El delegado Zero y la reconversión del zapatismo: la otra campaña va

Por Carlos Fazio desde México, gentileza de Semanario Brecha, especial para Causa Popular.- Con el comienzo de 2006, año electoral en México, arrancó “la otra campaña”, la del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que llevará a la comandancia rebelde por las principales regiones y ciudades del país para sostener un diálogo directo con los actores sociales a quienes va dirigida la VI Declaración de la Selva Lacandona.

Los términos de la misión zapatista, que desde un comienzo buscó desmarcarse de las campañas de los partidos políticos para los comicios presidenciales de julio próximo, quedaron establecidos en un conciso comunicado del 25 de diciembre del año pasado: el “delegado Zero” (subcomandante Marcos) será la avanzada de “un recorrido para la construcción de un programa nacional de lucha anticapitalista y de izquierda”.

Se trata, agregaba, “de una iniciativa civil pacífica”, pero, al mismo tiempo, de “la lucha por una transformación radical del sistema que ha sido impuesto con violencia a nuestro pueblo”.

Como hace cinco años, el EZLN apuesta de nuevo por la acción política abierta y coloca en un plano subordinado su condición de grupo alzado en armas. Los zapatistas marchan con aliados bien definidos previamente, y cuentan, además, con una posición más precisa sobre su ubicación en la multiplicidad denominada izquierda. Por primera vez luego del alto al fuego establecido con el gobierno el 12 de enero de 1994, el EZLN se definió como una fuerza nacional, anticapitalista, radical, de izquierda, civil y pacífica. Pero hoy opta por no asumir de manera abierta ningún compromiso ideológico con el socialismo.

Aunque el clima en la opinión pública no le es favorable, “la otra campaña” tuvo un buen arranque. El 1 de enero el EZLN logró congregar en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, a una multitud de indígenas que exhibieron disciplina y organización. La demostración de fuerza en esa ciudad simbólica donde dio inicio la rebelión de los encapuchados del sudeste mexicano fue la ruptura con un modelo de representación gastado. “Aquello no se parece nada a una campaña política. Es como el inicio de una conversación difícil”, comentó a BRECHA Pablo González Casanova.

En el primer día de una gira de seis meses que abarcará las 32 entidades del país, Marcos dijo que el Pacto de Chapultepec, impulsado a finales de 2005 por los dueños del dinero -encabezados por Carlos Slim, el multimillonario más grande de América Latina-, cuyo objetivo encubierto es que las políticas del Estado sean definidas por representantes del gran capital, es la antítesis de la VI Declaración de la Selva Lacandona.

En sus primeras tres semanas de recorrido, que hasta ahora ha abarcado la geografía chiapaneca y al estado de Quintana Roo, el delegado Zero marcó distancia con “el circo electoral”; aseguró que “ningún candidato cambiará la situación de explotación” que vive México; pidió “mandar al pri a la fregada”, porque es un partido de “puros cabrones y asesinos”; dijo que López Obrador “no es de izquierda”, dice “mentiras” y “se ha rodeado de salinistas” (seguidores del ex presidente Carlos Salinas de Gortari); llamó a “tomar el arma de la razón para transformar a un país que está siendo gobernado por ladrones y criminales”, y en las zonas devastadas por los huracanes Stan y Wilma criticó al presidente Vicente Fox y a los gobiernos locales por haber dejado en el abandono a miles de damnificados.

Dijo que tras ambos fenómenos meteorológicos “pasó el huracán de la ambición y la corrupción de los gobernantes, porque a la gente más jodida y humilde no les llegó la ayuda oficial, sino que fue para los grandes empresarios y sus hoteles”.

Los intelectuales.

Observadores cercanos al grupo insurgente señalan que los zapatistas han tenido un “proceso de maduración notable”. La lucha por el poder del Estado se planteó antes como lucha electoral o como lucha armada. Hoy se plantea otra, que quiere ser pacífica: por el poder de la sociedad civil, con los pobres y los discriminados, para que los gobiernos manden obedeciendo a una múltiple fuerza organizada de los que han tenido que hallar el modo de juntar la unidad en la diversidad y cumplir con los principios.

