Comicios chivos

A dos meses de las elecciones primarias, la provincia de Santa Fe no está dispuesta a despedir el calor de verano, al menos en términos políticos. Una nueva ley electoral que modifica el sistema de votación, una interna feroz en el seno de la alianza gobernante y los ecos del “catamarcazo” kirchnerista que estimulan a los que hace poco se veían sin chance alguna, son condimentos que ponen picante a la contienda prevista para el 22 de mayo.

Las dos fuerzas principales de la provincia de Santa Fe, el Partido Justicialista y el Frente Progresista Cívico y Social, llegarán a las elecciones sin sus dos principales electores. Carlos Alberto Reutemann, sumido en un autismo mayor al acostumbrado se autoexcluyó de la disputa. En tanto que Hermes Binner, actual gobernador y con una imagen positiva impactante, no puede aspirar a su reelección porque la constitución provincial se lo impide.

Este escenario propició que se generara una tensión en torno a la interna abierta impensada años atrás, cuando a las urnas solo se iba para saber por cuánto ganarían Reutemann, Obeid o el propio Binner.

Justamente Agustín Rossi, el candidato que más ha crecido en los últimos tiempos, abona una teoría que cobra valor. El más kirchnerista de los candidatos a ocupar la Casa Gris, apunta con buen tino que es la primera vez que no se sabe a ciencia cierta quién será el ganador, lógica que le permite suponer que bien podría serlo él. Además, “El Chivo” sostiene su tesis desde los tiempos en que apenas juntaba el 9% de los votos y era recibido a huevazos por los funcionales a las patronales agropecuarias, por lo que ahora, cuando su crecimiento es sostenido, nadie se anima a rebatir su hipótesis.

La interna del Frente Progresista Cívico y Social

El 66% de imagen positiva -acaso no directamente proporcional a su eficiencia en la gestión- pero real y legítimamente adquirido, no le sirvió a Hermes Binner para poder imponer un candidato a sucederlo. El gobernador eligió a Antonio Bonfatti, su Jefe de Ministros y fiel ladero desde los tiempos en que caminaban juntos las calles de Rosario, suponiendo que su voz, casi siempre medida pero firme, no encontraría opiniones disidentes. Sin embargo, Binner no pudo alinear a su tropa propia y mucho menos a sus circunstanciales aliados. El senador Rubén Giustiniani, que venía de hacer una estupenda elección dos años atrás que le permitió renovar su banca y competir de igual a igual con Carlos Reutemann, dedujo que era su tiempo y lanzó su candidatura, poniendo en la superficie las viejas internas socialistas, que además, disparan desde el búnker binnerista, son ideológicas, ya que nadie duda que “Pechito” es la derecha del partido.

A Giustiniani se sumó el intendente de Santa Fe, Mario Domingo Barletta, que imaginó una alternancia en el Frente de Gobierno, que le diera el turno a los radicales para mandar en una provincia donde no gobiernan con un radical puro desde los tiempos de Silvestre Begnis (58-62).

El eje discursivo del gobernador Binner, siempre lacónico y medido, se movió ante la irritación que le provocó el desafío. A Barletta, un franja morada de formación y procederes, lo llamó “morajú”, en alusión a un pájaro de la zona que pone los huevos en nidos ajenos. A Giustiniani, ex aliado de Carrió, lo tildó poco menos que de desagradecido, ya que fue él quien lo llevó de su mano en las últimas elecciones, cuando éste era un auténtico desconocido en buena parte de la bota.

Con este panorama, el verbo crispar pasó a ser patrimonio del Frente Progresista Cívico y Social, que estaba acostumbrado, al menos para afuera, a mostrar una imagen de consenso contraria a los hábitos peronistas.

Los tres candidatos se adjudican el triunfo en las internas, aunque lo más probable es que el ex rector de la Universidad del Litoral, que vio partir buena parte de su tropa radical, se deba contentar con el cartel de “seguí participando” y la cuestión pase por Giustiniani o Bonfatti. El ladero de Binner arrancó de atrás en las encuestas pero desde hace un mes se muestra en todos los actos como si fuera el verdadero gobernador y todos reconocen que ha crecido de un modo importante. En tanto, el Senador nacional deberá demostrar que los votos con los que peleó palmo a palmo con Lole eran propios, y no prestados por su ahora adversario.

La interna peronista

Mientras, en el peronismo disfrutan de una tranquilidad que no parece ser la que preceda a las tormentas. Con Reutemann en franco declive y Obeid auto marginado, todo parece indicar que el viejo PJ, ocupado desde el ‘83 por la derecha rancia y el patriciado local, por el menemismo entreguista y los resabios de la dictadura, tendrá una interna en paz.

Es que sin los históricos dueños de los votos, los dirigentes -muchos de ellos pertenecientes a un recambio generacional importante- iniciaron una diáspora que los llevó a fichar con sectores kirchneristas, la mayoría de ellos vinculados a Agustín Rossi, que hoy es cómodo ganador en cualquier encuesta.

Al ex ministro de la dictadura Juan Carlos Merciel nadie lo toma en serio como contendiente y a Omar Perotti, intendente de Rafaela y de relación veleta con la Rosada, no han conseguido instalarlo. Y difícilmente lo consigan por la escasez de tiempo que hay de aquí a la interna. Con este escenario, Rafael Bielsa, el cuarto en discordia y con ciertos guiños de la Rosada, cometió un error garrafal. El dandy, dejando en claro que conoce poco Santa Fe porque hace años que no vive aquí, colocó como compañero de fórmula al menemista Oscar Cachi Martínez, un dirigente combatido en el peronismo porque desde hace años armó un partido provincial que se dedicó a enfrentar al PJ en todos los territorios.

Con las cartas jugadas, nadie duda del triunfo de Rossi, que además ha armado una lista de diputados jóvenes, todos menores de 30 años, que le sumará con una colectora con la intención de acompañar la participación nacional que tienen hoy en día los sub-30 y de consolidar un bloque opositor fiel, si es que la suerte no golpea a su puerta a la hora de conducir la provincia.

Qué puede pasar

Así las cosas, las incógnitas son más que las certezas de cara a los comicios. Nadie considera seriamente al cómico Miguel del Sel, pero es cierto que podría quitarle votos a la derecha peronista en la interna, lo que favorecería los intereses de Rossi.

Si Agustín sale airoso de la interna, como se supone, habrá que ver primero quién es el candidato a vencer. No será lo mismo que enfrente a Bonfatti que a Giustiniani. Tampoco nadie es capaz de afirmar qué resultado arrojará el nuevo sistema electoral, que prescinde de la boleta sábana y aparece como complejo, al menos hasta ahora, ya que el gobierno no salió a explicar públicamente cómo se votará.

Por último, queda por saber qué efectos provocará el aluvión catamarqueño, que le permitió levantar al gobierno nacional una elección perdida apenas dos meses atrás. Hoy Cristina Fernández de Kirchner goza de un imagen positiva superior al 50% en Santa Fe y si Agustín Rossi logra acompañar ese latido, abrazado a sus convicciones y con su tesis de “cualquiera puede ser” dentro del saco, tiene licencia para soñar.

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