Con Cristina en su primer gobierno, el kirchnerismo lanza su segunda ofensiva

Luego de 4 años de campaña permanente, el kirchnerismo, la otrora fuerza minoritaria del complejo conglomerado pejotista, hoy se prepara para desandar el camino de un segundo gobierno sin haber pasado por el pesado desgaste de una reelección. Así es que la ex senadora Cristina Fernández de Kirchner sucedió a su marido y se transformó en la primera presidenta electa de la historia argentina. Por fuera de esto, a pesar de sus detractores y teniendo en cuenta todos los temas pendientes por resolver, Néstor Kirchner se ha transformado, hasta ahora, en el mejor presidente democrático de las últimas décadas y se prepara para ser el hombre sin cargo, más influyente de la política nacional. Por delante, un panorama cargado de expectativas, entre ellas, si le concederán el reconocimiento como central sindical a la Central de los Trabajadores Argentinos. La furia de Hugo Moyano parece confirmarlo.

Para fieles y enemigos, el 10 de diciembre de 2007 pasará a la historia. Cuando habían pasado las 4 de la tarde y la Asamblea Legislativa se reunió en el Congreso Nacional para que Cristina Fernández asumiera el cargo de presidenta de la República Argentina, la primera mandataria rogó a Dios «que me equivoque lo menos posible», al improvisar su mensaje inaugural luego de jurar como Jefa de Estado, la quinta elegida en comicios desde la restauración democrática en 1983 y la primera mujer en ingresar a la Casa de Gobierno por voto popular.

«Seguramente esto me va a costar más, porque soy mujer, siempre nos va a costar más a nosotras, pero creo tener la fuerza para hacerlo, no solamente por el ejemplo de Eva Perón, que seguramente hubiera merecido esto más que yo, sino por el ejemplo de esas mujeres que con pañuelos blancos se atrevieron donde nadie se atrevía», agregó en alusión a las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, presentes en la ceremonia y ovacionadas por el público.

Colombia y una advertencia a Tabaré

En su mensaje, la nueva mandataria abogó por la pronta liberación de la secuestrada y ex candidata presidencial colombiana Ingrid Betancourt, cuya madre asistía a la ceremonia. «Dios ilumine al presidente de la hermana Colombia para alumbrar una solución, sin que ello implique inmiscuirnos en sus asuntos internos», expresó.

Cristina Fernández se dirigió entonces al presidente uruguayo Tabaré Vázquez, quien llegó exclusivamente por pocas horas para asistir a la ceremonia, en reflejo de la tensa situación de su país con la Argentina por la disputa por la instalación de plantas de celulosa sobre un río fronterizo. «Quiero decirle que no va a tener de esta presidenta ningún gesto que profundice las diferencias que tenemos, pero también le digo que esta situación por la que atravesamos no nos es imputable. Más allá de medidas que podemos no compartir, nos presentamos ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya porque se violó el Estatuto (bilateral) del río Uruguay. Este y no otro es el
conflicto»,
expresó, para agregar que «siempre sentiremos a los uruguayos como nuestros hermanos».

Multelateralismo financiero y político

La mandataria elogió la constitución en la víspera del Banco del Sur, integrado por siete países de la región, y agregó que «esta es nuestra casa, la América latina, lo que no significa que nos neguemos al mundo».

«Queremos fijar nuestra posición sobre la necesidad imperiosas de reconstruir el multilateralismo. El mundo unilateral es más injusto e inseguro», afirmó, tras lo cual dijo que «no creo en la violación de los derechos humanos como excusa para combatir al terrorismo, del que fuimos víctima en dos ocasiones, en 1992 y 1994».

Fernández reivindicó los derechos argentinos sobre las islas Malvinas, ocupadas por el Reino Unido desde 1833. En el plano interno, la nueva presidenta propugnó «un nuevo
modelo económico de raíz diversificada, con inclusión social, basado en el trabajo, en la producción, en la industria, en la exportación, en el campo».

Reiteró su promesa electoral de establecer un «pacto social» entre el Estado, los empresarios nacionales y el movimiento sindical, con objetivos que trasciendan los meros temas salariales, para acordar de manera consensuada metas en materia de exportaciones, reservas fiscales, recaudación fiscal, incentivos a la producción, etc.

