¿El fin de Bush?: Katrina ya es el “tsunami” de EEUU pero los recursos para la emergencia siguen en Irak

Por Causa Popular.- Si bien no pasó mucho tiempo desde que George Bush fue reelegido, antes que sucediera la tragedia que azota el sur de los Estados Unidos, algunas encuestas comenzaban a dar cuenta de que la guerra de Irak ya no tenía tanto apoyo de la población como cuando los soldados norteamericanos invadieron ese país en busca de armas de destrucción masiva. A pesar de esto, el apoyo popular a la gestión del presidente superaba el 50%. Pero un nuevo escenario se abre luego del paso arrasador del huracán Katrina. Una encuesta divulgada por los medios estadounidenses da cuenta de que la mayoría de la población cree que el gobierno de George W. Bush no está haciendo lo suficiente para ayudar a las víctimas del huracán Katrina. Cómo la furia de la naturaleza puede ser el principio del fin de la aventura guerrerista del país más poderoso del planeta.

El panorama de devastación que dejó el huracán Katrina en Estados Unidos comprende Nueva Orleáns inundada, incomunicada y asolada por saqueos -ver aparte- , así como pérdidas materiales que algunos analistas calculan en 35 mil millones de dólares; además, el fenómeno paralizó la producción petrolera en el Golfo de México y amenaza con aumentar el precio de los combustibles, con las desastrosas consecuencias económicas que esto tendría en un país, cuyos automovilistas consumen el 11 por ciento del crudo que se extrae en el mundo mundial.

El meollo de la situación en curso es que cuatro días después del paso de la tormenta por el Golfo de México, ocho grandes refinerías aún están cerradas y varias de ellas tardarán un mes o más en reabrir. Adicionalmente, mientras las principales petroleras están por ahora permaneciendo calladas, existen rumores en la industria sobre daños significativos no reportados a gasoductos, centros de recaudación de energía y plataformas de producción en altamar que podrían tardar meses, y hasta años, en ser reparados.

El huracán provocó además daños catastróficos a lo largo de la costa, cuando azotó el estado de Louisiana con vientos de 224 kilómetros por hora. Luego arrasó Mississippi, Alabama, Tennessee y el oeste de Florida. Destruyó edificios, vehículos, arrancó árboles e inundó ciudades.

El martes por la mañana Katrina entró en la región noreste del estado de Mississippi como tormenta tropical con vientos de 80 kilómetros por hora, informó el Centro Nacional de Huracanes.

Importantes áreas de Nueva Orleans, la ciudad más afectada y la más pobre, se encuentran a seis metros bajo el nivel del mar. Estas existen gracias a diques, estaciones de bombeo y su sistema de canales. La prensa norteamericana puso su mirada sobre el presidente Bush al conocerse los fondos necesarios para mantener esta infraestructura hídrica fueron desfinanciados para aumentar el dinero destinado a la guerra con Irak.

El sistema de diques que protege Nueva Orleáns del río Mississippi se rompió la madrugada del martes y permitió que el agua del lago Pontchartrain inundara 80 por ciento de la ciudad. “Es nuestro tsunami”, dijo el alcalde de Biloxi, A. J. Hollway, donde se habían confirmado 30 muertes, cuando un edificio de apartamentos se colapsó por la fuerza del huracán.

El país más poderoso del mundo gasta 5.600 millones de dólares al mes por mantener la invasión de Iraq y vendió 12.400 millones de dólares en armas el pasado año, su presidente pasa cien días al año de vacaciones en su racho de Texas, desde donde ahora parece que ha decidido salir.

A pesar de ser el Estado con más presupuesto del mundo, y que el gobierno contó con el tiempo suficiente para evacuar las zonas que iban a ser afectadas por el fenómeno natural, gracias a la advertencia del Centro de Prevención de Huracanes que cuenta con la tecnología más avanzada y los mejores especialistas del planeta, el Estado norteamericano dejó desamparados a los habitantes de cinco estados sureños que hoy se someten a la ley del más fuerte para intentar sobrevivir.

Cuatro días después del paso del huracán, cuando miles de personas se encuentran desaparecidas, más de un millón fueron evacuadas desde la zona del delta del río Mississippi hacia los estados vecinos, lo que constituye el mayor movimiento de personas ocurrido en Estados Unidos desde los tiempos de la Guerra de Secesión.

Se trata de una evacuación aún más importante, en términos numéricos, que la provocada en 1906 por el terremoto de San Francisco, que redujo a esa ciudad a un montón de ruinas, o la de los años 30 por la Gran Depresión.

Los efectos de la guerra en Irak

Una de las mayores críticas a los operativos de rescate dispuestos durante los días posteriores al paso del Katrina, fue la falta de preparación de los efectivos de la Guardia Nacional que participaron del mismo.

A principios de este mes, la Guardia Nacional de Louisiana se quejó públicamente de que la mayoría de su equipamiento estaba en Irak.

La filial local de la cadena de noticias ABC informó que decenas de vehículos anfibios, jeeps Humvee, unidades abastecedoras de aeronaves y generadores están fuera del país por lo que no podrán participar en las acciones de prevención y actuación frente al huracán Katrina.

La Guardia Nacional ha participado en operaciones de rescate y mantenimiento del orden en la zona del desastre, pero unos seis mil miembros de la Guardia de Louisiana y Mississippi, con conocimiento del terreno arrasado por el trágico huracán, tuvieron que ver la catástrofe desde 11.200 kilómetros de distancia, en Irak.

El cuarenta por ciento de la Guardia Nacional de Mississippi y el 35 por ciento de la Guardia de Louisiana están en Irak.

En los últimos ocho meses, 23 miembros de la Guardia Nacional de Louisiana murieron en Irak. Sólo la unidad de la Guardia de Nueva York ha sufrido tantas bajas en Irak.

Algunos de estos guardias fueron volviendo y otros se encuentran en camino, las autoridades de los Estados afectados esperan desplegar 40 mil efectivos.

Un sargento y policía militar de la Guardia Nacional, desplegado en el Superdome -uno de los estadios de Béisbol más grandes del país que alberga refugiados- desde el lunes anterior después de servir 14 meses en Irak, declaró este jueves al diario The Washington Post:

“Esto es un caos masivo. En verdad, preferiría estar en Irak. Uno enfrentaba un peligro constante, pero tenía con que protegerme, y tres alimentos al día, comunicación, un plan; aquí no había ningún plan”.

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