El día que Simón Bolívar estuvo en Cuartel Noveno

Era un sábado templado, una mañana otoñal típica de Buenos Aires. Fuimos invitados al «Segundo Encuentro de la Militancia del Cuartel IX», en Lomas de Zamora. Nos encontramos allí con personas extremadamente humildes, mujeres jóvenes pero madres ya de por lo menos tres chicos, hombres curtidos por el tiempo y las marcas que deja el trabajo en la construcción. Todos orgullosos de su pertenencia y de lo que estaban organizando.

No podía faltar para comenzar el himno nacional. La presentación estuvo a cargo de un compañero que los sábados a la tarde relata los partidos de fútbol que se juegan en la canchita del potrero. Así presento la idea de la jornada y a los compañeros que habían sido elegidos para hablar. Las mujeres resaltaron el rol de la militancia pero, por sobre todas las cosas, la figura de Evita (ya que el 7 de mayo se había cumplido otro aniversario de su natalicio) y cómo había influído en sus vidas como estandarte de entrega y militancia. También resaltaron la unidad latinoamericana y la Patria Grande.

Los hombres que ya peinaban canas apelaron a la idea de lucha y militancia, pasando por los años de plomo y la desilusión con los primeros años de democracia. Críticos con los ’90, entendían que este proceso que estamos viviendo iniciado en el 2003 solo se iba a profundizar (y garantizar su definitiva cristalización) en el marco de la América unida que soñaron San Martín y Bolívar.

La revelación, cuando le tocó hablar a los jóvenes, fue un tal Lucas, que con sus 20 años desplegó una formidable oratoria y un gran conocimiento de la historia, trazando una línea de los pueblos latinoamericanos sojuzgados y sometidos a la miseria y la denigración. Esa matriz, señaló, era común en cuartel IX, en los Altos de la Paz de Bolivia, en la gran Caracas, en Santiago de Chile, etc. Reclamó a los presentes reconocer que esta es la hora de la patria grande, y que nos toca protagonizarla sin lugar a dudas ni a dilaciones, porque la historia no nos perdonará haber dejado pasar este presente.

El escritor e historiador Norberto Galasso, invitado para cerrar la jornada, no salía de su asombro y emoción. Me decía: —Pensar que tantos años dimos por muerto a nuestro querido Simón Bolívar, y está más vivo que nunca en la visión y la voluntad de estos compañeros.—

Galasso enmarcó su charla en el marco del bicentenario destacando que siempre, desde el primer minuto en que se dio la emancipación de nuestros pueblos, dos proyectos estuvieron en pugna: seguir atados con algún maquillajes a la Europa colonialista y esclavista y la de los jóvenes de entonces como Mariano Moreno, Castelli, San Martín, Bolívar, Artigas, que hablaban de una gran patria americana.

En el final, narró las últimas horas de Bolívar para graficar de manera emotiva que nunca los pueblos y sus líderes deben perder la fe. En su lecho de muerte, Bolívar recibe las noticias más tristes. El continente se deshace en pedazos y Santander asesina a Sucre, su amigo y hombre de confianza política. Ante tanta desesperanza, su secretario le pregunta qué camino tomarán. El general le contesta: —Usted no se haga problema, esta patria grande va a sobrevivir—.

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