El factor H

La estrategia política de Daniel Hadad, el lado B de la entrevista a Cristina. Ambición, habilidad y negocios del empresario que construyó su trinchera mediática sobrevolando la grieta.

El impacto de la entrevista de Luis Novaresio a Cristina Fernández de Kirchner en la redacción de Infobae evidenció no solo un buen paso comunicacional de una candidata, sino la estrategia política de Daniel Hadad en el interior del territorio comunicacional. En este escenario es posible demostrar que no existen fronteras físicas determinantes, sino suelos más fértiles que otros para la disputa política. En efecto, el dueño de esa empresa periodística lleva el factor H en su trayectoria: ambición y una visión de los diagramas políticos y tecnológicos que explican el encuentro con Cristina.

 

La funcionalidad de la entrevista permite que Hadad se instituya a la vanguardia del resto y ubique la discusión en términos netamente políticos y no solo comunicacionales. Sin embargo, esto no postula a Hadad como un renovado manifestante kirchnerista ni tampoco como un empresario cercano a la conversión nacional y popular. Lo que importa destacar en este entramado es la presencia de tensiones y situaciones de poder que se resuelven con una complejidad que excede el planteo simplista de “la grieta”.

«La funcionalidad de la entrevista permite que Hadad se instituya a la vanguardia del resto y ubique la discusión en términos netamente polí­ticos y no solo comunicacionales»

Para esto es necesario entender la escena comunicacional como una arena política, donde el Grupo Clarín –jugador mayor– tiene sus apuestas y Hadad ostenta otra posición no menos ambiciosa. En este punto, a CFK se le obtura el paso por Clarín por un quiebre que no parece tener acercamientos desde el lock out patronal del sector agropecuario en 2008 –sólo Scioli ensayó una renegociación para ir por el mandato del desarrollo que requería la trayectoria nacional y popular–, y que se extendió al pleito judicial con su propia representación política. Sin pantallas propias, Hadad hace lo propio: detecta el impacto periodístico de tener la primicia en un formato que deja al resto detrás, entre ellos a Clarín.

 

En sintonía, tanto la lectura política como la ambición de poder son cualidades notorias en la formación empresarial de Daniel Hadad, y también son aspectos que lo vinculan fuertemente con el perfil corporativo de Héctor Magnetto. Es decir, Hadad sabe las batallas que tiene que dar y las que tiene que evitar o que controlar a partir de la paciencia. Por esta razón, el otrora periodista y compañero televisivo de Marcelo Longobardi supo leer el contexto de discusión de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

 

A partir de ello, y en función de la la regulación de señales de radiodifusión, ejecutó su salida de la zona de fuego, vendió su holding-multimedio (Radio 10, Pop y C5N, entre otros) y se dedicó al negocio en internet, lugar que la ley de servicios no alcanzó a regular. Esto último permitió que su figura se corriese de la lucha polarizada entre el gobierno de Cristina y Clarín, quien hoy detenta un poder cada vez más engordado y se sitúa como el mayor cableoperador y conglomerado mediático del país. De esta manera, Hadad logró recluirse y ubicarse desde una línea distinta, con un portal informativo de tendencia neoliberal en términos regionales, pero resignificando aspectos que el kirchnerismo instaló en la opinión pública: la pluralidad de voces y la diversidad de opiniones.

 

En esa contraposición entre el kirchnerismo y Clarín, el dueño de Infobae supo habilitar un discurso de diferenciación y destacar así su trinchera de maniobras. Logró adaptarse a los lectores jóvenes –no por ello menos conservadores– y le sacó ventaja a otros medios de orientación liberal. De hecho, su oferta informativa –y por ende, comercial– se hizo fuerte a partir de la versatilidad de los nuevos formatos periodísticos en instancias digitales. Al respecto, la situación de convergencia virtual e informativa de la actualidad ubica a Hadad en un lugar de adelanto –antes que La Nación y la mega redacción de Clarín-TN– y también de lectura contextual.

 

Volviendo a la entrevista, Cristina ingresó en el universo de Infobae y reapareció en la escena coordinada en conjunto con Hadad, sin que ninguno se moviera de su posicionamiento ideológico. Incluso, la candidata a senadora nacional por Unidad Ciudadana sostuvo un eje comunicacional de campaña con ciertos enfoques: propuso distintos interlocutores en su enunciación –más allá de Novaresio– y le habló a los indecisos, a los que la discuten y, sobre todo, a los peronistas.

«Lo que importa destacar en este entramado es la presencia de tensiones y situaciones de poder que se resuelven con una complejidad que excede el planteo simplista de «la grieta»

En virtud de ese estilo polifónico, Cristina militante juega a la conversación y continúa con la lógica de “apariciones” en lugares clave que concentran la atención. En efecto y más allá de los típicos rumores instalados y amplificados en los medios, la entrevista a Cristina se anunció en un horario alejado del prime time tradicional, pero potable para la difusión y la replicación en los horarios de regreso a casa y disposición para ver TV y/o revisar redes sociales.

 

Sin dudas, en ese punto radicó el fenómeno de su primer reportaje post-PASO: copó los magazines de la tarde de la tv abierta, instaló la agenda de los noticieros y análisis de la noche, y se viralizó durante horas con frases de impacto, gestos, anécdotas y memes. En ese intercambio, tanto Cristina como Hadad ganaron la interpretación sobre su “toma y daca”, sin ceder ningún terreno ni cruzar las líneas trazadas por los marcos ideológicos o esquivar los cuestionamientos planteados desde la hegemonía discursiva de los medios.

 

Resulta evidente, entonces, que la entrevista y sus esquirlas no resultan una sorpresa, sino un efecto buscado por quienes, como Daniel Hadad, detentan el factor H en sangre: la jugada estratégica y el pulso del contexto para negociar con los medios en la discusión política. Así, en similitud con la inicial de Héctor, la presencia de ese factor aparece enmudecida, pero nunca invisible ni desarticulada.

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