Clarín: golpe a golpe, verso a verso

La nueva Ley de Radiodifusión, las regulaciones del mercado del cable, la puja con Telefónica, el lock out agropecuario, Papel Prensa y la causa por la supuesta apropiación de los hijos de Ernestina de Noble son solo algunos de los capítulos de la pelea entre Clarín y el Gobierno. Un informe sobre una empresa acostumbrada a tener más poder que los presidentes.

Durante años, en la Argentina la frase madre de todas las batallas fue sinónimo de la guerra por el control político de la Provincia de Buenos Aires, el distrito más grande del país y con la mayor cantidad de votantes. De este modo, se repitió que su último clímax tuvo lugar con la pelea del kirchnerismo contra el duhaldismo para ganar su administración. Pero la coyuntura acaba de confirmar que hay contiendas aun peores y realmente descarnadas. Es el caso de la guerra pública que libra el multimedios Grupo Clarín contra el Gobierno Nacional. Se trata de la puja más estructural y menos analizada de los últimos 30 años. Como si fuera otro distrito, sin dimensión territorial, pero con un impacto tanto o más importante que la elección en todas las provincias a la vez.

La confrontación se incubó por debajo de las íntimas relaciones que mantuvieron ambos y que luego de la crisis del campo entró en su fase decisiva. El Grupo Clarín es uno de los multimedios más grandes y poderosos de América Latina y en los últimos años ha mostrado sus debilidades más importantes: desde los nuevos desafíos de la televisión digital y el triple play, pasando por la vejez de sus directivos, la posibilidad de que los futuros herederos del holding sean dos presuntos hijos de desaparecidos y la complicidad periodística de sus medios con crímenes políticos, como los de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en junio de 2002. Lo que sigue es un recorrido por los principales flancos débiles de un gigante que está embarcado en una de las peleas más duras de toda su historia y cuyo desenlace será gravitante para el futuro nacional.

“La crisis causó dos nuevas muertes”

Es uno de los temas menos tratados por la prensa internacional (quizás porque entre bueyes no hay cornadas), pero es la primera vez en la historia reciente que se cuestiona el papel del medio más poderoso de la Argentina, su manejo de la información y su capacidad para desestabilizar gobiernos o acelerar crisis institucionales. El Grupo Clarín está constituido por una vasta red de empresas, entre las que se destacan Clarín, el diario más vendido del país; Canal 13, el canale de aire de mayor audiendia; Todo Noticias (TN) el canal de noticias más influyente del mercado informativo y Cablevisión – Multicanal, la operadora de cable más grande de la Argentina. Además controla la principal fábrica de papel para prensa y posee una enorme red de negocios que lo han convertido en el holding más poderoso y con mayor capacidad de daño del país.

Tras una dura pelea con el ex presidente Carlos Menem durante su segundo mandato, el grupo entró en la penumbra a partir de 2002, cuando su principal accionista Ernestina Herrera de Noble fue detenida por orden del entonces juez federal de San Isidro, Roberto Marquevich, quien la procesó por la presunta adopción irregular de Marcela y Felipe Noble Herrera. La medida fue dispuesta luego de que Abuelas de Plaza de Mayo la denunciara por considerar que los dos chicos podrían ser hijos de desaparecidos. Desde entonces, el multimedio ha hecho todo lo posible para evitar que el ADN de los dos herederos sea cruzado con el Banco Nacional de Datos Genéticos, el archivo donde están los registros hereditarios de centenares de familias de desaparecidos. La justicia ya comprobó que las adopciones fueron fraguadas, pero la verdadera identidad de los herederos de Clarín podría ser el principal talón de Aquiles del grupo en momentos en que su dueña ya es octogenaria, toda la primera línea gerencial supera los 60 años y todavía no encuentran un sucesor que esté a la altura de Héctor Magnetto. El hombre fuerte de la corporación padece cáncer y se estaría preparando para dejar el puesto, hecho que se dilatará hasta que la pelea con el gobierno nacional se dirima o llegue a su desenlace.

