El Bicentenario abre una nueva oportunidad histórica

Crónica de una 9 de Julio colmada de personas donde el caos del tránsito no tuvo trascendencia. La historia y la batalla cultural en el centro de la escena.

Como siempre luego de una gran fiesta quedan la resaca, algunas memorias, anécdotas y los pies hinchados. A pesar del clima crispado que preanunciaban los medios de comunicación hegemónicos, que luego irían modificando al ver la gran participación de millones de personas, en la 9 de Julio se pudo vivir una jornada extensa de cuatro días que quedará marcada en la memoria del pueblo.

Mucho se dice por estos días de quién capitalizará este gran acto, seguramente con la siniestra intención de desgastar a la sociedad abusando de análisis mediocres que miden todo en términos empresariales, marketineros y hablan de concordia. Aún así, para esto también tenemos respuesta: el pueblo será quien capitalice lo vivido entre el 21 y la madrugada del 26 de mayo. No serán los K ni tampoco la oposición. Al único que realmente beneficiará la gran fiesta es a esa masa de gente que la vivió y a todos aquellos que la acompañaron con felicidad por televisión, radio o Internet. Entonces, si, el Gobierno, los K, quizás hayan sumado un porotito por haber interpretado a ese pueblo que bailó y caminó con alegría por la 9 de Julio. Como también puede sumar un porotito cuando lanza una política como la Asignación Universal por Hijo o cuando promueve el Fútbol para Todos, porque nuevamente interpreta las necesidades y el sentimiento de las personas.

La organización de la fiesta salió según lo planeado, excepto algún que otro pequeño contratiempo que se pudo resolver. La lluvia del domingo parecía que todo lo complicaba pero los reflejos de los organizadores lo hicieron fácil. Los stanes de las provincias eran un hormiguero de gente que salía de allí con sonrisas. Los puestos de comidas regionales y de algunos países del mundo fueron un éxito. El sonido de los recitales fue impecable, gracias a la mano -o el oído- de Javier Grosman. A los más chicos se los veía contentos y a los más grandes impactados y disfrutando. No hubo problemas, conflictos, crispación, repudio, bronca ni dolor. Prácticamente no se veía presencia policial, salvo que estuvieran de civil y disfrazados. El stand del Ministerio de Educación fue uno de los más visitados, así como el tren que estaba en la Estación Bicentenario, que recibió cerca de 190 mil personas. Mucha gente se sorprendió de que Canal 7 ya estuviera transmitiendo por la señal digital y varios vieron con buenos ojos los teléfonos celulares donde se podrá ver la nueva televisión (incluido el Mundial). Otra de las atracciones fue todo lo relacionado a la Comisión Nacional de Energía Atómica y al satélite construido por el INVAP. Asimismo, en un gran acierto del Ministerio del Interior, cientos de miles pudieron tramitar en el día su documento de identidad.

De esto se trató la gran fiesta, no de quién capitalizará la cuestión, porque si fuera así el secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, o el Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, deberían ser los primeros en sumarse al barco luego de tremenda organización y festejos.

Sería de tonto pensar que las 6 millones de personas que disfrutaron en la 9 de Julio votarán al Gobierno. No se trata de eso. Lo destacado de estas jornadas es que se ha dado un enorme paso en la batalla cultural, en la lectura de la historia, en la construcción del relato y de los símbolos. Las frases del Che, de Jauretche, de Perón, de Evita, de Artigas, de Moreno, de Belgrano, de Castelli, de San Martín, y las imágenes proyectadas sobre el edificio del Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación, nos deben servir de faro. Es posible pelear por mejores condiciones de vida y al mismo tiempo dar la batalla ideológica y cultural. Y no sólo que es posible, sino que es necesario. El stand de las Madres así lo comprueba, que fue de los más visitados y elogiados. Pareciera que con los derechos humanos no hay vuelta atrás, hemos llegado a un nivel muy alto de conciencia como para que los vuelvan a marchar con sangre terror.

