Confesiones de hotel: las plantas de celulosa y la diplomacia presidencial

Por Víctor H Abelando, gentileza Semanario Brecha, especial para Causa Popular.- Cuando el presidente argentino Néstor Kirchner invitó, el 1 de marzo, a “mi amigo, el presidente Vázquez, a suspender las obras por un período de noventa días a los efectos de que durante ese plazo recibamos una opinión autorizada e independiente que nos establezca con claridad los criterios y exigencias que se deben adoptar para asegurar que la calidad de vida de argentinos y uruguayos, vecinos del río Uruguay, no se vea afectada por la eventual instalación de las plantas”, no estaba simplemente formulando una exhortación. Los hechos posteriores permiten inferir que el conflicto entre los dos países comenzaba a transitar una posible salida. De ahí que las palabras de Kirchner no fueran un hecho aislado y sí constituyeran una suerte de sinopsis de los acontecimientos que vendrían.

De acuerdo a fuentes del gobierno uruguayo consultadas por BRECHA, desde semanas atrás se trabajaba a nivel de los hombres de confianza de los dos presidentes (el secretario de la Presidencia, Gonzalo Fernández, y el jefe del gabinete argentino, Alberto Fernández) en allanar el camino hacia una factible negociación entre los mandatarios.

Dos aspectos básicos parecían dominar el espíritu con el que ambos gobiernos debían encarar el asunto. En primer lugar, la conclusión de Kirchner y sus operadores de que las plantas de celulosa no se pararían definitivamente (véase página 4), por lo cual el eje de las conversaciones debería centrarse en garantizar los controles para minimizar los riesgos ambientales; segundo, Uruguay no podía seguir en la lógica de un enfrentamiento con Argentina capaz de poner en tela de juicio una historia común y una política internacional basada en la integración regional.

La persistencia de un escenario con la ausencia de movidas tendientes a buscar el diálogo sólo tendría como corolario una eventual ruptura de relaciones, amén de socavar un ya problemático MERCOSUR, en cuyo caso Uruguay quedaba prisionero de la línea internacional de Estados Unidos, comentaron a BRECHA legisladores del FA.

De ahí que la reunión de los mandatarios en Chile, el sábado 11 en ocasión de la asunción de Michelle Bachelet, no debe entenderse como un giro imprevisto o, como lo ha señalado la oposición uruguaya, un apartamiento de Vázquez de antiguas definiciones.

En la conferencia de prensa conjunta, ambos presidentes pidieron “un gesto” a los ambientalistas argentinos para que cesen los cortes en dos de los tres puentes binacionales, y a las empresas Botnia y ENCE que detengan voluntariamente las obras por un plazo máximo de 90 días. A partir de allí se iniciaría una negociación, con dos encuentros entre Kirchner y Vázquez, el primero en la estancia de Anchorena y el segundo en Mar del Plata.

También quedó claro que la condición para que los mismos se concreten es que los “gestos” se realicen simultánemante.

Los perjuicios económicos de los cortes (el presidente uruguayo dijo en Venezuela que en el continente hay dos naciones con bloqueos comerciales, Cuba y Uruguay) son evidentes, aunque existe una tendencia a agregarle protagonismo como en el caso del turismo, en que se responsabiliza al bloqueo de puentes de la mala temporada, sin mencionar que el precio del dólar en esta orilla del río ha sido más desestimulante para la llegada de veraneantes argentinos que los piquetes.

Empero, es claro que ha generado graves dificultades a los transportistas y a la industria turística del litoral uruguayo (el gobierno estima en 200 millones de dólares las pérdidas provocadas por los cortes), aunque también es claro que el flujo de mercancías permanece, seguramente con el beneficio de quienes explotan vías distintas a las terrestres. Por ejemplo, el miércoles 15 llegó al puerto de Montevideo un buque con insumos para Botnia.

No obstante, los piquetes son indigeribles para el gobierno uruguayo. Lo mismo ocurre con su par argentino respecto a la continuidad de las obras, sin una señal que indique que se lo tiene en cuenta cuando se trata de emprendimientos en un río compartido.

