“No basta con reconocer que el sistema actual no nos incluye a todos. Precisamente porque lo reconocemos, es necesario luchar contra esa evidencia y no adoptar la postura fatalista forjada por ese mismo sistema, según la cual “no hay nada que hacer; la realidad es así”.
Paulo Freire, Pedagogía de la indignación[1]
La construcción de un “nuevo” sujeto social, es un tema que nos pone en una situación de análisis críticos de nuestra realidad comarcana y global sobre el porqué de esta necesidad. No es un tema nuevo ni original. Viene de larga data, siempre estuvo presente el poder de unos sobre muchos y la reacción de esos cuerpos sociales frente a esa intensa y profunda construcción colonizadora del pensamiento. Y de los cuerpos. Fueron cambiando los gobiernos, las desigualdades se profundizaron acompañadas de una metamorfosis del lenguaje que genera una rápida adaptación y aceptación a estas nuevas realidades para cada sujeto y para las sociedades.
En la obra Piel Blanca, máscaras negras,[2] Frantz Fanon explica que, en una sociedad que glorifica lo blanco y desprecia al negro, este intentará asimilarse, parecerse. Cree que, si piensa, habla y actúa como un blanco, será aceptado como un igual. El blanco, sin embargo, lo sigue viendo negro. No es un problema individual, es ideológico. Por más que intente “blanquearse” lo seguirán viendo como subordinado.
Analicemos lo que estamos viviendo en nuestro presente nacional e internacional y veremos que nos pasa lo mismo. La penetración de estos nuevos lenguajes y sus diversas plataformas, son manejadas por un puñado de “intelectuales tecnológicos”. Lanzan al mercado/sociedades de consumo productos que, a su vez, poseen una base de replicadores zonales, subordinados ideológicamente a distintos gobiernos empresariales y/o políticos para llegar con sus mercaderías ideológicas a la mayor cantidad de sujetos para que actúen de acuerdo con lo planificado por estos ¿supuestos? dueños del mundo.
Nada está librado al azar, la decadencia del debate crítico y abierto se debe a la influencia corruptora del poder concentrado, decía J. Habermas hace muchos años. Han colonizado el mensaje y los medios con los que llegan.
El impacto en la vida cotidiana
En la aceptación gradual de lo que nos van imponiendo en pos de la seguridad y el discurso de la anti política, vamos silenciosa y atomizadamente aceptando la vulneración de nuestros derechos y de la democracia. No son efectos colaterales, como en algún otro momento podía suceder. Están planificados desde el primer momento en que nos dicen que “cuesta, pero hay que hacerlo”. Avanzan con leyes, decretos, y una justicia que acompaña calladamente la anticonstitucionalidad de sus políticas. Así, la vulnerabilidad de los sectores más empobrecidos se acentúa, mientras —en una escalada de crueldad que lastima los más elementales sentidos de humanidad— son cada vez más criminalizados, marginalizados, privados de todo derecho y de oportunidades básicas.
Esta base social se amplía tan rápido que los informes de los últimos días con respecto al porcentaje de personas en situación de calle en nuestro país son alarmantes.
Historias reales, historias letales
Así como avanza la ejecución de estas políticas públicas de transformación del Estado en todos los sectores, en beneficio de una élite, especialmente “tecnológico-financiera”, así vemos también su resultado: más de 20.000 empresas dejaron de serlo. Aproximadamente 200.000 personas perdieron sus trabajos. Las fábricas que sobreviven lo hacen con 60% menos de utilización de su capacidad productiva. Las importaciones indiscriminadas están pulverizando nuestras pymes. Aumenta la morosidad en el sistema financiero. Se financia con la tarjeta de crédito el alimento diario, en una espiral destructiva de la economía familiar. La educación pública se encuentra en permanente desfinanciamiento. Cae la matrícula y niños/as y jóvenes dejan la escuela por problemas económicos. ¿Cómo podría sostenerse una trayectoria escolar normal en estas condiciones? La nueva Ley de Educación que están proyectando no hará más que profundizar las desigualdades, acentuando la desprotección de las infancias y juventudes, al tiempo que se estimula, también en este campo, el acoso escolar, permeado por la violencia que el propio Estado ejerce sobre la sociedad. Pobres contra pobres.
