Cuando vota la bota

Dos semanas antes de las elecciones primarias en Santa Fe, nadie duda del triunfo de Agustín Rossi entre los aspirantes del Partido Justicialista. En cambio, las encuestas cambian según el cristal con que se las pague a la hora de pronosticar en la interna del partido gobernante. Mientras, Miguel del Sel goza de una primavera inesperada que pinta de reminiscencias menemistas los caminos de la bota.

El gobernador Hermes Binner no se caracteriza por ser un hombre expresivo. Mucho menos por ser un orador de fuste. El domingo lo demostró cuando debió abrir las sesiones legislativas. Centró su discurso monótono en la gestión cultural y dedicó poco espacio a la obra pública y a la salud, cuestiones con la que hace cuatro años conquistó una provincia que solo hablaba el idioma justicialista.

Justamente en esas expectativas defraudadas por Binner, y en los inconvenientes que tiene el mandatario para imponer a su delfín en la interna del Frente Progresista Cívico y Social, el justicialismo guarda expectativas de volver a gobernar la provincia de Santa Fe, algo que parecía impensado apenas algunos meses atrás.

Claro que los verbos no se conjugan del mismo modo según se les pregunte a Rossi, a Bielsa o Perotti, cuando se los consulta sobre la idea de mandar en Santa Fe. Para Bielsa o Perotti sería “recuperar” la provincia, tal los slogans imperantes en la campaña. Para “El Chivo”, la cuestión pasa por tener por primera vez lo que no tuvo nunca, ya que jamás se enroló en las filas reutemanistas, ni siquiera en los tiempos en que el corredor hacía y deshacía a su antojo.

Hasta el momento, no hay ninguna encuesta que considere seriamente que Rossi vaya a perder la interna. Bielsa estancado y con poca presencia física en el territorio, Perotti creciendo merced a los aportes del obeidismo residual, pero no lo suficiente, y el procesista Mercier con un indigno 1% de intención de voto, le aclaran el panorama al jefe de la bancada oficial en diputados. En cambio, los pálpitos y los pronósticos varían toda vez que se charla sobre los movimientos dentro del frente que conforman radicales, socialistas y demoprogresistas.

Los tres aspirantes a suceder a Binner son Antonio Bonfatti, el jefe de sus ministros y elegido por el gobernador; Rubén Giustiniani, actual senador y enfrentado con la Casa Gris; y Mario Barletta, radical e intendente de Santa Fe. Todos difieren a la hora de ver un ganador. Todos se ven a sí mismos adelante y aducen estar creciendo en los días decisivos.

Cotejando datos, se puede presumir que hoy por hoy, el Senador Giustiniani, ligado a los sectores más conservadores de su partido (votó en contra del matrimonio igualitario, de la estatización de los fondos de AFJP y de otros proyectos progresistas) se está imponiendo levemente en los guarismos previos. Pero tan cierto como este dato es el otro que lo muestra estancado y con el candidato de Binner pisándole los talones, lo que permite suponer que finalmente Bonfatti podrá ir a la definición, tal como lo pergeñara su mentor.

En tanto, Miguel del Sel, el candidato nostálgico de los ‘90 instalado por Mauricio Macri, goza de una intención de voto que provoca alergia en los políticos de carrera y que mantiene la duda sobre qué sector de la derecha quedará diezmado cuando las urnas se pronuncien y le entreguen a “Miguelito” un caudal de votos que seguramente no será un chiste de Midachi.

Así las cosas, los interrogantes a develar son varios y crecerán una vez que se resuelva la interna abierta. Por ejemplo, habrá que ver cómo asimila el Partido Justicialista un triunfo de Agustín Rossi, que cambiará los ejes de conducción de un espacio que fue usufructuado por la derecha más rancia. Si las viudas de Obeid y Reutemann se alinean a Rossi –tal como se comprometieron en campaña- el PJ irá unido a la contienda final y será de temer. Además, los operadores del Chivo consideran que por entonces, Cristina ya estará arrojada a la campaña por la reelección y algunas visitas oportunas a la provincia, donde su imagen positiva es muy alta, podrían contribuir al batacazo. Los cercanos antecedentes de Catamarca y Chubut son traídos a cualquier discusión por los rossistas más optimistas.

Sin embargo, en el Frente Progresista opinan lo contrario. Aun cuando la interna les ha resultado un desgaste de energías que no tenían en los cálculos, piensan que una vez que la misma se resuelva, con el camino despejado, todos encolumnados y Binner conduciendo el buque insignia con su imagen positiva en las espaldas, podrán retener el gobierno y algo más: instalar al referente socialista a nivel nacional, sea para acompañar a Alfonsín (h) o para construir un espacio junto a otros sectores anti kirchneristas.

Otro dato no menor será como reaccionen los votantes ante el nuevo sistema electoral. Hecho a la medida de los que aborrecen la militancia, la nueva boleta no podrá ser entregada en mano sino que estará en un box preparado para la ocasión y deberá recibir una tilde al lado de la foto del candidato elegido, antes de ser firmada por las autoridades de mesa. Si bien en los últimos días hay una furiosa campaña publicitaria para enseñar a votar, nadie tiene en claro cómo repercutirá, sobre todo porque al voto en blanco hay que marcarlo y, quien no lo hiciere, verá anular su sufragio, con el riesgo que esto trae aparejado para el escrutinio final.

De todas maneras, correr riesgos es una máxima insoslayable en la práctica política, de modo que esto no afectará demasiado a los contendientes. Al menos no tanto como el resultado final.

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