en lo inmediato la expansión china puede proveer a la región del superávit que necesita para reducir los niveles de la deuda y reforzar la recientemente ganada estabilidad macroeconómica, política a la que parece apostar el gobierno argentino.

Pero en el fondo el modelo económico alternativo al neoliberalismo es lo que no se discute. La conexión con China podría abrir el camino para que Latinoamérica se consolide como un productor barato de materias primas.

Si eso sucede daría lugar al resurgimiento de un modelo del desarrollo basado en el concepto económico clásico de la ventaja comparativa en vez de ideas más recientes, tales como la sustitución de importaciones y el desarrollo de la industria local. Una nueva cara que puede tomar la dependencia económica si este camino se profundiza.

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