El hartazgo a flor de piel
Las normas mínimas de convivencia están colapsadas. El individualismo tensa las relaciones sociales y lastima un comportamiento gregario basado en el bien común. Basta hacer un mero repaso por las noticias cotidianas: picadas en las playas y autoridades jurisdiccionales que no intervienen, precisamente porque lo común ha dejado de ser algo que cuidar. La “supuesta libertad” de hacer lo que quiero sin pensar en las responsabilidades respecto del otro. Muertes y consumo de sustancias problemáticas en aumento. Suicidios en infancias y juventudes.
El sensible capítulo de la salud mental se hace cada vez más crítico. No hay escucha. Ni espacios generados para poder escucharnos. ¿Y la seguridad? ¿De quién? ¿Para quién?
Una palabra cae al precipicio: soberanía. La vemos en una caída sin fin y, con ella, el abismo engulle territorios, cultura, ciencia, alimentos, recursos preciosos, posibilidades productivas.
Flybondi cancela vuelos como si no cancelara, con ellos, ilusiones largamente esperadas, ahorros laboriosamente reunidos, cuando no urgencias que a nadie importa respetar: la impunidad empresaria protegida por un Estado ausente, que no quiere intervenir en nombre de la libertad de la empresa, mientras no tiene empacho en pisotear los derechos y las libertades de los usuarios.
Mientras tanto, quieren vender el 51% de las acciones de Aerolíneas Argentinas, la línea de bandera que nos representa y cumple, a pesar de la terrible crisis generada por desfinanciamiento del gobierno para el mantenimiento de las aeronaves.

El fuego
Los incendios en la Patagonia, además de las serias sospechas sobre su origen, son la expresión dramática del desmantelamiento de todas las herramientas existentes y necesarias para combatir este y otros tipos de siniestros. Mientras se intenta tratar la Ley de Manejo del Fuego, la Ley de Glaciares, la derogación de la Ley de Tierras, el presidente Milei “saluda” a los brigadistas en una foto armada por IA, en una afrenta a las tareas de brigadistas y bomberos. El remate es otra muestra de crueldad: estimular odios raciales para desviar el foco. ¿Qué está quemando el fuego de nuestra Patagonia?
El gran impacto
El silencio, de la gran mayoría de los sectores, duele. Reclamos no escuchados, falta de acompañamiento de una sociedad anestesiada y temerosa, que espera que “otros” (sindicatos, congresales, organizaciones sociales) salgan a solucionar esta realidad cruel, este sometimiento, porque los verdaderos dueños del caos convierten el lenguaje en amenazas, crean realidades perversas de exclusión y humillación.
Los datos, desde las economías nacionales y provincial, muestran las dos velocidades de nuestro país: la de los hidrocarburos, energía y minerales, que funcionan muy bien; y el país del consumo, de las economías regionales, de las pymes, que va en picada. El mercado interno, es decir nosotros, estamos manejados por los organismos internacionales que nos tienen como rehenes de sus políticas extractivistas. Impacta en cada provincia. En Tucumán, por ejemplo, la pérdida es de $ 17.000 millones por mes. No lo decimos nosotros, sino el ministro de Economía tucumano. “El problema no pasa por el gasto público, sino por la caída del ingreso”.[3]
América Latina es tomada —más que como una hermosa región geográfica, con toda su diversidad cultural— como un gran botín de guerra, por sus recursos naturales: biodiversidad, agua, petróleo, tierras raras. Fanon tenía razón. En esta nueva geopolítica mundial, la tradicional diplomacia y el multilateralismo no existen. Las poblaciones somos súbditos de los dueños del poder.