Decodificador, se busca

Si la estrategia parece clara -entre otras cosas porque surge de una necesidad diomedea nacida en los compromisos electorales y definiciones del gobierno progresista en política internacional-, la misma se oscurece en los pasos tácticos y en la información que sobre ellos tiene la sociedad uruguaya y el propio elenco gubernamental.

Tras la conferencia de prensa conjunta del sábado 11 hubo una reacción de la oposición política con decibeles muy altos, hablando incluso de entrega de la soberanía por parte de Vázquez.

Juicios y ataques que fueron acompañados por un general desconcierto en el progresismo.

Las primeras reacciones del oficialismo se dirigieron a cerrar filas detrás del presidente, advirtiendo que lo hecho por Vázquez era el único camino posible y coherente. Sin embargo, tras las precisiones del mandatario en Bolivia -donde dijo que el encuentro con Kirchner no consistió en un acuerdo sino en sentar las condiciones para ello-, los dirigentes frenteamplistas se apresuraron en señalar que se estaba frente a un “preacuerdo, al inicio de un diálogo, que no existían compromisos y tampoco nada firmado”.

Todo en el afán de responder a los ataques de la oposición e intentar preservar la coherencia de un discurso de gobierno dirigido a asegurar la construcción de las plantas y a no negociar bajo la presión de los cortes. Esa lógica discursiva había llevado a que el vicepresidente Rodolfo Nin calificara de “impertinente” el pedido que Kirchner hiciera el 1 de marzo.

Reacciones sazonadas por la falta de comunicación entre un Vázquez en gira y su gabinete en Montevideo. La realidad indica que el tejido que culminó con la reunión en Chile era de resorte exclusivo del círculo áulico de Vázquez, del que no participa la cancillería ni el resto del gabinete que desconocía las alternativas de la negociación.

Si el hermetismo impidió que el partido oficialista y sus principales dirigentes sintonizaran rápidamente con lo que aparentaba ser un viraje, la sorpresa fue mayor entre los principales líderes de los partidos tradicionales, con la salvedad del ex canciller y senador blanco Sergio Abreu, quien comentó que era un primer paso para dialogar y que los resultados finales se verían en las conversaciones posteriores.

Es que todo indica que Vázquez no comunicó a blancos, colorados, independientes y cívicos -a cuyos líderes había convocado semanas atrás para que respaldaran su postura en el conflicto- los pasos que daría al encontrarse con Kirchner. En la lógica del presidente, el apoyo de todos los partidos de la oposición obviamente fortalecía la posición uruguaya, pero no implicaba que fueran convidados a definir la estrategia a seguir.

Varios dirigentes del FA comentaron a BRECHA que el gobierno no podía sumergirse en una dinámica de nacionalismo exacerbado, que por momentos alentó, más cuando aquella reunión de Suárez con los principales dirigentes de la oposición podía transformarse en el “abrazo del oso”.

Ello porque, como lo demostraron después distintas declaraciones de blancos y colorados, el objetivo era el desprendimiento de Uruguay del MERCOSUR, con el pretexto de los problemas con Argentina, inscribiendo de hecho al país en la lógica estadounidense de eliminación de los bloques regionales.

La reacción de la oposición era esperable ante cualquier iniciativa que se apartara de la dinámica del “país agredido y unido contra la prepotencia argentina, que inevitablemente debería llevar a apartarnos del pacto regional”, advirtió a BRECHA un senador oficialista, quien agregó que “debemos atender la falta de discusión y comunicación dentro del gobierno, porque el debate político es el que construye las sintonías”.

Te toca mover

El paso dado por Vázquez tiene varias aristas, y una de ellas es haber trasladado “la pelota a la cancha del vecino”, pues “trabajado” (que no resuelto todavía) el pedido de interrupción de las obras en suelo uruguayo, la principal traba de la negociación reside en Argentina, por la intransigencia, hasta ahora, de los ambientalistas a deponer sus medidas de corte de ruta.

