Coyuntura de la Ciudad: la política porteña con destino incierto

Por Causa Popular.-
Desde que el actual Jefe de gobierno porteño Aníbal Ibarra le ganó por pocos puntos a su contrincante Mauricio Macri en la segunda vuelta, buena parte de los habitantes del palacio municipal y de todo el Gobierno de la Ciudad buscan su destino más allá del 2007. Con los ojos puestos en las próximas elecciones legislativas del 2005, buena parte del debate político en el seno de la administración comunal gira en torno al futuro después de Ibarra. Ante una derecha que continúa desarticulada, los posicionamientos giran en torno a esperar las iniciativas del jefe de gabinete porteño Raúl Fernández o aceptar las propuestas impulsadas por la mano derecha del Presidente, el ambicioso Alberto Fernández.

A la hora de las especulaciones en el Gobierno de la Ciudad, ninguna hipótesis resulta descabellada y mucho menos teniendo en cuenta que los debates sobre el futuro de quienes habitan el Palacio Municipal dependen de lo que se resuelva en una mesa chica compartida por Aníbal Ibarra y su mano derecha, Raúl Fernández.

Aunque hay algunos más que participan de ese convite, hay muchos otros que esperan con fruición cuál será la propuesta final de Alberto Fernández, el Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner que sueña con su candidatura para suceder a Ibarra y ubicar al actual jefe comunal como el vicepresidente de una fórmula para la reelección de K en el 2007.

Esta iniciativa es acicateada por la hermana del titular del ejecutivo porteño, la senadora Vilma Ibarra quien ha incrementado su ascendente en las intrigas palaciegas desde que comparte pareja con el Jefe de Gabinete de Ministros de la Nación. Dicen que todo comenzó cuando el Gobierno Nacional, de la mano de Alberto, puso todo en juego para que Ibarra fuera reelecto y ante tal arrojo, es lógico que tarde o temprano la ambiciosa mano derecha del Presidente espere beneficios políticos por los servicios prestados.

Nadie puede negar que la jugada fue riesgosa ya que, en caso de haber ocurrido la derrota de la gestión progresista, el ascenso de la derecha comandada por Macri no sólo habría significado un amargo comienzo para Kirchner, sino un fugaz paso de Alberto por el gabinete nacional.

Aunque todo sería mucho más difícil para los habitantes de la Casa Rosada si del otro lado de la Plaza de Mayo el ocupante no fuera un aliado, lo cierto es que la ausencia de iniciativas políticas del gobierno de Ibarra a veces sólo invita a comprender que el actual intendente se mantiene a flote gracias a su inmensa suerte.

Frente a los planes delineados por quienes ya se identifican como “Albertistas”, fuentes consultadas por Causa Popular confirmaron que en el despacho del actual jefe de Gabinete de Ibarra consideran las ambiciones de Vilma y Alberto como una salida más familiar que política al día después del término del segundo mandato del ex fiscal.

Entre las huestes de Raúl Fernandez (el “colorado” para sus intimos), más conocidos como “fernandistas”, nadie suelta prenda, pero muchos no descartan que los acercamientos con Elisa Carrió ocurran de la mano Fernando Melillo, recién ungido representante capitalino del ARI. Es que un acercamiento con esta fuerza permitiría a la ex diputada contar con la inmensa infraestructura que controla el «colorado» , cuyos seguidores tampoco ven mucho futuro en el armado de Alberto Fernández y ni hablar dentro del kirchnerismo nacional.

Sin embargo, no todos los caminos conducen al ARI. La vieja relación entre Raúl Fernández y Eduardo Valdez, el antiguo operador del actual canciller Rafael Bielsa, no es un dato menor habida cuenta la segura postulación de “El Rafa” para las próximas elecciones de septiembre de 2005 como diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires.

Los planes de la transversalidad han caído en un saco roto y lo más probable es que la amplitud de la Casa Rosada se traduzca solamente en un Frente Popular al viejo estilo peronista que permita la convivencia de las distintas vertientes del PJ y en especial de las que responden al ex Presidente Eduardo Duhalde con quienes sólo aportarían sus esfuerzos en esa empresa si Kirchner es la cabeza de un proyecto nacional y popular.

Así las cosas, los objetivos del justicialismo en la Capital Federal están centrados en legitimar la unidad del PJ porteño a través de una lista única de diputados para setiembre del 2005, donde el vicejefe comunal Jorge Telerman (hoy a cargo del área social) juega un papel importante gracias a sus amplias relaciones con la flor y nata del pejotismo capitalino.

Nadie descarta que los tejes y manejes en su seno terminen sirviendo para encolumnarlos como kirchneristas puros que saldrían a la calle solamente cuando la Casa Rosada designe a su hombre para la ciudad.

Luego de ver a Kirchner apoyado por la CGT y las 62 organizaciones tras la consigna de “un gran frente nacional y popular”, ¿quién puede dejar de soñar con un justicialismo porteño depurado al servicio del Presidente?

Entre sueño y sueño, quizás sean muchos más los que harán lo posible para que eso no ocurra, pero habría que preguntarse cuán útil puede resultar el fragmentado aparato del PJ al servicio de una alianza con el macrismo o con las desvalidas iniciativas de López Murphy o Patricia Bullrich.

Es cierto que el electorado porteño cada día tiene menos preferencias por Néstor Kirchner, pero quizás por eso las distancias entre albertistas, fernandistas y demás pelajes vayan disipándose ante la emergencia de una derecha política que gusta de Macri, pero que no haría mucho asco si Elisa Carrió consolida su oposición febril a K.

Con el radicalismo porteño en franco proceso de descuartización, ni las huestes del empresario Mauricio Macri (hasta hace poco enmarcadas en Compromiso para el Cambio) encuentran su destino. Macri sigue intentando desembarcar en la Provincia de Buenos Aires y ante la negativa de López Murphy de desembarcar en Capital, Patricia Bullrich podría ser nuevamente una referente que los reagrupe, pero nadie puede negar que los que soñaban con Macri al frente de la Ciudad, aun no pueden contener las consecuencias de la derrota en el ballotage porteño y el desbande confirma que hay muchos menos proyectos de gobierno que los que se esperaban.

Sin embargo, el espacio de centroizquierda porteño aún no ha demostrado algún aprendizaje de la última contienda electoral en su territorio. Aunque la experiencia macrista demostró que podía robarle fácilmente las banderas históricas al progresismo y que incluso podía llegar mucho más lejos poniendo a los más postergados a su servicio, desde el Gobierno Porteño las iniciativas políticas de agrupar un arco progresista se hacen esperar. Quizás demasiado.

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