Hay otra realidad oculta
Somos producto de las nuevas plataformas. No escriben sobre el futuro; lo instalan, ponen a prueba teorías en poblaciones inconscientes, con base en el experimento no regulado más vasto de la historia. Algunos de ellos, se proclaman como protagonistas de tergiversar la realidad.[4]
El poder efectivo se ha trasladado hacia las élites económicas desmoronando las democracias locales, fortaleciendo la ausencia de participación en la vida comunitaria y sectorial. Los representantes de la tecnopolítica representados por Elon Musk, Peter Thiel, Marc Andreessen y Alex Karp, entre otros, tienen como objetivo manejar los Estados. Ya que son los Estados quienes financian los proyectos del sector privado. Claro, quisiéramos que fuese para generar la relación necesaria entre lo público y privado, generar grandes innovaciones y desarrollos, con la mirada solidaria del bienestar común. Pero no. Instauran sistemas electorales con líderes que actúan de manera autoritaria, erosionan la separación de poderes, utilizan las redes sociales para agredir a quienes se oponen, ejercen políticas de crueldad, generan temor y, así, desgastan los principios democráticos que les permitieron llegar a gobernar y controlar toda la infraestructura de gobierno. El poder total. La foto de Milei con Elon Musk y la motosierra. Querer parecerse. ¡Fanon! ¡Presente!
¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a entregar mi corazón
Frente a esta realidad desesperanzadora y la estrategia de seducción tan bien analizada, que nos invita a sumarnos a estas redes, cargando nuestros datos con los likes, “me gusta” o al “compartir”, vamos construyendo, casi sin darnos cuenta, el sentido de realidad que necesitan, actuando sobre nuestros sentimientos, generando análisis superfluos, acentuando la ignorancia sobre los aspectos fundamentales de la vida. Los medios de comunicación hegemónicos más estas plataformas y sus redes sociales multiplican su penetración en las poblaciones con sus mensajes. Ejecutan propuestas individuales, atomizan lo colectivo. ¿Y entonces…?
Tenemos un difícil y gran desafío: retomar la palabra, el encuentro, una muestra conjunta, solidaria, realizar una propuesta que nos permita construir un proyecto de Estado eficiente, que tenga objetivos sociales, productivos, culturales. Que permita eficientizar los recursos. Trabajar directamente con la comunidad, con los sectores en los que estamos insertos; ampliar la escucha y sentir la diversidad de voces que aportan para la mejora de sus propias necesidades. Pensemos, porque podemos, en mejorar los sistemas públicos de todas las áreas. ¿Un ejemplo? Hoy Argentina va a participar del programa Artemis II que va a circunvalar la luna. Con un satélite que se hizo en el ARSAT y el Conicet. Eso demuestra que, a pesar de tener un presidente destructor del Estado, toma lo logrado y lo muestra.
Aun cuando la sociedad ha apoyado las medidas desreguladoras, habrá de demandarlas nuevamente, por la falta de respuestas ante una realidad cada vez más desigual.
Necesitamos una estrategia de comunicación masiva: Cómo comunicamos, cómo informamos, cómo llegamos con las propuestas. Tenemos posibilidades de hacerlo. Debemos movilizarnos, que la anestesia que nos inyectaron deje de hacer efecto para ponernos a construir el país que tanto queremos. Construyendo consensos políticos. Generando una narrativa que supere la indignación, que pueda atender al hartazgo con un lenguaje simple, que llegue, que se sienta propio, que promueva la movilización. Que eche por tierra el desánimo.
Una lengua común para volver a encontrarnos en una vida digna.
[1] Freire, P. (2022), Siglo XXI Editores.
[2] Makaran, Gaya y Gaussens, Pierre (coords.) (2020): Piel blanca, máscaras negras. Crítica de la razón decolonial, Bajo tierra.
[3] La Gaceta, 18/1/26.
[4] Morozov, Evgeny (2025): “Oligarcas intelectuales legisladores”. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=10484291
