Diez postales de la Plaza

Convivencia.

Diálogo.

Defensa del gobierno popular.

¿Te acordás cómo era? Sí, te digo que sí, también eran tres cosas.

Justicia social, independencia económica y soberanía política. Te dije.

El globo vuela alto, más arriba que Eva y su pelo al viento.

Atalo fuerte, chango. ¿Sabés lo que sale?

Pasacalles, banderas, consignas.

Micros.

Micros.

Micros.

¿En qué querés venir? ¿A pata?

Sentate un ratito, dale, que todavía falta.

¿Te acordás de los actos de antes? Yo los vi en la tele, en Sucesos argentinos.

Una cabecita al lado de la otra. Miles, millones, todas en blanco y negro cubriendo la Plaza.

Y el General que la abrazaba. Y ella que lloraba. Porque ya no tenía tiempo ni para los honores ni para la lucha.

No había tanto trapo, tanto estandarte. La Plaza era un hormiguero salpicado de palmeras con la voz de fondo de Eduardo Rudy tapada por el rugido de la más maravillosa música.

¿Palco VIP? ¿Qué hablás? Esas son mariconadas de ahora… Para dejar contenta a la hinchada de saco y corbata.

Che, pará, ¿no ves que ya salió? Escuchá, a ver si aprendés algo.

No. Y no, yo tampoco la veo bien. Pero hay que estar, lo importante es estar.

¡Qué quilombo de banderas! ¡Qué ganas de gastar guita, viejo! Esos zeppelines son una conchetada.

Y ya termina, ¿no ves? Ya está saludando. No, ¿adónde vas? Rajemos, que se viene la tormenta y el micro está a seis cuadras.

Ojalá no llueva fuerte, si no nos vamos a embarrar hasta la manija. Siempre que llueve se embarra.

¿No te hace acordar a los actos de antes?

¿El balcón? No, el balcón no se usa. Qué sé yo. Capaz que está bien.

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