El caso Larriva en Ecuador y los aciertos y desaciertos de sus vecinas

La dudosa muerte de la ministra de Defensa de Ecuador, Guadalupe Larriva y su hija, ha dejado una serie de sospechas que por ahora se cobraron la cabeza del comandante del Ejército, Pedro Machado. El presidente Rafael Correa lo consideró responsable de errores cometidos durante la práctica militar en la que ocurrió el accidente.

El mensaje fue escueto: «por las decisiones administrativas y de seguridad que se tomaron» antes de la maniobra del 24 de enero, en la que la ministra, su hija y cinco oficiales murieron al chocar dos helicópteros.

El gobierno indicó que la Fuerza Terrestre, a cargo de la actividad militar en la que participaba Larriva, «cometió errores» de procedimiento sobre los que no dio detalles.

«Les entregamos a la ministra viva y ustedes nos la devuelven muerta», le dijo el ministro a Machado ayer al comunicarle su desplazamiento. El ahora ex comandante de la Fuerza dijo asumir su salida «para que se calme la situación» y «gustoso» porque tiene la conciencia tranquila si el presidente considera que «es lo mejor», aunque indicó «no se puede culpar a un comandante de todo lo que pasa en el Ejército, pues hay niveles de responsabilidad».

Además del retiro de Machado se ordenó la apertura de una investigación sobre el coronel René Vásquez, responsable directo de la práctica militar. El desplazado militar desestimó que su retiro haya causado «malestar» en el alto mando de las Fuerzas Armadas, aunque admitió que «hay preocupación» y denunció que «hay gente que quiere hacerle daño a la institución», sin mencionar nombres.

El episodio en el que murió Larriva es investigado por una comisión de expertos ecuatorianos, chilenos y franceses, por orden de Correa, para determinar las causas del choque aéreo, sospechado como un atentado por algunos sectores políticos.

Machado, cuyo desplazamiento se conoce el mismo día que asumió la nueva ministra de Defensa, la filósofa Lorena Escudero, será reemplazado por el general Guillermo Vásconez.

Ellas, las elegidas

Pero la muerte de Larriva, pone en relieve cómo los gobernantes sudamericanos están designando cada vez más mujeres al frente de los ministerios de la defensa, dándoles la responsabilidad de mantener la paz en naciones que todavía lidian con el legado de dictaduras militares.

Mientras tanto la región está presenciando un aumento en los casos judiciales sobre derechos humanos a medida que los gobiernos civiles procesan a los acusados de abusos y torturas de las pasadas dictaduras. Las mujeres están desempeñando papeles firmes y sentando precedente para generaciones futuras.

En Argentina, treinta años después que generales golpistas contribuyeron a instalar una dictadura, Nilda Garré se consagró como la primera ministra de defensa. En estos días anunció que los ex jefes militares no podían apelar más a las leyes de secreto de estado como pretexto para no atestiguar sobre secuestros ilegales, tortura y desapariciones durante el régimen de la junta.

«Las reglas sobre secreto no pueden transformarse en un obstáculo a la verdad y la justicia», declaró al anunciar un decreto presidencial que obligará a más oficiales a atestiguar.

Cientos de casos de violaciones a los derechos humanos durante la «Guerra Sucia» son investigados desde que se anularon las leyes de amnistía en el 2005. Garré también atacó a los ex oficiales que todavía apoyan a la junta pasada y reprendió recientemente a uno de ellos.

Del otro lado de los Andes, la ministra de defensa chilena Vivianne Blanlot fue abucheada ruidosamente cuando participó como enviada del gobierno en el funeral militar del ex dictador Augusto Pinochet, que murió en diciembre a los 91 años.

«¡Afuera! ¡Afuera!», le gritaron cientos de simpatizantes dePinochet. Blanlot permaneció inmutable. «Yo no era quien tenía que irse, sino ellos», declaró la ministra, «Soy quien está a cargo».

Al día siguiente despojó al nieto de Pinochet de su rango de capitán del ejército por defender el régimen de Pinochet en el panegírico fúnebre.

Su antecesora Michele Bachelet, socialista y ex víctima de torturas, enfrentó desafíos similares como ministra de defensa y se ganó tal respeto público que fue elegida como primera presidenta de Chile.

En Uruguay, la ministra de defensa Azucena Berruti, socialista y abogada que defendió a prisioneros políticos durante la dictadura militar de 1973-85, no vaciló en despedir al jefe del ejército el año pasado por participar en reuniones no autorizadas con adversarios políticos del presidente.

La ola de ministras de defensa es sorprendente en un continente conocido por su machismo. Sin embargo, no todas las ministras de defensa han tenido éxito, como es el caso de Larriva cuya muerte no ha sido esclarecida aún y el caso ya se llevó la cabeza del jefe del Ejército.

En Colombia, donde una insurgencia izquierdista de cuatro décadas es la más prolongada de Latinoamérica, la ministra de defensa Martha Lucía Ramírez renunció súbitamente en noviembre del 2003. Algunos conjeturaron que disputas con los generales hicieron su tarea imposible.

Pero con o sin crisis, los latinoamericanos dispuestos a superar las décadas de dictaduras pueden estar seguros de que cada vez habrá más mujeres en posiciones de responsabilidad.

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