Todo parece indicar que la puja recrudecerá. El jefe de gabinete Alberto Fernández fue la principal válvula de negociación entre la Casa Rosada y Clarín, pero desde el 11 de marzo que estalló la crisis del campo por el aumento de las retenciones, el ex presidente Néstor Kirchner resolvió ir a fondo en la contienda y terminar con una luna de miel que le garantizó pocos sobresaltos informativos desde 2003. Un asiduo interlocutor del equipo directivo de Clarín, confió a ZOOM que “Magnetto sabía que la buena relación con el gobierno se acabaría, pero nunca se imaginó que todo sucedería de manera tan abrupta”. El final de las relaciones carnales con el PJ sucedió luego de que el multimedios protegiera informativamente al gobierno de Eduardo Duhalde tras la crisis de diciembre de 2001 que provocó la huida de Fernando De la Rúa después de la rebelión popular que dejó más de 30 muertos en todo el país. Con un perfil presuntamente desarrollista, el diario fue el principal promotor de la devaluación del peso convertible en 2002. Gracias a esa medida, sus activos fueron protegidos de sus enormes deudas en dólares gracias a una ley promulgada por el entonces presidente Duhalde. La jugada consistió en definir a Clarín como una industria cultural nacional cuya mayoría accionaria no podía estar en manos de capitales extranjeros.

La devolución del favor sucedió el 27 de junio de 2002, un día después de que miembros de la policía bonaerense asesinaran por la espalda a los militantes populares Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en una brutal represión contra los movimientos sociales que habían cortado los accesos a la Capital Federal en reclamo de mejores condiciones de vida y el incremento de planes asistenciales para millones de desempleados. Ese día el matutino tituló “La crisis causó dos nuevas muertes”, y construyó uno de los peores bochornos del periodismo argentino, ya que la crisis no había cometido el crimen político. Los autores habían sido la policía y una notoria red de contactos de la Secretaría del Inteligencia del Estado que reportaban directamente al entonces mandatario. El diario se demoró un día en dar la noticia y continuó preservando a Duhalde hasta que el presidente provisional, malherido por los dos asesinatos casi públicos, resolvió convocar a elecciones de las que resultó electo Néstor Kirchner con el 22 por ciento de los votos. Desde entonces hasta marzo de 2008, las relaciones entre la Casa Rosada y el multimedia estuvieron signadas por un notorio oficialismo informativo por parte del medio, y por resoluciones favorables para el Grupo por parte del gobierno. El dato más impactante sucedió a principios de diciembre de 2007, durante la última semana de mandato de Néstor Kirchner, quien justo antes de transferir el poder a su esposa Cristina Fernández, aprobó la fusión de los dos mayores operadores de TV paga de la Argentina, Multicanal y Cablevisión, bajo el paraguas del Grupo Clarín. Según la consultora Signals, la nueva empresa Cablevisión – Multicanal acumuló a fin de 2007 el 49,59% del mercado de TV paga, el 26,41% de los accesos de banda ancha del país y, lo más importante, la indiferencia oficial ante el pedido de los operadores de telecomunicaciones, especialmente Telefónica, para agregar servicios de video a su oferta. En enero de 2008, en el primer mes de gobierno de Cristina, los hombres K le reclamaron elípticamente al Grupo Clarín que por ese gesto se esperaba un alineamiento con el discurso oficial o al menos un apoyo más orgánico al proceso de transformaciones que tenían en carpeta.

Capacidad de daño

Aquel tinglado comenzó a derrumbarse el 11 de marzo y su fractura se vivió por TN: la señal de noticias por cable que puso en marcha el laboratorio que ya había experimentado en diciembre de 2001 cuando, junto a Crónica TV, televisó todos y cada uno de los puntos donde se hicieron sentir los cacerolazos que desembocaron en la crisis final del gobierno de De la Rúa. Ese canal fue uno de los principales hilos conductores de la protesta espontánea que salió a repudiar el estado de sitio declarado por el timorato presidente horas antes de caer a pedazos. Los memoriosos recuerdan que los hombres de prensa del gobierno aliancista culparon a las señales de noticias por “acicatear el malestar general y multiplicar la coordinación del desorden con las transmisiones en vivo”.

