Davos y El Mercado

Por Alberto Morlachetti (Agencia Pelota de Trapo – APE) – Entre picos nevados -de notable belleza- se encuentra el confortable centro invernal suizo de Davos, que albergó durante 5 días a mandatarios, ricos y famosos que debatieron sobre la pobreza en el mundo, bajo un cielo de infinitos azules. Hay bellezas que matan.

Los empresarios -que generan esas miserias- pagaron 12 mil dólares para encontrarse con el primer ministro británico Tony Blair, con el presidente francés Jacques Chirac, el canciller alemán Gerhard Schroeder o con el ex presidente Bill Clinton.

Millonarios -como Bill Gates- y los mandatarios reconocieron que millones de personas salen temprano de sus vidas: Se mueren 3 mil niños de malaria y 6000 personas por Sida cada 24 horas solamente en África. Arena sin pisadas en todas las memorias. Los números resultan desoladores. Weber expresaba -hace tiempo- su “desencantamiento del mundo”. La profanación permanente de la naturaleza y la pérdida de la sacralidad de la vida resultan perturbadoras. Quizás resulte difícil encontrar tiempos anteriores con mayor acumulación de heridas.

No podríamos nosotros definir a estas personas -que se encuentran en Davos- como operadores de la inteligencia y la imaginación “que ensalzan la existencia humana y crean culturas y civilizaciones”. Sus prácticas de pillaje y masacres de infancias prometen la discontinuidad de nuestra especie. Si creemos que es de niños la textura del futuro.

El capitalismo tiene una economía permanente de sentimientos. Tiene del mundo una comprensión intelectual, numérica, ganancial, reducciones abstractas que nunca forman una emoción, una fraternidad. No importan los crímenes colectivos -considerados a veces como insumos- porque viven para ganar. Se percibe a los indigentes que producen como hostiles, que se desplazan en un territorio que no les pertenece y que cobran “verdaderos tributos a títulos de limosna”.

El dulce encanto de Davos no nos preserva de las amenazas del oscuro sentimiento de la muerte que pretende actualizar sus fantasmas apocalípticos a ese otro ecosistema que llamamos dignidad humana. Los multimillonarios entendieron que buena parte de nuestra dilatada cartografía era inútil y la entregaron a las inclemencias. Sólo quedan las ruinas del mapa -diría Borges- habitadas por animales y mendigos.

Fuente de datos: Diario La Capital – Santa Fe 31-01-05

El Mercado

Por Alberto Morlachetti (Agencia Pelota de Trapo – APE).- Hombres y mujeres destinados a engendrar hijos, marcados con la precaria señal de los inocentes, “en la mansa procesión de los días y su oscura secuencia de horas muertas”, derraman su fuerza de trabajo en el recuerdo de fábricas cuyas ruinas susurran otros tiempos. Viven miserias sin cuento y es tan lejos pedir, saber que no hay, son los ciudadanos del hambre, portadores de derechos que nadie les reconoce.

Desde Madrid, Acción contra el Hambre ha alertado que la situación de la población argentina sigue siendo muy difícil. El 43% de los argentinos -según denuncia la ONG- vive por debajo del umbral de la pobreza y aproximadamente un 17% es indigente. Comparten vecindades con la muerte.

Acción contra el Hambre asegura que el 74% de niños de 0 a 14 años es pobre y casi la mitad reside en asentamientos precarios. Según las encuestas nutricionales de la propia entidad, entre un 40 y un 60% de estos niños padece de anemia (deficiencia de hierro). «Esta enfermedad hipoteca el futuro de los niños”, señala Olivia Acosta, portavoz de la entidad.

Es decir, nuestros niños, no pueden alimentarse adecuadamente y su futuro esta gravado por la desnutrición temprana que convierte a nuestros chicos en una generación de hombres y mujeres mutilados.

Estamos ante la presencia de algunos hombres que escriben sus vidas con apetitos formidables: los asesinos de la criatura humana señalados por la gracia especial de los mercados. “Los ejecutores insomnes”, como diría Mutis, los que van a matar como quien cumple con un rito necesario, amparados por el humo nocturno de las celebraciones bursátiles.

La fuerza institucionalizada de lo existente, produce un destino de muerte que alienta la trasgresión -ese acto desesperado de la esperanza- que habilita la fuerza de la resistencia y la desobediencia de los inocentes, que en el alba del viento abre “sus faldas como flores”. Es decir, el despliegue de un espacio donde, por fin, es posible pensar de nuevo. Imaginar un latido de cristal que titila como una estrella en el cercano oscuro de tus ojos.

Fuente de datos: Diario El Mundo – España 12-02-05

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