Algo ha cambiado y viene cambiando en Argentina. El acto en Ferro, las concentraciones de 6.7.8 facebook, el 24 de Marzo, la marcha en defensa de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, la Marcha Nacional Indígena, la fiesta del Bicentenario, de expresiones diversas, con distintos signos y convocadas desde lugares diferentes, todas algunos denominadores en común: la masividad, la confluencia de diversos sectores sociales, la pasividad con que se desarrollaron y la necesidad de pertenecer a un gran colectivo que está transformando la sociedad y dando la batalla cultural a los medios de comunicación que prefieren poner en tapa una fiesta de unos pocos en el teatro Colón, de la cual formaron parte Héctor Magneto, Ricardo Fort, Chiche Gelblum, Jorge Rial, Mirtha Legrand, Susana Jiménez, el “Negro” González Oro, Francisco De Narváez, Julio Cobos, Ernesto Sanz y Gerardo Morales, Carlos Reutemann, Hugo Biolcatti y Fernando de la Rúa, entre otros impresentables, y esconder detrás del telón a dos millones de argentinos cantando el himno y gritando “viva la patria”.

El viernes la Presidenta Cristina Fernández inauguró formalmente el Paseo con un discurso medido y a tono. Lo hizo junto a los laburantes que habían puesto el cuerpo para construir en pocos días semejante infraestructura. Luego llegó el rock y gran parte de la 9 de Julio cantando Capitán América de Las Pelotas (América / debo estar en América del Sur / bien al sur… / Garantizado), pero faltó el himno nacional aunque se cantó Mi bandera de Sumo.

El sábado arrancó con el desfile militar, donde por primera vez luego de mucho tiempo volvieron a encontrarse con el pueblo que los recibió de manera extraña, con sentimientos contradictorios, pero que en el balance fue bueno. No es sencilla la reconstrucción del país y la relación entre las Fuerzas Armadas y el pueblo. En ese sentido se ha dado un paso, aunque resta mucho. Más tarde fue el turno del desfile de las provincias, algunas con más presupuesto y despliegue que otras, con dinosaurios de Neuquén jugando con los niños, con una inmensa bandera argentina que desplegaron los de Santa Fe, donde estuvo presente el clásico Mendoza-San Juan con la fiesta de la Vendimia y la fiesta del Sol respectivamente, con los gauchos de Güemes de Salta. Todos aprovecharon para mostrarle al país sus tradiciones y orgullos. El cierre de la jornada estuvo a cargo de la canción Latinoamericana, con el cariño rioplatense de Jaime Roos, la belleza en la voz de Pablo Milanés, la energía en la puesta de Gilberto Gil y la ternura y la solidaridad en León Greco y Mundo Alas.

Pese a la lluvia del domingo, mucha gente participó del desfile de las Colectividades, pero a medida que se fue intensificando hubo que reprogramar algunas actividades. Al día siguiente la Pacha Mama, que había llegado a la ciudad el jueves 20 con la marcha Nacional Indígena, se apiadó y asomó el sol. Había autos de TC, autos antiguos, aviones que volaban sobre la 9 de Julio, juegos para niños, folklore, muchísima gente y uno de los mejores himnos cantado por millones a las cero horas del 25 con el acompañamiento de la Sole y su panza. “Patria Si / Colonia No”, “El que no salta / es un inglés”, “Que papelón / que papelón / Macri está solo / en el Colón”, “Es para Macri que lo mira por TV”, corearon millones. Luego hubo tango hasta altas horas de la madrugada con Leopoldo Federico, Horacio Salgan y Susana Rinaldi con un cierre a capella.

Y así llegó el gran día. Mientras los festejos continuaban en la 9 de Julio y millares copaban la ciudad ingresando por Constitución, Retiro, Once y los diferentes accesos, la gente se fue amontonando alrededor de la Plaza de Mayo y Diagonal Norte conformando una misma cosa que muchos llaman pueblo. La jornada había comenzado temprano en la Catedral de Luján y luego continuaría en la Casa Rosada para inaugurar la histórica Galería de Patriotas Latinoamericanos en el Salón de los Héroes del Bicentenario con cuadros de El Che, Evita, Perón, San Martín, O’Higgins, Bolívar, Artigas, Sucre, Manuela Sáenz, Francisco de Miranda, José Martí, Belgrano, Rosas, Hipólito Yrigoyen, Omar Torrijos, Salvador Allende, Joaquim José da Silva Xavier (Tiradentes), Getúlio Vargas, Tupaj Katari, Pedro Domingo Murillo, Bartolina Sisa, José María Morelos Pérez y Pavón, Benito Juárez, Emiliano Zapata, Pancho Villa, Lázaro Cárdenas, Francisco Solano López, el obispo Oscar Arnulfo Romero, Augusto César Sandino, Farabundo Martí, Juan José Arévalo, Jacobo Arbens Guzmán, Francisco Morazán, Antonio Nariño, José Alfaro Delgado, Eugenio Espejo, José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru II) y Víctor Raúl Haya de la Torre.