A casi 7 años de los hechos, son pocos los que registran la importancia de esas pantallas en vivo. Entre esos pocos están los directivos del Grupo, quienes dieron vía libre para que ese esquema se reeditara cuando el canal partió su pantalla y puso de un lado a los polémicos cacerolazos porteños junto a los cortes del campo, y del otro lado a los hombres del gobierno. La estrategia “Campo vs. Gobierno” no sólo puso en el mismo nivel de la polémica a dos actores cuya representatividad es totalmente distinta, sino que desató la ira del gobierno K. Sus alfiles vieron una intentona similar a la de 2001, sin la legitimidad de una rebelión popular y con el apoyo manifiesto del medio más importante. El periodista Pablo Llonto en su investigación La Noble Ernestina, confirmó el nivel de arrogancia de Clarín respecto de su capacidad de golpear, presionar y condicionar gobiernos. En una de sus páginas cuenta que el día posterior a que De la Rúa ganara las elecciones presidenciales, el vicepresidente electo Carlos Chacho Álvarez visitó las oficinas de Magnetto en Clarín. Cuando llegó le dijo, “¿Viste Héctor, ahora tenemos el poder?”. El CEO del Grupo le contestó: “No te equivoqués Chacho, nosotros tenemos el poder”. El relato nunca fue desmentido ni por Chacho ni por el hombre fuerte del holding.

Así las cosas, la crisis del campo fue la válvula de escape de las preocupaciones corporativas del multimedia y les fue útil para recordarle a Kirchner lo que puede hacer con su vasta maquinaria mediática. Desde la Casa Rosada, el malestar no se centra en que Clarín le haya dado cobertura periodística al reclamo del campo sino por el tratamiento crítico que hizo del tema y principalmente por darle aire al ex presidente Eduardo Duhalde, un enemigo del Gobierno que ahora está agitando la crisis en el conurbano bonaerense. Esto fue analizado desde el poder político como una traición con intenciones desestabilizadoras.

La puja económica

El malestar político, como si fuera poco, tendrá un tremendo correlato económico. El gobierno nacional tiene en sus manos tres temas muy importantes para el sector: la fusión de Cablevisión – Multicanal (ya resuelta, aunque no publicada en el Boletín Oficial), el análisis del ingreso de Telefónica -tras la compra de una participación accionaria en Telecom Italia- como accionista indirecto de Telecom Argentina, y la habilitación de los servicios de video para los operadores de telecomunicaciones.

Según varios especialistas, los tres temas están estrechamente vinculados y cada uno debe entenderse como monedas de negociación que manejan en el gobierno para equilibrar las posiciones de poder entre Telefónica y Clarín. Tanto la Casa Rosada como Clarín saben que un menor peso del multimedia es una ventaja política para el gobierno K, pero su expansión puede significar una verdadera amenaza. De un modo u otro el nuevo escenario político se ha tornado favorable para Telefónica, que siempre aspiró a negociar: salir de Telecom a cambio de la habilitación para agregar el servicio de video a su oferta. La decisión depende del gobierno y la empresa española tiene una sola garantía: se aseguró desde un principio el poder de veto al posible ingreso de Telmex / América Móvil como su reemplazo dentro del paquete accionario de Telecom. Esta empresa es propiedad del mexicano Carlos Slim, el hombre más rico del mundo y una de las cartas fuertes de la Casa Rosada. Más de una vez se ha dicho que el magnate estaría en condiciones de hacer una “oferta hostil” para comprar Clarín. E decir, una oferta que no podrán rechazar debido al posible monto de la operación.

