Ecuador: Un nuevo paso atrás en la estrategia de recolonización

Por Daniel Ezcurra (*), especial para Causa Popular.- Como ocurriera en 1996 con Abdala Bucarán y en el 2000 con Jamil Mahuad, el suelo se abrió bajo los pies del ya ex presidente del Ecuador Lucio Gutiérrez, depuesto como consecuencia de la profundización de la crisis económica y política vivida por el país hermano. Una masiva movilización popular y la ruptura del bloque dominante sellaron la suerte de Gutiérrez quien, luego de traicionar el mandato popular, se empeñara en recorrer la ya conocida senda de las políticas neoliberales, llegando a presentarse a si mismo como el mejor aliado de los EE.UU. en América Latina.

Bloques económicos y representación política

Ecuador, uno de los territorios que formara parte de la Gran Colombia concretada en el siglo XIX por Simón Bolívar, con 13 millones de habitantes vive desde finales de la década del 80 una crisis que fue agudizándose en una espiral de políticas de ajuste y concentración económica por un lado y resistencia antineoliberal (cuyo actor más importante ha sido el movimiento indígena) por otro.

Las distintas fracciones de las clases dominantes han detentado el poder a través de los partidos Social Cristiano (representante de las tradicionales oligarquías de la costa), la socialdemócrata Izquierda Democrática y la utilización por parte de fracciones empresariales y financieras de identidades políticas como el Partido Roldocista Ecuatoriano de Abdala Bucarán (presidente en 1996 y depuesto a principios de 1997) y Álvaro Noboa (el millonario «magnate del banano») o la Democracia Popular/Unión Demócrata Cristiana que llegara a la presidencia en 1998 con Jamil Mahuad, (responsable de la dolarización de la economía en enero del 2000).

La disputa político-económica está asentada en una moldura física presente en otros países andinos: la división histórica entre la Sierra y la Costa. Si el poder político está asentado en la capital Quito (sierra), el poder económico está en la Costa (Guayaquil), donde se encuentra lo más concentrado del sector agro exportador y la banca.

Los principales renglones de la economía ecuatoriana se encuentran en la exportación de bienes primarios: Petróleo (en manos del Estado), banano y camarones representan el 75% del total, siendo el petróleo el más importante. Un dato que sintetiza la crisis económica ecuatoriana es el hecho de que las remesas de los exiliados económicos en Europa y Estados Unidos constituyen la segunda fuente, luego del petróleo, de divisas del país.

La volatilidad política expresada en la deposición de tres presidentes en menos de 9 años, expresa claramente por un lado un estado de cosas signado por la disputa al interior del bloque dominante, entre el capital financiero internacional, los grandes exportadores y el complejo financiero importador por imponer un proyecto que les garantice, en medio de la crisis, la continuidad en la recepción de «su» parte de la renta nacional; y por otro lado el poder de veto logrado por la resistencia de las organizaciones sociales como la CONAIE y en menor medida los sindicatos hacia las manifestaciones más agresivas de las políticas neoliberales.

De la dolarización a la caída

La profundización a finales de la década del 90′ de la crisis económico-financiera atizada por la presión de los organizamos internacionales de crédito hacia la implementación de «reformas estructurales», impulsó una cada vez más poderosa y representativa resistencia de los sectores populares (movimiento indígena, Sindicatos transportistas, trabajadores petroleros). Ello fue un toque de alerta para las clases dominantes en su conjunto. Y es así que a pesar de los intereses encontrados que genera la dolarización, ésta fue adoptada en tanto respuesta común del conjunto del poder económico, al ser vista en esa coyuntura – con el beneplácito de EE.UU.- como la única vía para sacar al país, es decir a sus clases dominantes, de la crisis.

La respuesta popular fue el levantamiento indígena que tumbó al presidente Mahuad en el año 2000, con el apoyo de un sector nacionalista del ejército y de los trabajadores, guiado por el rechazo a las políticas de ajuste estructural y la dolarización de la economía.

En ese marco la aparición de la cúpula de las fuerzas armadas forzando la salida institucional (que llevó el gobierno desde las manos de los rebeldes al vice Novoa) da cuenta de la aceptación orgánica de la política dolarizadora por parte de los factores de poder ante la amenaza de una salida popular a la crisis.

Llegado a la presidencia con un discurso y un programa nacional, popular y latinoamericanista y apoyado por el movimiento indígena y la izquierda ecuatoriana, Lucio Gutiérrez traiciona y abandona sus apoyos políticos originales para alinearse con las políticas neoliberales amarrando un acuerdo con la oligarquía costeña representada por el social cristianismo: suscribió acuerdos con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial por un conjunto de reformas legales para la privatización del petróleo, la energía eléctrica, las telefónicas y la seguridad social (llamadas Ley «Trole 4») y sostuvo la firma y ratificación del tratado de libre comercio con Estados Unidos.

