Cobos, ¿quo vadis?

Del voto por la resolución 125 le nació un repentino protagonismo que no supo aprovechar del todo. La preocupación de su entorno ante el tiempo que corre camino a 2011. El radicalismo, entretanto, sabe que todavía le pesa el sayo del periplo que va del dicen que soy aburrido al helicóptero.

Hacia dónde va Cobos es la pregunta que ya comienza a formularse en distintos círculos. Algunos creen que se está acercando el tiempo del operativo Renunciamiento, que eso lo pondrá indefectiblemente en la primera plana de los medios, y ya imaginan el cotillón para tal efecto. Pero el mendocino duda, cree de a ratos que ese súbito protagonismo puede ser como los amores de estudiantes: muchas hormonas acumuladas, y luego, más temprano que tarde, la nada.

Es otra, sin embargo, la preocupación de su entorno porque los tiempos se van acelerando a medida que se acerca el 2011 y el pescado sin vender. El actual Senado será un campo fértil para el escándalo y los diez minutos de fama, y así se puede ir tirando del carro de las tapas de los diarios, pero no mucho más.
Desde el plus que le dejó el no positivo, las últimas noticias de su despacho lo muestran apelando el fallo del juez Lavié Pico que había “ordenado” una nueva composición de la Bicameral encargada de controlar los DNU, y a continuación formula la amenaza de la fuerza pública y el descuento de dietas para impedir las ausencias senatoriales. Cobos no parece advertir que aunque así mantiene cierto aplauso momentáneo, también pierde credibilidad ya que no es un senador con privilegios especiales aunque se presente como tal, sino un integrante del Poder Ejecutivo oscilando entre la duplicidad, lo impredecible y el incumplimiento de sus deberes constitucionales.

Se dice que mide más o menos bien en los sondeos de su provincia, en Córdoba y en Rosario y quizás en la ciudad de Buenos Aires. Aunque su gobernación fue mediocre, los coprovincianos imaginan que –con él en la Casa Rosada– se podrían repetir los favores otorgados a Santa Cruz hoy, o a La Rioja en los ’90, pero no son comparaciones homogéneas: en una hay inversiones genuinas en infraestructura, y en la otra sólo subsidios generalizados al desempleo además de un aeropuerto internacional para exportar aceitunas.

¿Es esto último lo que quieren los mendocinos?

Su principal operador local, el intendente Cornejo, preside el congreso partidario provincial luego de acordar con Fayad, el ganador de los recientes comicios en la ciudad con el poco disimulado apoyo del PJ.

Pero con todo eso no se “instala” una candidatura nacional ganadora en un radicalismo esquivo, hoy más inclinado hacia Ricardito con vistas a las estratégicas internas de julio en la provincia de Buenos Aires. Allí, el cobismo cuenta con muy poco: el marplatense Daniel Katz, el intendente Meoni de Junín, y algún diputado suelto. Difícilmente sea Stolbizer la que le abra la puerta de ese distrito.

Además, debe sortear la expulsión de por vida, algo que imaginará como un trámite menor en un país cuya clase dirigente se da el raro lujo de seguir discutiendo si un candidato colombiano puede aspirar a la primera magistratura, o donde un cardenal arzobispo y un puñado de jueces y ex-jueces aceleran para lavar un pasado que los condena a ellos individualmente y a las instituciones que los contienen, entre otros ejemplos no menos extravagantes.

Cobos, cuya carrera política comenzó en las cercanías de López Murphy, del ala más neoliberal del panradicalismo, está naturalmente inclinado a entender la realidad con el trazo grueso de quien hace un cálculo de estructuras de hormigón y no con las sutilezas que depara la historia.

Del voto por la resolución 125 le nació un repentino protagonismo que no supo aprovechar del todo. Como un personaje de Jerzy Kosinsky que se asoma impensadamente a los oropeles del poder, cultiva el discurso típico del unionismo balbinista, hecho de circunloquios, medias palabras y sugerencias con doble sentido, lo cual llamó la atención de sectores sociales que siguen prendados de pasadas fantasías pero rechazan a personajes como Luis Juez, quien se defiende con chistes cordobeses de unas cuentas harto sospechosas en Suiza. O como Carrió, cuya estabilidad mental es puesta a prueba luego de cada té canasta.

Aquella decisión, la del no positivo, no debió sorprender a Kirchner tanto como se suele argumentar en términos de la dualidad traición-lealtad que transita el relato justicialista. En esos días, la Mesa de Enlace estuvo a un tris de intentar una segunda quema del Reichstag e imaginó por unos segundos que Cristina huiría.
El poder real, habida cuenta de que el país este año crecerá no menos de un 6%, ya está adjetivando como fracaso el corto vuelo opositor, y no puede menos que desconfiar de un candidato que no atina a construir una herramienta electoral adecuada. El voto en una elección presidencial tiene motivaciones más complejas que en las de medio término, donde las candidaturas pueden sacarse de la galera con una billetera abultada y buenas campañas publicitarias de pasta dentífrica.
Otro vicepresidente mediático como Chacho Álvarez llegó a la cumbre adosado a un aparato radical del que Cobos –quien no aceptará menos que ir primero– carece.

El radicalismo, entretanto, sabe que todavía le pesa el sayo del periplo que va del dicen que soy aburrido al helicóptero. Está por verse si, además de su lenta digestión, se tragará el sapo de otro candidato, nuevamente de Clarín, que lo vuelva a colocar en su eterno segundo lugar, el del síndrome Balbín. Para el que (acaso sin entenderlo del todo) también trabaja su archienemiga Lilita, en el mismo lodo todos revolcaos.

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