La “otra campaña” está dirigida a cambiar la mentalidad de la gente. Trata de romper la inercia del discurso hueco de los políticos profesionales, incluidos los de la izquierda institucionalizada, representada en la coyuntura electoral por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuyo candidato a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador, se mantiene al frente de las encuestas.

Ante la crisis profunda del Estado y del sistema político la jugada a varias bandas del EZLN incluye, entre otros aspectos, otra forma de hacer política. Pero la actitud de la comandancia zapatista es de escucha. Se trata de escuchar al otro, que es una forma de que el otro sea. Y eso pasa por no imponer las ideas; implica una actitud de no dominación. Por eso, ahora se trata de que hablen los pobres. El resultado buscado a mediano o largo plazo es forjar otro tipo de líderes y otro tipo de bases.

Por coincidir con un año electoral, y ante la perspectiva de un triunfo de la izquierda parlamentaria en los comicios de julio, la otra campaña ha provocado dudas y no pocas discusiones en círculos intelectuales, entre quienes plantean una línea rupturista del EZLN con los partidos políticos, incluido el PRD, y quienes visualizan una complementaridad entre la iniciativa zapatista y la campaña de López Obrador.

Para el filósofo Enrique Dussel, por ejemplo, “las dos campañas son complementarias y estratégicamente deberían tener el mismo fin. Oponerlas daría lugar a muchos equívocos teóricos y prácticos. Hay que ordenar los tiempos y dosificarlos tácticamente”. Sin embargo, para Gilberto López y Rivas, un antropólogo ex asesor del EZLN, no hay posibilidad de acuerdo entre el PRD y el grupo insurgente.

Mientras el EZLN “ha conservado intacto su capital moral y político, con base en la congruencia con sus principios fundacionales”, el PRD “sufrió un deterioro ético notable; desarrolló redes clientelares y corporativas con sectores urbanos y campesinos; privilegió únicamente los procesos electorales, sacrificando una política social, democrática y popular; ha estado sumido en sonados casos de corrupción y arribismo social y, en suma, perdió la esencia contestataria que le dio origen y se convirtió en un partido sistémico, secuestrado por una burocracia, mientras sus gobiernos locales y estatales no constituyen más que una alternancia dentro de las reglas de juego del capitalismo neoliberal, sin desarrollo alguno de poder popular o incluso ciudadano”.

Así, dice López y Rivas, “la campaña electoral del PRD y la otra campaña parten de dos lógicas distintas, dos visiones de la política que no coinciden y, en consecuencia, no pueden complementarse”.

Otro intelectual cercano al zapatismo, Luis Hernández Navarro, explicó que la del EZLN es “una ofensiva política no electoral en tiempos de comicios. No llama a votar por algún candidato ni a no hacerlo. Tampoco promueve la abstención. La otra campaña busca respuestas que no pueden hallarse en el campo de la política formal ni de la clase política, sino en las luchas de la gente sencilla. Pretende organizar la resistencia de los de abajo para romper las vallas de la exclusión que separan a los ganadores de los perdedores de este país”.

A su vez, Guillermo Almeyra preguntó: “¿Qué hubiera sucedido si los españoles se hubiesen abstenido y dejado en el gobierno al fascista Aznar? ¿Qué hubiera pasado si los franceses, en vez de votar No masivamente, se hubiesen abstenido masivamente dándole el triunfo a los banqueros y a la derecha?

¿Acaso era posible abstenerse en Bolivia y no votar a Evo Morales?

¿O no votar en Venezuela cuando la oposición intenta también dar sus golpes electorales?”.

Guste o no, sostiene Almeyra, las elecciones y la lucha en el ámbito institucional “siguen siendo un terreno, aunque no el mejor, para el enfrentamiento entre dominados y dominadores, y un campo de disputa de las mentes de los votantes para reforzar, con objetivos precisos, la resistencia al imperialismo y al capital”.

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