Consejo del Salario y ruptura de la CGT: un problema de obesidad sindical sin discusiones de fondo

Por Causa Popular.- Todo estaba cerrado antes de su apertura. El Consejo del Empleo, la Productividad y el Salario no se había reunido, y ya se conocía la resolución final que iba ser votada por la mayoría de los delegados representantes de las patronales y los trabajadores. Todo se desarrolló formalmente por los canales esperados. El salario mínimo llegará a los 630 pesos en los próximos tres meses, monto al que se opusieron los 3 delegados de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) para quienes el mínimo debería alcanzar la mitad el valor de la canasta de pobreza: 772 pesos.

Los delegados de la CGT que asistieron, alineados con el camionero Hugo Moyano, avalaron el mínimo pretendido por el gobierno nacional, la UIA y las cámaras empresarias, convirtiéndose en un elemento más de las diferencias en el triunvirato que dirige la central sindical unificada sólo por el nombre.

No es casual que la convocatoria se produjera mientras evolucionan las negociaciones por paritarias que podrían haber disparado el mínimo, mucho más allá de la barrera de contención que significa este acuerdo.

Los 630 pesos no significan a ciencia cierta un aumento, ya que sólo se trata de la incorporación, al sueldo básico de los aumentos ya otorgados por el gobierno. Cabe agregar que no ocurrirá de una vez, sino «progresivamente».

De los 450 pesos actuales, los haberes de mayo serán de 510 pesos, en junio de 570, alcanzando recién en julio los 630 finales. La medida alcanzará a todos los trabajadores en relación de dependencia, formalizados, y a la administración pública nacional, y en los hechos, implicará transformar dos items no remunerativos de 50 y 100 pesos, para incorporarlos al salario.

La relación fluida de Hugo Moyano con el gobierno, no le resulta gratuita al camionero en la alianza con “los gordos” menemistas que lo encumbraron en lo más alto de la CGT. Varios de los pesos pesados comenzaron a poner obstáculos en la ruta del camionero para impedir que se quede con la conducción única de la entidad gremial (madre del sindicalismo peronista) como habían acordado con Moyano.

La convocatoria al Consejo profundizó la pelea, escuchándose fundamentalmente a la enemiga de Moyano, la cosecretaria general Susana Rueda, quien a capa y espada niega que la iniciativa sea un logro de su colega y reivindica a su principal mentor, el presidente Kirchner.

La última reunión de los máximos exponentes del “sindicalismo empresarial” puso paños fríos, para la prensa, a la posibilidad de una ruptura, pero por abajo el enfrentamiento aumenta día tras día con una esperada conexión, que hasta ahora busca negarse, con la interna en el Partido Justicialista.

Estas diferencias se dejaron ver en el seno mismo del Consejo del Salario, con la ausencia de los tres representantes sindicales que se oponen a consagrar al camionero Hugo Moyano como único secretario general de la central. Los «gordos» José Luis Barrionuevo, Oscar Lescano y Armando Cavalieri dejaron sus asientos vacantes, ya que no fueron a la reunión en el Ministerio de Trabajo ni enviaron a sus suplentes.

“Si alguien no vino a la reunión del Consejo es responsabilidad o irresponsabilidad por parte de ellos, de ella”, se limitó a señalar Juan Manuel Palacios -alineado con Moyano- en obvia alusión a la dirigente de la Sanidad, Susana Rueda, la más mediática opositora a la elección de camionero que responde sin objeciones a uno de los gordos más poderosos del aparato: Carlos West Ocampo, otrora jefe del gremio de la sanidad que aún conserva su poder de manera intacta.

La CTA, por un salario arriba de la canasta de la pobreza

En el encuentro celebrado en el Ministerio se traslucieron otras diferencias sindicales, distintas a las meras pujas de poder desatadas en el interior de la CGT. Dos proyectos sindicales diferentes se dejaron ver en las negociaciones, los de la CGT y de la CTA.

El líder de esta última, Víctor De Gennaro, planteó dos puntos de diferenciación: cuando se discutió el ingreso mínimo, la CTA reclamó un mínimo de 772 pesos y no de 630 y además hizo hincapié en la política de ingresos. La CTA fue con su propio libreto y pidió un salario mínimo para que se ajuste al 50 por ciento de la canasta total de referencia, que está calculada en alrededor de 1600 pesos mensuales, porque incluye vivienda, salud y recreación, entre otros puntos.

Uno de los puntos que se tiró sobre la mesa de debate fue la posibilidad de modificar las asignaciones familiares, cuando la CGT pidió que se estudien aumentos y cambios en los topes para percibir esos beneficios y la CTA reclamó una “asignación universal”.

Mientras esto sucedía un grupo de trabajadores de SMATA realizaba una ruidosa protesta en la puerta del Ministerio que se filtraba por los ventanales del piso 16, donde el ministro Tomada brindaba una conferencia de prensa donde anunciaba que el aumento beneficiaría a un millón de trabajadores. Desde la CGT, en tanto, dieron otra cifra: el abogado laboralista Héctor Recalde planteó que quedaron comprendidos 480 mil trabajadores y defendió que se estableciera “un nuevo piso salarial para la negociación colectiva”.

Para ese entonces, los dirigentes de la CTA ya se habían retirado, luego de haber marcado que el nuevo salario “sólo alcanza al 19 por ciento de los trabajadores registrados, unos 350 mil empleados”, declaró el economista de esta central y diputado nacional Claudio Lozano.

El Consejo del Empleo, la Productividad y el Salario, le sienta bien a la CGT, que de esta forma recupera el protagonismo que le arrebataron en los últimos meses los conflictos sindicales dirigidos por los delegados de base que no reconocen a la central como conducción de sus luchas.

La contención de estos conflictos, a su vez, se vuelve fundamental para el gobierno en un año electoral en el que se muestra dispuesto a que no se le desboquen los conflictos gremiales, que desde hace un tiempo atrás desbancaron a los piqueteros de la primera plana de los diarios.

Como ha sucedido históricamente, la CGT -una herramienta política clave para el gobierno- finalmente se divide mientras la resolución de la disputa entre Kirchner y Duhalde continúa con final abierto.

Sin embargo a pesar de los alineamientos partidarios, lo cierto es que con las diferencias cosméticas entre dirigentes, los “gordos” siguen eludiendo una gran discusión de fondo:

¿Cómo administran las cajas sindicales?.

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