El fin del humor político

Siempre tengo presente la época cuando hacía, editaba y dibujaba las tapas de la Revista Humor. Allí creo que hubo algunos aciertos interesantes, ya que desde la portada de una revista se podía contar los que nos estaba pasando. Las tapas eran casi un editorial, donde nosotros proponíamos una serie de temas y casi siempre, especialmente durante la dictadura, castigábamos fuertemente al poder.

Creo que eso cambió mucho para gente como yo, que hace humor político casi profesionalmente. Quizá era más fácil hacerlo con un gobierno de facto, ya que había más temas para hablar y enfrentarlo. El único problema que existía era eludir la censura o saber dónde estaban los límites. El asunto era llegar lo más lejos posible, después retroceder ante la respuesta del poder y luego volver a avanzar.

Fue una gran dinámica de trabajo que se hizo especialmente durante la dictadura y el gobierno de Menem. Personalmente, dejé de hacer las tapas durante el gobierno de Alfonsín, y después volví cuando regresaron con Menem todos aquellos que habían sido ideólogos de la dictadura. Estaban todos de vuelta: Cavallo, Martínez de Hoz, los hermanos Alemann. Ahí volví a hacer las portadas de la revista con la idea de que desde allí podíamos reírnos o enfrentar al poder de turno, en este caso más abocado a la corrupción que a la violencia.

Sin embargo, una cosa que sí se hizo durante el gobierno de Menem fue atacar violentamente a la cultura. Y el humor político es parte de nuestra cultura, con antecedentes muy valiosos a principios del siglo pasado como la revista El Mosquito. Y con algunos autores que llegaron a la Argentina y desarrollaron toda una técnica muy especial de humor político, que era ideológicamente muy interesante. Esto terminó con un gran desarrollo en el diario Crítica de Natalio Botana, donde se reunieron unos cuantos talentosos. Ahora estoy un poco nostálgico, pero ese humor político desde donde se contaba lo que estaba pasando en el país, ya no existe.

Recuerdo algunas portadas de Humor. En la época de Malvinas, el Canciller Costa Méndez descubriendo en la cama al representante norteamericano (Alexander Haig) con Margaret Thatcher, que representa la traición. O aquella otra gran traición cuando Perón abre también la puerta de un dormitorio y está Menem con Alsogaray y el Almirante Rojas.

A mí me acusaron de gorila en algunas notas, pero más gorila que Menem no hubo. Creo que el trabajo que hizo Menem fue, primero, completar la obra de Martínez de Hoz a nivel económico con tipos que eran de la misma ideología, y después otro de sus “logros” fue acabar con la cultura. En su mandato cerraron unas 50 editoriales, sobre todo Pymes. A mí me da la sensación que ahí es donde perdimos todas esas iniciativas de revistas de humor y culturales. Su gobierno fue como una especie de pozo o agujero negro donde la cultura se cayó a pedazos.

Con el cierre de Ediciones de la Urraca se acabaron un montón de posibilidades de hacer una revista de humor, especialmente humor político. Hoy se acabaron esos medios que apostaban a las revistas de humor. Los diarios les dan posibilidades a quienes les conviene y encima en los medios de comunicación los que deciden son los sponsors. Me parece que el humor de hoy es más chismoso que político, no cuenta realmente lo que está pasando y es decidido por la línea que editorialmente baja el medio. Por eso creo que por ahora se terminó por un largo rato el humor político.

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