Los derechos humanos y una educación responsable

Cristina Fernández se comprometió a seguir impulsando la enérgica política de defensa de los derechos humanos implantada por su esposo, que comprende el castigo judicial a sus violadores. «Es preciso castigar a todos los responsables del mayor genocidio de nuestra historia», afirmó en referencia a la sangrienta dictadura militar que gobernó entre 1976 y 1983.

En materia de educación, recordó que «mi esposo y yo somos hijos de la escuela y de la universidad públicas. Pero aquella educación que nosotros recibimos no es la de hoy. Yo me eduqué en una escuela donde había clases todos los días, donde los maestros sabían más que los alumnos, donde creíamos en el esfuerzo y el sacrificio», añadió en alusión a las interrupciones frecuentes de los ciclos lectivos por problemas sindicales.

Los ministros

Terminada la ceremonia inaugural en el Congreso, la presidenta se trasladó a la Casa de Gobierno para tomar juramento a sus ministros, varios de los cuales ya integraban el gabinete de su esposo. En el Salón Blanco de la sede gubernamental se juramentaron el
jefe de gabinete Alberto Fernández, el canciller Jorge Taiana y los ministros de Economía, Martín Losteau; de Defensa, Nilda Garré; de Trabajo, Carlos Tomada, y de Salud Pública, Graciela Ocaña. También a los ministros de Desarrollo Social, Alicia Kirchner; del Interior, Florencio Randazzo; de Educación, Juan Carlos
Tedesco; de Ciencia y Técnica, Lino Barañao; de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández, y de Planificación Federal, Julio De Vido.

En sus primeras audiencias como jefa de Estado, Fernández recibió al primer ministro francés Francois Fillon y a la presidenta chilena Michelle Bache

Y en el primer día, apareció Hugo Moyano

No hubo ausencia más comentada en la jura de ministros que el faltazo del líder de la CGT Hugo Moyano. Pero según fuentes a las que accedió Causa Popular, el actual hombre fuerte del sindicalismo argentino está muy molesto por la posibilidad de que el actual gobierno le de reconocimiento de central obrera a la Central de los Trabajadores Argentinos, el conglomerado sindical más combativo que reconoce su base social en estatales y trabajadores de la educación, dos de las fuerzas que pasaron a la historia por su lucha contra el menemismo.

La negativa más conservadora del sindicalismo, encarnada en Moyano, busca garantizar que nada se le otorgue a la CTA, pero todo parece indicar que sucedería lo contrario. Así fue que “Hugo” no demoró en salir, y este martes, al cierre de esta edición, el jefe cegetista advirtió que sólo respaldará al flamante gobierno de la presidenta si se
respetan los derechos de los trabajadores. «Siempre y cuando tengamos posibilidad de mantener coherencia en la defensa de los derechos de los trabajadores, siempre vamos a acompañar, pero si esto no ocurre, estaremos en la vereda de enfrente», alertó Moyano, jefe también del poderoso sindicato de Camioneros.

Vale recordar que Moyano fue un aliado del ex presidente Néstor Kirchner durante los cuatro años de su mandato, pero amenazó con poner a la poderosa Confederación General de Trabajo (CGT) en la oposición, durante un acto sindical en un estadio cerrado de la capital argentina. El dirigente gremial había faltado a la ceremonia en la que Cristina Kirchner tomó juramento a los ministros de su gabinete el lunes, lo que alimentó las versiones de un distanciamiento con la presidenta. La ausencia se produjo en medio de una ofensiva de los gremios disidentes para apartar a Moyano de la conducción de la central.

El secretario general del Sindicato Gastronómico, Luis Barrionuevo, encabeza la oposición interna al camionero dentro de la CGT, entidad que representa a unos 10 millones de trabajadores. Moyano afirmó que no concurrió con los camioneros a un festival popular organizado en la histórica Plaza de Mayo en el marco de los festejos por la asunción de Kirchner porque «nos dijeron 48 horas antes que iban a provocar a nuestra gente para crear una situación dificultosa». «Por eso no fuimos, pero yo les digo a ustedes que no va a faltar mucho tiempo (para) que solamente los camioneros vamos a llenar la Plaza de Mayo», advirtió Moyano.

Durante su primer discurso como presidenta ante la Asamblea Legislativa, Kirchner advirtió que no se metería en las peleas internas de los sindicatos. «No vine a convertirme en Presidenta para resguardar la rentabilidad de los empresarios, tampoco para meterme en una interna sindical», afirmó la mandataria.

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