Como prerrequisito para avanzar en esos objetivos, Gutiérrez desarrolló una agresiva política de cooptación, división y debilitamiento de los movimientos sociales organizados (en especial el indígena).

Pero aun así, el pase a la oposición y la resistencia de parte de la CONAIE, el Pachakuti y buena parte de la izquierda sumado a las consecuencias de la dolarización con la consiguiente diferenciación al interior del bloque de poder (algo similar a lo sucedido en la disputa convertibilidad/devaluación en nuestro país), llevaron al empantanamiento de la política entreguista, agudizándose la confrontación entre los partidos políticos tradicionales.

Así se llega al proceso que culminará con la destitución de Gutiérrez; muchos de los sectores que impulsaron y aceptaron la dolarización, por ejemplo los grupos exportadores, los capitales ecuatorianos en el exterior, el poder político marginado del reparto del Estado y la clase media profesional (que pensaba resguardar sus ingresos de la devaluación a través del dólar), comenzaron a confrontar con el gobierno buscando una salida que contemplara sus intereses.

La respuesta de Gutiérrez fue una alianza con los grupos financieros Isaías y Noboa, y en sus expresiones políticas, los partidos Roldosista Ecuatoriano (PRE), y Renovación Institucional Acción Nacional, (PRIAN) para concentrar el poder político (elección de una nueva Corte Suprema) y avanzar por sobre la resistencia del campo popular y de las fracciones desplazadas de la burguesía imponiendo el programa neoliberal a través del disciplinamiento de la mano dura.

La oposición del conservador Partido Socialcristiano de Jaime Nebot (Alcalde de Guayaquil) y Febres Cordero, de la socialdemocracia a través de Izquierda Democrática en lo político y la Coordinadora de Movimientos Sociales, y la resistencia expresada por el movimiento indígena (que esta vez se mantuvo en un segundo plano), abrió la brecha para que la movilización popular de los sectores medios (fundamentalmente en Quito) fuera determinante en la caída de Lucio.

Las masivas y sostenidas movilizaciones de los «forajidos» (nombre que se dieron en respuesta a una acusación del gobierno) con importantes aspectos de auto convocatoria y organización por fuera de las orgánicas políticas y sociales, dieron la orientación antineoliberal al proceso.

Perspectivas de cambio

La conjunción de distintos intereses tras el objetivo de la deposición de Gutiérrez tiene como punto de sutura el rechazo (aunque en algunos de los actores de forma oportunista) a las principales políticas de EE.UU. para Ecuador.

Ese es el cauce central de los sucesos. Lo cual no niega que cada actor del bloque antigutierrez busque afirmar su hegemonía en el rumbo económico y político.

Esta realidad se pone de manifiesto en la composición del gabinete del nuevo presidente Alfredo Palacio, donde conviven figuras como el Ministro de Economía y su vice; Rafael Correa y Pablo Dávalos y el Ministro de Gobierno Mauricio Gándara, opositores a las políticas de ajuste, a los tratados de libre comercio y de la participación ecuatoriana en el Plan Colombia, junto a representantes de los sectores oligárquicos tradicionales.

Por su parte, la CONAIE, junto a varias organizaciones políticas y sociales, han manifestado su unidad en torno a las medidas que los llevaran a la lucha: es decir que con Gutiérrez debe irse su proyecto económico: el TLC, la abierta intervención en el Plan Colombia, las «reformas estructurales», el pago indiscriminado de la deuda, la corrupción, el nepotismo y el acelerado empobrecimiento de la población.

Otro elemento a seguir es el horizonte organizativo y de acción que resulte del proceso movilizador de la clase media y su posibilidad de transformarse en un actor político permanente en el país. La caída del «mejor amigo» de los EE.UU. en el Ecuador, es, sin dudas, un retroceso en la estrategia de recolonización de Washington para Nuestra América, situación que abre, en una situación de fuerte disputa, posibilidades de cristalizar en el país hermano un cambio en la correlación de fuerzas favorable al campo popular.

Dependerá de la capacidad de este último de proyectar sobre la sociedad ecuatoriana un modelo de país, sus alianzas necesarias y las formas organizativas correspondientes que confronte con aquellos que buscan cambiar algo para que nada cambie.

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(*) Daniel Ezcurra es Coordinador de las Cátedras Bolivarianas de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo y Director del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana.

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