El Baile del caño

“Nadie va a avanzar en este tema más allá de donde Israel y la colectividad judía quieran que se avance”. Raúl Alfonsín. Como no es posible dejar de conmemorar el acto terrorista más letal de la historia argentina y hay un acuerdo tácito de encubrir cómo se perpetró a fin de que no resulte evidente quienes lo instigaron y por qué, desde hace unos años cada 18 de julio es –como cada 17 de marzo, aniversario del ataque a la Embajada de Israel– un acto de cinismo creciente, necesariamente acompañado de un marco cada vez más artificial. En esta ocasión, se utilizará a modo de escenario hollywoodense una gigantografía de la fachada del edificio destruido, y por primera vez asistirá al acto, además del de Israel, el embajador de los Estados Unidos, lo que garantiza que se lance una batería de acusaciones contra Irán, pirotecnia verbal que producirá una densa cortina de humo destinada a ocultar que no se ha reunido una sola prueba irrefutable acerca de la supuesta participación de Teherán. Algo de lógica pura, pues es imposible identificar al instigador de un crimen si se renuncia a hacerlo primero con sus autores materiales.

En este contexto, y más allá del despiste de algunos familiares de las víctimas o buena gente judía dispuesta a tragarse cualquier píldora referida a la «Guerra contra el mal» de Mr. Bush & Co. (acaso incluído el redactor de la insólita gacetilla -ver nota mas abajo- que convoca al acto fomentando la culpa del destinatario… como en un chiste de Woody Allen o de Rudy), el evento está rodeado de un halo de obscenidad soft, como el «Baile del Caño» del programa de Tinelli.

Así las cosas, las cajitas que se están repartiendo (ver más abajo), deberían ser de preservativos, que es la función que objetivamente le asignan los dirigentes de «la cole» (que en el pasado reciente han pactado tanto con los nazis europeos –como denunció Hanna Arendt– como con los vernáculos –como acaba de recordar un vocero heterodoxo de la propia kehilá, ver La DAIA pactó con camps tachar a Timerman de «mal judío») a los incautos que irán a hacer de claque al acto. Masa de maniobra inerte, que es de lo que fueron usados los muertos: moneda de cambio de un contencioso ajeno, una disputa intermafiosa derivada del tráfico de armas y drogas, tal como procuré explicar en mi libro Narcos, banqueros & criminales.

Este año, la ceremonia contará con el auspicio de dos Marcelos, Tinelli y Macri, asi como de las embajadas de Israel y Estados Unidos… estados que son, precisamente, los principales encubridores de esta matanza masiva. Algo así como los Carrascosa y Bártoli del Caso García Belsunce (ver Amiologías).

Teniendo en cuenta que oficiales de la Poliícía federal y de su cuerpo de bomberos (del cual dependen a su vez los expertos en explosivos) fueron condecorados por la DAIA en varias oportunidades a pesar del hecho harto evidente de que muchos de sus efectivos participaron activamente en la orgía de destrucción de pruebas y que hay fundadas sospechas fundadas de que también lo hicieron en la colocación de los explosivos (e incluso en el asesinato de un bombero dispuesto a denunciarlo), más allá de que haya una mayoría de policías y bomberos que se conduelan sinceramente de los muertos, que esas mismas dependencias toquen este 18-J pitos y sirenas constituye una burla, una celebración de la impunidad, una tomadura de pelo.

Y teniendo en cuenta también que sendos artefactos explosivos fueron colocados adentro del edificio y en su puerta aprovechando los asesinos que, tal como había sucedido en la embajada de Israel, la AMIA estaba en refacciones, la expresa reivindicación de los pilotes que condujeron a la formación de guetos altamente funcionales al segregacionismo sionista bajo el supuesto de que elñ ataque había sido cometido por un enemigo puramente externo, es la consagración de un engaño, una estafa moral e incluso de una imbecilidad: la de suponer que el Mal es algo exclusivamente ajeno e ignorar algo tan palmario como que los ejecutores no fueron libaneses con chilaba ni persas con babuchas, sino malvados argentinos que moran plácidamente entre nosotros, impunes y hasta festejando con sirenas.

Cualquiera que haya mirado los primeros cuerpos del expediente puede darse cuenta de que no hubo Trafic-bomba, desde Jorge Lanata a Elisa Carrió, pasando por Gabriel Levinas, María Cristina Kirchner, Carlos De Nápoli y quien escribe, que estuvo más de tres años contratado como investigador por la propia AMIA.

Apenas hubo una Trafic-señuelo, una trampa caza-bobos, un pato de madera. Pero hacer como que sí hubo una camioneta-bomba permite reforzar la ilusión de que hubo un kamikaze, y el supuesto suicida a Hezbolla e Irán, lo que es más que funcional al encubrimiento: es su piedra basal.

En este contexto, que la convocatoria se realice bajo el slogan «Sin memoria no hay futuro», parece el summum de la perversión.

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