El FMI y el cuento de la buena pipa

Los 2.800 millones de dólares que aceptó la Argentina del Fondo Monetario Internacional no son un préstamo. Su incorporación a la cuenta de divisas no requerirá el previo cumplimiento de un plan de ajuste económico, una exigencia que el FMI mantiene invariable a pesar de la crisis financiera internacional. Se capitalizarán DEG’s, una especie de certificado o cuasi-moneda cuyo valor se establece con una canasta de divisas fuertes de los Siete industrializados.

En la jerga del organismo multilateral, hay dos tipos de asistencia financiera: el automático o standy-by y el excepcional “súper tramo oro”, un anacronismo verbal desde que el patrón oro cedió al reino del dólar. El FMI presta divisas a los países que tienen problemas en su balance de pagos, es decir, a aquellos que no pueden devolver préstamos en divisas a sus acreedores externos, ¡como el propio FMI!

Es la versión monetaria del cuento de la buena pipa: un nuevo préstamo para devolver otro préstamo para devolver otro préstamo para devolver otro préstamo.

Tales adelantos se entregan luego de que el receptor se compromete a cumplir una serie de metas fiscales: fuertes recortes estatales en gastos “improductivos” (sueldos, educación, salud, circulante de moneda local) a fin de asegurar que se abonen los “productivos”: deudas financieras a bancos y al propio FMI, pago de regalías, giro de ganancias de empresas extranjeras, fletes. Todo lo cual se resuelve con una devaluación para que la divisa sea más fuerte y la moneda interna, más débil. Su rol rector comenzó a entrar en el cono del silencio durante la crisis de los petrodólares en los primeros años ‘70 porque se disponen de financiamiento más barato en los bancos.

Durante la reunión del G-20 en Londres a principios de año, Argentina, India y Brasil habían reclamado cambios en la composición del directorio del organismo y en sus evaluaciones técnicas.

Inútil. Los Siete Fantásticos decidieron capitalizar al FMI aumentando las cuotas de Estados Unidos y Europa (emisión de dólares y euros mediante), dejando intacto todo lo demás, por lo cual las autoridades argentinas optaron por recurrir a hacerse de divisas provenientes de otros multilaterales como el Banco Mundial y el BID.

Como consecuencia de la ratificación de tal política imperial, varios países de la Europa del Este ex-comunista que clamaban financiamiento luego de que sus pares ricos del oeste le cerraran el mercado del euro, fueron “asistidos” por el FMI con rebajas salariales, contracción del circulante, devaluación y recorte drástico de los sistemas de salud, educación y jubilaciones, por lo que entraron en un espiral irrecuperable de ajuste cayendo en la categoría de inviables.

Miles de húngaros, rumanos, letones, polacos y lituanos se están desparramando por Italia, Francia y Alemania, despertando el enano fascista de los europeos. Una de las primeras consecuencias de ese miedo generalizado por la invasión de inmigrantes ilegales que no entran por los pasos de frontera, fue el triunfo derechista en el voto para el Parlamento comunitario. Hoy mismo, la población local del norte industrializado de Italia ve a un rumano detrás de todo robo, hurto u homicidio que se produce en la península, cuando quince años atrás, la invasión bárbara llegaba por vía marítima ilegal proveniente de Croacia, Bosnia y Macedonia.

Los millones en DEG’s que aceptó Argentina se pueden comercializar cuando terceros países tengan problemas financieros y huyan de la medicina del Fondo. No suponen ningún plan de ajuste, ni previo ni ex post facto, y se relacionan más con los acuerdos firmados con China y Brasil para no estar tan atados al dólar.

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