Cuestiones de libertad

La voluntad de debate sobre la Ley de Medios. Parece que hay una marcada retracción en orden a la voluntad de debatir la Ley de Medios. Habría que pedir a todos los colegas que digan algo y no tanto por lo que hace a lo que se ha escrito sobre el miedo enquistado en la intelectualidad argentina, sino por la cuestión de la agenda de lo que hace falta hablar y debatir para que la libertad de opinión y la libertad de prensa tengan contenido y no se reduzcan a la libertad de comercio cultural y a la libertad del negocio de imprenta, que son también dos libertades importantes pero secundarias respecto de la libertad de opinión y de prensa. Si no se hace el examen de estas cuatro libertades la cuestión se disuelve en el interior de la industria cultural o en el interior de los aparatos de propaganda gubernamentales. Si la puja es entre industria cultural y aparatos de propaganda gubernamentales, como hasta ahora ha ocurrido a propósito de la Ley de Medios que se encuentra en el parlamento, la controversia no hace más que atender a intereses económicos y comerciales o a conveniencias respecto de los posicionamientos de los grupos de poder. Ese es el debate de los que controlan el orden establecido y como en ese debate no hay ninguna referencia a los problemas relacionados con la agenda de esa gran parte de la sociedad, que no participa del poder en el seno de aquel orden establecido, y que es la ciudadanía, su resultado es nulo respecto de la libertad de prensa y de la libertad de opinión. Y como tampoco en ese debate se sinceran los intereses que se defienden, en verdad es poco lo que queda de interés en orden al debate entre industria cultural y aparatos gubernamentales. El plano del orden establecido, en el que antagonizan la libertad de la industria cultural y la libertad de la acción gubernamental y sus correlativos intereses: el interés económico de la industria cultural y el interés relativo a la conveniencecia del gobierno. Y el plano de la ciudadanía que no reviste en el plano privilegiado del orden establecido y en el que antagonizan la libertad de opinión y la libertad de prensa con sus correlativas expectativas: la expectativa pluralista en el que se edifica la libertad de opinión y la expectativa de difusión que se edifica en el acceso y la difusión en la que los medios de comunciación son el soporte (causa eficiente) de la libertad (causa final o telos de la libertad). Si no se desglosa la agenda de la libertad en relación a los medios de comunicación el debate es una mera verbalización de intereses que se disfrazan de opiniones. Incluso los grupos de interés examinados en esta perspectiva no resulta ser sino grupos de presión asociados a intereses antes que a ideas. Esos mismos intereses pueden expresar anhelos generales (como Poder Ciudadano, Greenpeace o la Asamblea de Gualeguachú que corta periodicamente el acceso a Uruguay) por la planta de Botnia, etc.) pero, en los hechos, solo ponen de manifiesto y privilegian la agenda de intereses a los que adscriben. No prejuzgo sobre esos intereses ni hago tampoco cuestión del eventual altruismo de algunos (como Grenpeace) pero la falta de sinceridad respecto de los propios intereses solo sirve para degradar el debate. Miremos la cosa con ejemplos para que esto no sea un mera verbalización. El primer ejemplo es el de la industria cultural. Los dueños de los medios privados se quejan por las restricciones que la Ley de Medios establecería sobre las participaciones en mutimedios y en el control de mayorías accionarias o en la cuestión de las licencias. Pero en ese debate de intereses lo que queda afuera es el nivel completamente degradado de esa misma industria cultural. En particular la televisión no es más que un inmenso sumidero de basura, mala educación y aburrimiento. Y el problema del monopolio de esa basura, de esa mala educación y de ese aburrimiento es un asunto que tiene que ver con el conjunto de la sociedad. En medio de esa basura solo se baila (y muy mal) por un sueño (de momento), se acumula vulgaridad acerca de accidentes de transito, farándula y ejemplos ridículos de algunos personajes del entorno gubernamental. Pero en la televisión argentina de la industria cultural (la estatal practicamente no existe) no hay noticiosos serios, no hay cine que valga la pena, no hay información desagregada y de detalle del país o sus regiones y ni siquiera de la propia Buenos Aires en cuyo espacio geográfico funcionan los grandes canales de televisión abierta. Jamás se ha debatido la educación (el desgranamiento, la mala formación, la ineficiencia pedagógica, etc) y los problemas fuera de Buenos Aires solo llaman la atención cuando alguna catástrofe sirve para aumentar el raiting como cuando se desborda un río en Salta. Entonces cabe preguntarse, teniendo como ejemplos al alcance de la mano a la televisión brasileña o española, ¿si no hay que debatir y demandar otro tipo de oferta que sirva para atenuar la basura mediática? Hay por cierto mucho más, pero no avanzo porque solo presento un ejemplo. Un segundo ejemplo es el de los diarios. El periodismo de los diarios es 100% amarillo y amarillo oscuro. Entonces que queda de la libertad de prensa cuando no hay agenda. Jamas se ha tradado en los medios el problema de la producción de medicamentos genéricos. Tampoco se debate el problema académico y científico. No hay un solo registro en los grandes diarios de la cuestión denunciada en tu libro La Nomenkaltura Académica en la Cultura Argentina, que se está debatiendo en Internet. Tampoco se registra un solo debate sobre la saturación y la disfuncionalidad de la administración de justicia. Tampoco hay debate sobre el petróleo y su control estratégico. Tampoco hay ningún debate en los medios sobre el monopolio de las técnicas de los transgénicos. Tampoco hay un debate sobre los pool de siembras de soja y nunca se ha publicado una sola lista con los 100 más altos propietarios o que controlan esos pool de siembra. La lista es interminable. Si hay exceso de páginas sobre Antonini Wilson o el uso de aviones por parte de la pareja presidencial. Pero nunca se ha debatido porque un buque de bandera extranjera solo puede tocar en el tránsito por el Paraná un solo puerto. O porque hay tan pocas univerasidades nacionales o porque no hay universidades de las provincias. Y si esto no está en la agenda de los medios y si sólo está en la agenda el problema de las restricciones a la participación accionaria, entonces, o esa libertad no sirve más que para invertir y ganar o perder dinero o, en conjunto, los que no participamos del orden establecido somos todos unos descerebrados que solo damos rienda suelta a la basura que nos ofertan los medios. No solo hay que llamar la atención. Si no se debate, uno puede llegar a pensar que en verdad y como conjunto social externo al orden establecido tendemos a ser algo muy parecido a un grupo de descerebrados que solo da rienda suelta a la basura que ofertan los medios. Y esto último es muy inquietante.

Joaquín E. Meabe UNNE-Corrientes

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