El centenario de Salvador Allende

Especial para ZOOM. El próximo 26 de junio se cumplen cien años del nacimiento del presidente Salvador Allende. Un centenario trascendente por su importancia histórica y política. Actividades conmemorativas se organizan en diversos países. En Argentina se realizará un acto el viernes 27 de junio, a las 19 horas, en la sede de ATE, Avenida Belgrano 2527.

La figura de Salvador Allende Gossens, integrada en pensamiento, sensibilidad, obra política, acción legislativa y gestión de gobierno, está unida indisolublemente a la lucha popular de todos los pueblos que intentan el cambio social.

Sobre todo al proyecto revolucionario que identificó socialismo con plena libertad, democracia y ejercicio de los derechos humanos que impulsó entre fines de 1970 y septiembre de 1973, en medio de enormes dificultades internas y enfrentando la presión desestabilizadora de la reacción derechista interna, orientada desde los Estados Unidos.

Vida consagrada a la lucha social

Salvador Allende nació en Valparaíso el 26 de junio de 1908. Por entonces, Chile tenía una población de tres millones de habitantes. La clase obrera cumplía 80 años de combativa existencia y se componía de 250 mil trabajadores.

De su seno había surgido Luis Emilio Recabarren, quien desde hacía 15 años participaba en la lucha social.

Al nacer Allende, se habían cumplido seis meses de la masacre de la Escuela Santa María de Iquique.

El joven Salvador tenía 18 años cuando ingresó, en 1926, a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile. Un año más tarde se inició la dictadura del general Ibáñez. Los sectores más consecuentes se opusieron a la tiranía. Entre ellos, los estudiantes universitarios. En primera fila estuvo Allende.

El 26 de julio de 1931 un amplio movimiento democrático hizo caer al dictador. Chile vivió impactantes acontecimientos. A comienzos de septiembre de 1931 se sublevó la escuadra de la marina de guerra.

En junio de 1932 un golpe militar dio nacimiento a la República Socialista, que duró doce días, siendo derrocada por un golpe militar reaccionario, el 16 de junio de 1932.

Ese mismo día, Allende fue detenido y encarcelado. Estando en prisión, falleció su padre. Le autorizaron para asistir una hora a los funerales. Ante la tumba de su progenitor realizó solemne promesa:
“Desde este momento consagraré mi vida a la lucha social”. Era el 8 de noviembre de 1932. Cumplió con ese compromiso hasta el fin de su existencia.

Allende fue uno de los fundadores del Partido Socialista de Chile, surgido el 19 de abril de 1933. El 6 de mayo de 1936 se constituyó el Frente Popular, primera coalición de izquierda de en la historia chilena. En los comicios presidenciales del 25 de octubre de 1938 triunfó el abanderado del Frente Popular, el maestro radical Pedro Aguirre Cerda.
El 28 de septiembre de 1939, cuando tenía 31 años de edad, Allende asumió como Ministro de Salubridad. Ese mismo año, contrajo matrimonio con Hortensia Bussi.

En 1951 surgió el Frente del Pueblo, formado por el ilegal Partido Comunista y el pequeño Partido Socialista de Chile. El Frente del Pueblo proclamó a Salvador Allende candidato a la Presidencia de la República. El 4 de septiembre de 1952 ganó el ex dictador Ibáñez.

En febrero de 1956 nació el Frente de Acción Popular, FRAP. Lo formaron los partidos Comunista, Socialista de Chile, Socialista Popular, el Partido del Trabajo y otras colectividades. El FRAP proclamó la segunda candidatura de Salvador Allende a la Presidencia de la República.

Fue vencido en los comicios del 4 de septiembre de 1958. Quedó segundo, a 30 mil votos del vencedor, el derechista Jorge Alessandri Rodríguez. El avance de las fuerzas populares fue enorme. Los 51 mil votos de 1952 se habían convertido en 356 mil en 1958.

El imperialismo tomó nota de este hecho. A partir de ese momento, adoptó una rabiosa posición antiallendista. Esto quedó comprobado en la campaña presidencial que debía culminar el 4 de septiembre de 1964. Ya en 1962 el Presidente John Kennedy señaló “que era de interés de la seguridad nacional norteamericana que resultase elegido en 1964 el candidato Eduardo Frei Montalva”. Esta intervención fue respaldada por decenas de millones de dólares, según afirmó Edward Korry, ex Embajador estadounidense en Santiago. Por su parte, la jerarquía de la Iglesia Católica chilena emitió, con fecha 18 de septiembre de 1962, un documento donde se sostenía que “de una victoria del comunismo en Chile, la Iglesia y todos sus hijos no pueden esperar otra cosa sino persecuciones, lágrimas y sangre”.