En estas semanas, el gobierno uruguayo comenzó a negociar con las empresas Botnia y ENCE la paralización momentánea de las obras. Fuentes de Botnia aseguraron a BRECHA que los contactos con el Ejecutivo existen, y que los resultados de los mismos serán difundidos en los días venideros. La española ENCE, en tanto, ha expresado públicamente la posibilidad de detener los trabajos, por ahora limitados a la remoción de tierra.

Fuentes gubernamentales aseguraron que en lo conversado en Chile no hay improvisación y, dado que legalmente el Ejecutivo no puede exigir la detención de las obras, se comenzó hace tiempo a trabajar sobre la hipótesis del “gesto” anunciado en el país trasandino. Los mismos informantes señalaron que a las empresas no les sirve estar en el centro de una polémica que todos los días las transforma en noticia y fuente de conflictos, por tanto dan por descontado un “gesto” de las dos firmas.

La otra dirección de trabajo del gobierno fue conversar con el SUNCA, sindicato que tiene alrededor de dos mil trabajadores entre ambas obras. El ministro de Trabajo, Eduardo Bonomi, se entrevistó con dirigentes sindicales de la construcción y les planteó algunas soluciones para el caso de la detención de la construcción. El sindicato exigió que no existiera pérdida de jornales y propuso la creación de una tripartita con las empresas implicadas, el gobierno y los trabajadores para acordar allí los pasos siguientes a la paralización.

Por el lado uruguayo, los deberes parecen cumplirse, más allá de que los distintos contactos permanecen ajenos a mucha gente del gobierno y transcurren bajo la misma modalidad de silencio que caracterizó la labor de alfareros desarrollada básicamente por los Fernández.

En la otra orilla los esfuerzos están dirigidos a convencer a unos ambientalistas otrora acicateados, y que ahora se pretende desensillen para habilitar la salida.

Sin embargo, algunos problemas subsisten del lado uruguayo a la hora de seguir la lógica sinuosa impuesta por Vázquez. El anuncio de que Uruguay se presentaría ante los tribunales argentinos para demandar por los perjuicios económicos derivados de los cortes choca con la manifiesta voluntad de negociar y, como dijo el ex presidente Jorge Batlle, da jurisdicción a la justicia argentina en temas que atañen al país. Empero, podría leerse como un elemento de presión más hacia un gobierno hermano que debe tomar una difícil decisión, si los ambientalistas persisten en su medida.

Por otro lado, y como expresión de una cautela que no se pregona a veces en el discurso oficial, el Ejecutivo uruguayo no ha dado trámite definitivo a la nota presentada ante el Tribunal de Solución de Controversias del MERCOSUR. La especulación circulante es que se espera tanto el regreso de Vázquez como el devenir del diálogo iniciado.
La otra cara de esta complicada trama diplomática es la decisión de sectores de Fray Bentos de movilizarse en defensa de la construcción de las plantas de celulosa y, por ende, de las fuentes laborales.

Ayer, jueves, se realizaba una marcha que surgió a iniciativa del SUNCA (sin convocatoria del Plenario local del PIT-CNT ni de la central en Montevideo), a la que se sumó el intendente de Río Negro (que a su vez decretó el cierre de la Intendencia desde las 15 horas para facilitar la concurrencia de los municipales) y diferentes organizaciones comerciales y sociales del departamento.
La reacción de estos sectores parece dirigida a plantarse firme en la negociación que se abrirá si finalmente los “gestos” pedidos por ambos presidentes se concretan.
Greenpeace no premió a nadie

La organización ambientalista internacional Greenpeace afirmó que nunca entregó un premio a la tecnología que aplicarán las plantas de pasta de celulosa de Botnia y ENCE en Uruguay, y que lo que se divulgó como una “medalla de plata” simplemente fue un ranking de dichos procedimientos utilizando una jerga olímpica.

Greenpeace condenó la “campaña” que llevan adelante los medios de prensa en Argentina y Uruguay, al igual que “autoproclamados científicos”, con el objetivo de desacreditar la labor de esta y otras organizaciones ecologistas.

“Botnia y ENCE no deben confundirse: si quieren ser premiadas por las organizaciones ambientalistas y de consumidores deben primero ofrecer productos que lo merezcan”, declaró Greenpeace.

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