Edición Especial para contarle las costillas a un gigante

Esta Edición Especial de ZOOM dedicada al gran diario argentino no obedece a ninguna otra motivación que la de analizar y compartir información a la que todos tenemos derecho. También, a colaborar en la tarea de desenmascarar a quienes se escudan en la libertad de prensa para operar en defensa de sus privilegios. El debate de una nueva ley de comunicación audiovisual conforma, afortunadamente, el escenario más adecuado para no seguir mudos, amordazados, impotentes, ante un discurso unívoco disparado como perdigonadas incesantes de manipulación mediática.

Sin ir muy lejos, ya nadie discute seriamente las retenciones móviles. Basta con mirar un poco los medios masivos para ver que todo está muy mezclado. Además, los verdaderos interesados no terminan de salir a la luz. Ni tampoco el gobierno, por extrañas razones, los termina de señalar. Únicamente el periodista Eduardo Aliverti hizo una brillante señalización de quiénes son los verdaderos gestores del lockout al citar en su columna de los días lunes en Página 12 a “…la cadena de especulación comercializadora y del producido agro tóxico, nombres como Bunge, Dreyfus, Cargill, ADM, Molinos (y Monsanto, claro está, como semillero monopólico).”

En otros tiempos, los mencionados y los clásicos terratenientes hubiesen llamado a su grupo de choque, que eran las fuerzas armadas, para producir un golpe. Hoy, por múltiples razones que ya se detallaron aquí, esas fuerzas armadas no existen como tales y geopolíticamente tampoco hay condiciones. Pero esos muchachos no duermen… Así han aprovechado los avances tecnológicos y la concentración de los medios masivos de comunicación para generar una alianza estratégica con los desinformadores en función de sus negocios y los han convertido en sus nuevos grupos de choque, aunque más sutiles e inteligentes que ayer.

¿Por qué no debe el gobierno ceder a las pretensiones del “campo”? Porque en el fondo lo que se pretende es la alfonsinizaciónde este gobierno, que capitule por debajo de la mesa, que declare que la casa está en orden. Luego, empezaría el festín neoliberal que quedó trunco en 2002.

Todos podemos con un breve esfuerzo imaginar lo que podría suceder al otro día de la capitulación. En principio, todos los sectores y las corporaciones de este país se sentirán con derecho de reclamar igual trato. Por otro lado, la defraudación de las bases que votaron al kirchnerismo sería letal. El retroceso sería tan grande que nuevamente los pocos o muchos que volvimos a creer en la política estaríamos derrotados nuevamente. Esto es lo que en el finalmente buscan los grupos de poder, las corporaciones y los multimedios: que la gente no participe, que no se organice, que no crea en la política. Por el contrario, que se aleje de ella. El trasfondo de esta lógica fue hermosa y sencillamente explicado por nuestro querido e inolvidable Germán Abdala: “Los poderosos no necesitan de la política porque ya tienen el poder, ya sea a través del dinero, de las armas, de las influencias o de las corporaciones. El pueblo sí necesita de la política porque es la única manera que tiene para construir poder y cambiar las cosas”.

No podemos de dejar de mencionar en estas líneas finales la valiente decisión del presidente boliviano, Evo Morales, de someterse a una consulta popular para que el pueblo le ratifique su confianza a través del voto. Para que —como intenta suceder aquí, vaya similitud— no sean los grupos de poder y los medios masivos de comunicación los que pretendan condicionar a un gobierno emergido del voto popular.

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