En este contexto el Gobierno aspira a instalar un reclamo de mayor pluralidad de voces que podría derivar en la apertura del Triple Play, nombre con el que se denomina a la combinación de televisión, telefonía e Internet por un mismo cable, con el mismo prestador y a un precio mucho menor que el que pagan los argentinos por separado. Si este sistema comienza a caminar será con el fin de sumarle competencia a Clarín. A la vez, Telefónica mantiene una buena relación con el Gobierno sustentada, tras el primer año de gestión de Néstor Kirchner, en gestos públicos alineados con el discurso oficial y en la decisión de Telefé —su canal de TV abierta— de eliminar todo contenido político de su pantalla, con lo cual aparece como funcional para el kirchnerismo.

Según los analistas, si la tensión entre el Grupo Clarín y el Gobierno continúa, las cosas podrían darse de tal modo que Telefónica podría ingresar al mercado de TV paga sin necesidad de negociar su salida de Telecom. De hecho, en silencio, Telefónica trabaja en el armado de su estrategia de TV paga al punto que ya comenzó con el cableado de fibra óptica en algunos barrios de alto poder adquisitivo de la Ciudad de
Buenos Aires. Según revela el paper de una consultora, “a principio de 2008 se les informó internamente a ciertos empleados de Telefónica que el lanzamiento de Speedy TV se realizaría durante el primer trimestre del año. Aunque la fecha ya está vencida, hay un exceso de confianza en el operador de que el juego podría armarse a su favor durante el año en curso. Esa confianza de Telefónica ya existía desde antes del conflicto del Gobierno con el Grupo Clarín y se sustentó en la lectura de que sería una compensación justa por la aprobación de la fusión Cablevisión / Multicanal.»

Clarín contamina

A este escenario de regulaciones que podrían resultarle adversas, Clarín ha seguido sumando problemas. El más notorio sucedió hace menos de un mes, cuando el diario Crítica de la Argentina, en la pluma del periodista Mauro Federico, reveló que los desechos industriales que Papel Prensa S.A. (con acciones repartidas entre el Estado, Clarín y La Nación) vuelca sobre ríos de la localidad bonaerense de San Pedro exceden diez veces el límite de materia orgánica en las aguas permitido por la legislación vigente. El escándalo dio a luz un nuevo problema comunicacional para Clarín, ya que la frase “Clarín miente, Clarín contamina” es uno de los golpes más duros a la credibilidad del multimedia. Especialmente porque nunca dijo palabra al respecto y fue uno de los principales canales críticos a la instalación de pasteras en la localidad uruguaya de Fray Bentos a orillas del río Uruguay.

Ha sido una de las pocas veces que el oficialismo manifiesto de Clarín le juega dramáticamente en contra desde su complicidad con la dictadura que derrocó a Isabel Perón el 24 de marzo de 1976. Si bien nadie niega que el gobierno también fue perjudicado por la revelación (ya que posee acciones del principal fabricante de papel para diarios) lo cierto es que el embate se incrementó luego del desborde agresivo que protagonizó el vicepresidente de Clarín, José Aranda, a la salida de la reunión mensual del directorio que comparten el Estado nacional, el diario de la familia Noble y La Nación. El ejecutivo no tuvo mejor idea que tratar de pegarle al fotógrafo que intentó retratar a Héctor Magnetto a la salida del encuentro y su reacción circuló por todo el país. Desde la detención de Ernestina Herrera de Noble en 2002, nunca un ejecutivo de Clarín había quedado tan escrachado como en esta última oportunidad.

La complejidad del caso es directamente proporcional a los entresijos de la realidad nacional, pero todo indica que las relaciones políticas y económicas de Clarín están en uno de sus momentos más difíciles. El 2008 ya se encamina a terminar su primera mitad y todo indica que el próximo semestre estará teñido por una de las pujas más trascendentes de los últimos años, y la más importante desde que Cristina Fernández de Kirchner asumió como presidenta. Entre regulaciones estratégicas que podrían definir su futuro, la revisión del polémico papel que ha desempeñado en distintos momentos de la historia reciente y la definición de sus futuros dueños, la verdadera madre de todas las batallas no es otra que la que definirá si el grueso de la información nacional se repartirá entre varios actores o seguirá en manos de una empresa acostumbrada a tener más poder que los presidentes de su propio país.

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