En su discurso, luego de remarcar la diferencia con los festejos del Centenario, que se hizo en medio de una huelga obrera, estado de sitio y represión por las pésimas condiciones de vida, la presidenta expresó que por esas “ideas de querer siempre desde aquí parecernos a Europa y no ser nosotros mismos, americanos, latinoamericanos, habíamos traído como protagonista central de los festejos a un miembro de la Casa Real de España. Con todo el respeto que tenemos por todo, yo quería, en nombre de la historia de todos estos hombres y mujeres que están en esta Galería, y que en los últimos 200 años abonaron con su vida, con su sangre, con sus ideales, una América del Sur más democrática, con libertad pero para la igualdad; quería y queríamos darnos los argentinos un Bicentenario diferente; un Bicentenario popular, con el pueblo en las calles.”

La presidenta estuvo acompañada de Néstor Kirchner y los presidentes Evo Morales, Hugo Chávez, Luis Inácio Lula da Silva, Fernando Lugo, José Mujica, Rafael Correa, Sebastián Piñera y Manuel Zelaya (presidente de Honduras derrocado por un golpe el pasado 28 de junio), y junto a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo cruzaron la Plaza de Mayo para observar el espectáculo de imágenes en la fachada del Cabildo. Con la escolta presidencial, algunos granaderos y poca policía era la propia Presidenta quien pedía a los fotógrafos que se tranquilizaran y la dejaran ver a ella y los presidentes el compilado de historia que ella misma había ayudado a confeccionar. De allí emprendieron una caminata hasta el palco ubicado en Diagonal Norte, desde el cual observarían el show protagonizado por el grupo Fuerza Bruta. Mientras, con alegría, un niño de unos diez años, gritaba al cielo que había conocido el Cabildo y había visto caminar a muchos presidentes juntos a metros de él.

El palco fue fiesta, chistes, risas y un constante firmar banderas, remeras y papeles que le acercaban jóvenes militantes y personas de a pie que sorteaban el poco y flexible control que había. Se la pudo ver a Cristina Fernández disfrutar como a millones de argentinos de las carrozas que desfilaban con más de 2000 actores y más de 2000 técnicos y ayudantes. La representación de las Madres, los combatientes de Malvinas, el barco con los inmigrantes, la mujer que volaba por lo aires y la murga, fueron los momentos en que la Presidenta y varios de los mandatarios latinoamericanos más se impresionaron, se emocionaron y aplaudieron.

“La gente” cantaba el himno y la marcha de San Lorenzo por iniciativa propia. También se pudo escuchar “Allende, Allende, Allende”, mientras Piñera miraba haciéndose el desentendido.

Después vino una cena protocolar en Casa de Gobierno, aunque la fiesta continuaría nuevamente en la 9 de Julio. Parecía que nunca se acabaría. Valía festejar luego de tanto sufrimiento, tanta resistencia, tanto dolor y tanta muerte. Para muchos fue una de esas revanchas que la vida da, mientras que para otros, los más jóvenes, fue un reencuentro, una explosión de felicidad y de contención. Fito Páez cerró la última noche con más de 200 músicos y millones en la calle cantando el himno. Los fuegos artificiales iluminaron la noche por varios minutos. La gente no se movía, estaba incrédula, no quería que acabe, no entendía cómo un país tan malo, tan feo, tan triste, tan pobre, tan crispado, tan corrupto, tan garca, tan despolitizado, era capaz de vivir algo tan hermoso. Fito, a pesar de que varias veces confundió una fiesta nacional con una fiesta de la ciudad, dijo algo muy interesante para pensar juntos: “¡Que lindo que es ver tanta gente en la calle!” y luego dijo “estamos todos empezando a pertenecer”.

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