Con la democracia aún no alcanza

“En este libro, Dani Yako muestra lo bueno y lo malo, los grises y las sombras, el dolor y la alegría. Veo a los jóvenes dibujando las siluetas de los desaparecidos durante la atroz dictadura militar y entonces mi memoria se activa. Los militares todavía no se habían ido y esos muchachos reclamaban el castigo a los culpables. Poco después llegaría la creación de la Conadep, las investigaciones sobre las violaciones de los derechos humanos, la entrega del Informe Final que recibí de las manos del escritor y amigo Ernesto Sábato.

Faltaba todavía para el juicio a las Juntas, para ver a los principales responsables de los crímenes de lesa humanidad sentados en el banquillo de los acusados. Por primera vez en la historia argentina, por primera vez en la historia de los países del mundo. Es curioso que esos chicos dibujando las siluetas puedan desatar tantos recuerdos.

Pero no todos son gratos. La imagen de esos muchachos exigiendo la verdad sobre los desaparecidos también despierta en mi cabeza las reacciones de quienes se sintieron perjudicados por una Justicia que por primera vez los señalaba; amenazas de bombas en las escuelas, intentos de desestabilizar a la naciente democracia, panfletos incendiarios y declaraciones provocadoras.

No fue fácil romper el cerco tendido a lo largo de décadas de golpes de Estado, democracias tambaleantes y nuevos golpes de Estado. Desde 1930 hasta el 10 de diciembre de 1983 la sociedad argentina había vivido bajo la tutela de sectores intolerantes que no aceptaban el veredicto de las urnas y utilizaban las armas para acosar a la Libertad.

También incentivan mi memoria las fotografías de jóvenes enamorados en las plazas; comenzaban a disfrutar de una libertad que hasta ese momento no habían conocido. Hasta muy poco antes había estado prohibido hacer demostraciones de amor en las calles porque el amor no formaba parte del equipaje de los personeros del odio. Festivales de música en las plazas, chicos cantando junto a sus ídolos favoritos, todos esos recuerdos reaparecen viendo las magníficas fotografías de un hombre que sabe atrapar momentos de la vida que no deben ser olvidados jamás. Porque son patrimonio de la democracia.

Democracia que, por otra parte, todavía sigue en deuda con una buena porción de los argentinos. La imagen de desalojos de familias humildes ordenados por la Justicia, la de hombres y mujeres sin trabajo, muestran nítidamente que estos veinticinco años de democracia todavía son insuficientes para resolver temas que agobian a miles de compatriotas.”

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