“De esto se sale radicalizando lo democrático y popular.”

—Desde la experiencia de conformación de la Carta, ¿qué destilados positivos deja el conflicto aún derrotadas las retenciones móviles?

—Hay un punto clave que surgió del conflicto: el retorno de lo político a los ámbitos intelectuales, la recuperación del debate de ideas en el espacio público. Es un punto muy interesante porque en núcleos conceptuales reingresaron temáticas, problemas, palabras, como ser el rol del Estado y la distribución de la riqueza, el reestablecimiento de los vínculos entre democracia, política y conflicto, la posibilidad de nuevos sujetos sociales que encarnen a su vez nuevos proyectos políticos democráticos, etcétera. Son dimensiones surgidas en el interior del conflicto. Asimismo, ha surgido la posibilidad de pensar una derecha con fisionomía novedosa respecto de la tradición de la derecha argentina, porque esta se afianza en imaginario de masas, establece dispositivos de alianza con medios de comunicación concentrados, es un escenario muy atípico.

La emergencia del espacio de la Carta Abierta fue una novedad entre el mundo intelectual y cultural en tanto fue una intervención no sólo de toma de la palabra sino también de su colocación en el espacio de lo público. Creo que logramos ser visualizados como actores distintos u originales a los que normalmente dirimen la cuestión de lo político, capaces de una reflexión responsable sobre la sociedad y el modelo de país.

—¿Cómo es la dinámica de este nuevo espacio surgido al calor del conflicto?

—El espacio Carta Abierta abre lugar para la convergencia de distintos mundos políticos y biográficos argentinos, unos más obvios y otros más silenciados. Canalizó demandas dormidas en el mundo de la cultura; muchos viejos militantes de los setenta, incluso del primer alfonsinismo o de sectores progresistas en los noventa, encontraron aquí la posibilidad de la reaparición de la dimensión política en su entorno, que en los últimos años no tenía tanta presencia. Todo en base a defender el gobierno democrático con una mirada autónoma y crítica, por supuesto, pero sobre todo alertando acerca del proceso destituyente que se generó, frente al cual asumimos una clara posición. Fue justamente la amenaza de ese otro destituyente el que habilitó la constitución de este espacio con rasgos de diversidad y fraternidad, no encriptado, sesgado y diferenciado como solían ser las agrupaciones de la tradición intelectual. El espacio de a poco fue sintiendo una necesidad proposicional, de reflexión sobre los problemas reales de la sociedad, del Gobierno, sus errores y dificultades, siempre aunado en la premisa básica de fortalecer la vía por una Argentina más igualitaria.

—¿Y qué pasa ahora con esta agrupación nacida en torno a un conflicto específico?

—Desplazado el conflicto hacia otro escenario, derrotada la 125, claramente nos posicionamos en situación distinta al 11 de marzo y sus meses siguientes. Fue derrotada una propuesta política que seguimos considerando clave e indispensable para un proyecto redistributivo y un planteo sobre la capacidad regulatoria del Estado. Vemos que hay reposicionamientos en Gobierno y hay que esperar señales que indiquen adónde van. Por supuesto que nuestra idea es que se profundice este proceso por el lado de alternativa democrática y apuntalando las lógicas que con la 125 tuvieron una derrota puntual. Nuestras posiciones atenderán el detalle de cada coyuntura pero siempre afirmándose en lo que venimos diciendo en estos meses: que de esto se sale radicalizando lo democrático y popular, construyendo un modelo de país que tenga como horizonte fundamental una política redistributiva no retórica, efectiva, vinculada a la redefinición del rol del Estado.

—¿Qué conformación social cree que puede motorizar las transformaciones políticas de las que habla?

—La base social seguramente necesitará actores que excedan la lógica pejotista que marcó el último derrotero del kirchnerismo. Mientras tanto, saludamos como hito clave el juicio y condena a Menéndez y el resto de los genocidas de La Perla. Creemos que reafirma el precepto y vocación de justicia y la política de derechos humanos y memoria, lo cual en este momento político es especialmente significativo. Si bien por supuesto no compensa la derrota con los dueños de la tierra y su renta extraordinaria, constituye una señal no menor de parte de quienes sostenemos la necesidad de que confluyan la política de derechos humanos con un camino emancipador y democrático.

—¿Qué asignaturas considera fundamentales en las peleas por venir?

—En términos generales, creo que hay que regenerar alternativas democráticas y populares a la par de un repensamiento crítico de los itinerarios del progresismo, que muchas veces imaginó un mero republicanismo liberal, vacío de contenidos sociales, y en algunos de sus sectores hoy se puso más cerca de derechas campestres que de la alternativa popular y democrática. Después, puntualmente, redefinir el lugar de la política jubilatoria, tomando en cuenta un nuevo mecanismo de ajuste semestral de las jubilaciones, y hacer pasar el tema por el parlamento, no es menor. También creo que sería importante que se avanzara en políticas crediticias que apoyen al mundo campesino real, mientras en simultáneo se implementa un control del proceso de sojización; hay que insistir en una política agraria que luche contra la concentración de la riqueza. Además, sostener una política salarial no pegada a la perversa lógica que plantea que a mayor salario mayor inflación; creo que un Comité del salario con la CGT, la CTA, los empresarios y el Estado es un instrumento clave para redefinir la puja salarial. Por otro lado, es importante que el Gobierno retome capacidad de regenerar base social. Para eso creo clave que recupere zonas de legitimidad debilitadas, como la del INDEC, para lo que constituir una Comisión de Notables que lo evalúe y redefina puede ser buena herramienta. Por último, creo que habrá un momento muy importante cuando la Ley de Radiodifusión sea tratada en el Parlamento, ya que la concentración de medios fue imprescindible para muchas políticas conservadoras, como por ejemplo las del campo.

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