Dime Hombre, ¿qué estás Haciendo?

La revista Hombre (que publica Editorial Perfil) publicó un «test Tyson» para sondear de qué forma los lectores de la revista golpean a sus mujeres.

En la misma semana en que la diputada porteña Diana Maffía repudió en el recinto la publicación de tamaña apología del delito, el Jefe de Gobierno Mauricio Macri llenó la ciudad de afiches hablando de «Hacer» Buenos Aires.

La H es la misma, y algo más hay, también: pocos son los diputados de PRO que votaron en contra de la publicación de Fontevecchia. Lo que sigue es un artículo de Diana Maffía presentado como introducción a la mención en contra de la revista bajo el título «La revista Hombre comunica violencia impune».

Decía John Locke, uno de los filósofos fundadores del Estado moderno, que el conflicto entre los hombres había surgido por la propiedad. Y en particular señalaba dos fuentes de conflicto: la propiedad de la tierra y la propiedad de las mujeres. Ya entonces las mujeres, lejos de ser ciudadanas, eran el objeto de apropiación de los ciudadanos. Llegar a la ciudadanía nos está costando siglos, avanzar es muy difícil y significa romper con moldes culturales muy disciplinadores. Por eso, en la cultura dominante, el retroceso que significa cada mensaje misógino es enorme. Mujeres y varones consumimos esos mensajes, que tienen el efecto de disciplinarnos a todos y todas en un modelo de subordinación y opresión social basado en el género.

Imaginemos una situación. Imaginemos que en plena democracia, con leyes que amparan los derechos humanos y pronunciamientos políticos sobre su relevancia, una revista destinada a las fuerzas de seguridad invitara a responder un test diciendo: “si cuando ves a alguien con marcas de tortura en el cuerpo pensás ‘algo habrá hecho’, este test es para vos”. Y luego lo titula con pretendido humor “madura la picana: test del Tigre Acosta”. Supongamos que preguntara “¿qué métodos preferís para la tortura?”, “¿a qué hora te gusta torturar?”, “¿qué marcas le quedan a tu víctima?” dando opciones completamente reales y sufridas verdaderamente por las personas torturadas en este país. ¿Alguien toleraría una publicación así? ¿Alguien consideraría que es compatible con la democracia en nombre de la libertad de expresión, o se burlaría de quienes se indignan con ella diciendo que carecen de sentido del humor? Más aún, ¿alguien diría que un test así en una revista de las fuerzas de seguridad es un juego inocente?

Ahora invito a que se pongan en la piel de una mujer que sufre impunemente la violencia, y que teniendo tratados internacionales y leyes que la amparan no logra comprometer a la justicia y a los organismos públicos con sus derechos, y no logra que la sociedad considere criminales estos episodios. Una revista destinada a hombres, precisamente con este título para que no haya equívocos, publica en el mes de febrero y deja en su edición on line para solaz de sus lectores un test invitando: “Si ves a una mina golpeada y pensás ‘algo habrá hecho’, esto es para vos”, y luego “¿Madura el K.O?: Test Tyson”. De más está señalar que la frase “algo habrá hecho” constituye una expresión misógina, que justifica la violencia contra las mujeres y que, por si esto fuera poco, alude a un lamentable sentido común que la última dictadura militar intentó fortalecer: la convicción de que las víctimas de la violencia son responsables de la misma y las merecen.

El test invita a responder preguntas tales como: “¿Qué excusa usás para golpear a tu mujer?”. Y dará como algunas de las alternativas: “Tuviste un mal día de trabajo”, o “No hace falta una excusa” señalando así la desesperante arbitrariedad de la violencia, apoyada en la impunidad y el abuso de poder, en una perversidad que bien conocemos por los relatos y experiencias de la tortura en la dictadura. Otra pregunta se refiere a “los métodos” utilizados para la agresión física, y sugiere: a) Un puño envuelto en un repasador no deja marcas; b) El famoso cachetazo de proxeneta: con la cara externa de la mano derecha yendo en sentido diagonal de abajo hacia arriba y de izquierda a derecha; c) Tirás el plato (el de los fideos fríos, por ejemplo) al suelo y cuando se agacha a limpiar el enchastre la aleccionás con un puntapié en las costillas; d) Te gusta improvisar”. Lo más escalofriante es que todas las respuestas se corresponden a casos reales y sistemáticos de violencia contra las mujeres. No son opciones al azar; para cualquiera que investigue estos temas se corresponden a experiencias vividas cotidianamente por las víctimas. No quiero seguir con la analogía con los torturadores, porque nos resultaría repugnante.

La revista Hombre ya había sacado anteriormente un test titulado “Cómo tener sexo con una menor y no ir preso”. Como se ve, los modos de hacer sonreír a los lectores están elegidos precisamente como guiño para seguir haciendo impunes aquellas conductas que tienen a las mujeres y niñas como víctimas, y que tanto nos esforzamos por cambiar quienes consideramos que la violencia de género es una violación a los derechos humanos. No hay por qué pensar que todos los varones son violentos (como no hay por qué pensar que cualquier miembro de una fuerza de seguridad es torturador) pero hay discursos destinados a hacerlos cómplices del mensaje.

Las risas incómodas de algunos varones cuando queremos mostrar la relevancia política de estos temas muestran la fuerza cultural que adquiere el control de sus pares, cuando son incapaces de romper el pacto que les indica que la violencia, el consumo de prostitución, el abuso, son indicadores de la masculinidad. Para pertenecer al club de la revista Hombre, que ofrece a la vista de sus lectores todos los cuerpos de los que puede apropiarse si es varón, hay que consentir en hacer de las mujeres un objeto de consumo y disciplinarlas si no aceptan su papel.

El proyecto completo presentado por la legisladora Maffía, aquí.

Fuente: Pidan Whisky

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