Si bien triunfó Frei en 1964, con el apoyo del imperialismo y de la derecha criolla, las fuerzas democráticas continuaban creciendo. Ahora Allende, candidato del FRAP, obtuvo 997.902 votos.

El 9 de octubre de 1969 se constituyó la Unidad Popular. La formaron comunistas, socialistas, radicales, socialdemócratas, el MAPU y la Acción Popular Independiente, API. A mediados de diciembre de 1969 se aprobó el Programa Básico del Gobierno Popular.

El Gobierno de la Unidad Popular

El 22 de enero de 1970 en una gran concentración en Santiago es proclamado Salvador Allende como candidato de la Unidad Popular. “Allende… Allende… Allende”… “El pueblo unido… jamás será vencido” vocearon los manifestantes con fervor.

Y la cuarta fue la vencida. El 4 de septiembre de 1970 triunfó Allende. Cuando amanecía el día 5, desde los balcones del local de la Federación de estudiantes de Chile – FECH- dijo en emotiva improvisación:

” Esto que hoy germina es una larga jornada. Yo sólo tomo en mis manos la antorcha que encendieron los que antes que nosotros lucharon junto al pueblo y por el pueblo… “Gracias, gracias, compañeras. Gracias, gracias compañeros…

A la lealtad de ustedes, responderé con la lealtad de un gobernante del pueblo; con la lealtad del Compañero Presidente… Le debo este triunfo al pueblo de Chile, que entrará conmigo a La Moneda ”.

Una vez asumido el cargo, Allende comenzó rápidamente a cumplir el programa de la Unidad Popular, orientando al país hacia el socialismo (con su popular lema «vía chilena al socialismo«. Se instituyó el control estatal de la economía, se nacionalizaron los recursos mineros, los bancos extranjeros y las empresas monopolistas y se aceleró la reforma agraria. Además, Allende lanzó un plan de redistribución de ingresos, aumentó los salarios e impuso un control sobre los precios.

Fue, como dijo en el mensaje al Congreso Nacional del 21 de mayo de 1971, el intento de hacer de Chile «la primera nación sobre la Tierra llamada a forjar un nuevo modelo de transición a una sociedad socialista construida de acuerdo a un proyecto democrático, pluralista y libertario”.

El 2 de diciembre de 1971, en el acto de despedida de Fidel Castro en el Estadio Nacional, el Presidente dijo:

Yo no tengo pasta de apóstol ni tengo pasta de Mesías, no tengo condiciones de mártir, soy un luchador social que cumple una tarea, la tarea que el pueblo me ha dado… Que lo sepan, que lo oigan, que se les grabe profundamente: defenderé esta revolución chilena, y defenderé el Gobierno Popular porque es el mandato que el pueblo me ha entregado. No tengo otra alternativa. Sólo acribillándome a balazos podrán impedir la voluntad que es hacer cumplir el Programa del pueblo ”.

La oposición a su programa político fue muy vigorosa desde el principio y hacia 1972 se había producido una grave crisis económica y una fuerte polarización de la ciudadanía. La situación empeoró aún más en 1973, cuando el brutal incremento de los precios, la escasez de alimentos (provocada por el recorte de los créditos externos), las huelgas. el lockaut patronal y la violencia llevaron al país a una gran inestabilidad política. Esta crisis se agravó por la injerencia de Estados Unidos, que colaboró activamente por desgastar al régimen de Allende

El 11 de septiembre de 1973 desde el palacio presidencial, acosado por las tropas fascistas, Salvador Allende proclamó a través de Radio Magallanes:

“ Ante estos hechos sólo me cabe decirle a los trabajadores: ‘¡Yo no voy a renunciar! Colocado en este tránsito histórico pagaré con mi vida la lealtad del pueblo”.

Lo dijo y lo hizo. Fue leal a sus principios hasta el último minuto de su existencia.

Un proyecto de futuro

El centenario de Allende es un proyecto de futuro, de propósitos que renacen en el siglo XXI, de esperanzas y posibilidades que se abren, y es también cuestión de raíces y memoria, que sustentan toda construcción social: ambos aspectos no admiten separación.

Salvador Allende, como revolucionario, no fue un personaje neutro. Desde muy joven eligió la causa de los desposeídos, la lucha por la igualdad y la justicia, que siempre supo que sería larga y difícil porque chocaría con los intereses de los privilegiados y con las estructuras de dominación. Hizo de su vida política una relación directa, de intercambio permanente con el pueblo. Fue un notable educador social.

Junto con los homenajes y ceremonias, los cien años de Allende constituyen una oportunidad de encuentro y fortaleza para los pueblos de América Latina. Su lealtad a los desposeídos es un legado a todos los que buscan salidas populares y democráticas al neoliberalismo y a la hegemonía imperial. Que permitan el sueño del presidente martir de que “florezcan las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, construyendo una sociedad mejor» sea por fin una realidad.

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