China, la ganadora de la crisis

La tercera economía mundial se acerca a la región con el lema «hay que profundizar los diálogos para que las dos partes ganen». Convertida en financista de primera instancia tras el crack de 2008 y a pesar de su creciente injerencia en la escena global, sus autoridades afirman: “Somos un país que hemos sufrido una larga humillación de los imperios. Por eso nunca seremos una potencia hegemónica”.

Los recursos naturales de América latina son una presa codiciada por China en su remolino hacia el desarrollo. Pero así como Beijing busca la forma de sacar la mejor tajada de la región, también garantiza que no se comportará como una potencia hegemónica para lograrlo.

La última avanzada china sobre el Cono Sur y alrededores comenzó hace exactamente un año, el 5 de noviembre de 2008, cuando el gobierno de Hu Jintao emitió el primer documento gubernamental sobre América latina y el Caribe. Se trata de un boceto que busca poner en perspectiva estratégica la relación. Si bien la médula es el comercio, también abarca otras tres áreas: política; cultural y social; y de la paz, seguridad y justicia.

Actualmente el dragón asiático es la tercera economía mundial —en 2001 antes de entrar a la Organización Mundial del Comercio era la sexta— y en el primer semestre del año le arrebató a Alemania el estatus de mayor exportador global con un total de 521 mil millones de dólares.

Según el economista Jeffrey Sachs, en 2040 China será el mayor PBI planetario y contará con una clase media de 527 millones de personas. En Estados Unidos viven 300 millones y en la Argentina 40 millones.

China es hoy el país con mayores reservas internacionales, estimadas en más de 2 billones de dólares, el segundo en volumen de intercambio comercial y el número 3 por producto bruto, que suma 4 billones de dólares. Aunque sus índices de desarrollo humano siguen en el debe. Pero lo que indica la economía lo ratifica la política. Luego de la crisis financiera internacional, China dejó definitivamente el rol de reparto para asumir un papel protagónico en los foros internacionales.

“China fue ganadora de la crisis de los mercados emergentes de los ‘90 y es la gran ganadora de esta crisis. Se convirtieron en financistas de primera instancia y comenzaron a dictar reglas en el sistema financiero”, dijo a ZOOM Sergio Cesarín, investigador del Conicet y autor del libro China se avecina.

Esta revolución es palpable en las calles de las principales ciudades como Beijing y Shanghai, capital política y económica del país, donde el aumento del consumo de los chinos hace colapsar el tránsito y la inversión en infraestructura pública y privada bate récords de ejecución de carreteras, subterráneos, trenes y rascacielos. También se ve en aquellas consideradas medianas, que tienen un promedio de cinco millones de habitantes. El camino hacia el desarrollo será más lento en el interior profundo chino, especialmente en las zonas rurales.

Más allá de eso, la población del campo bajó del 60 al 40% desde 1985. “Cuando vienen a las ciudades los chinos se convierten en consumidores diferentes, con implicancia en todos los productos. Todavía quedan 750 millones de chinos en el campo, pero China crece de tal manera que crea una ciudad nueva del tamaño del Boston cada año”, aseguró en sus oficinas de Shanghai, Erik Bethel, socio fundador del banco de inversión entre China y Latinoamérica, SinoLatin.

Mirando al Sudoeste

Por todo esto, la región representa un nudo estratégico para China en su devenir hacia potencia global, y en sentido inverso, el nuevo gran jugador pasó a ser una pieza clave en el mecano de negocios latinoamericano.

China ya es el segundo socio comercial de Latinoamérica y el primero de varios de sus países. El intercambio comercial con la región creció un 38 por ciento entre 2000 y 2008, de acuerdo con cifras oficiales. Además, el ritmo de crecimiento de la relación es superior al esperado: el presidente Hu había pronosticado en 2004 —durante su visita a distintos países— que el intercambio comercial treparía a cien mil millones de dólares para 2010, pero en 2008 alcanzó los 143.400 millones de dólares. La mitad son importaciones.

China es el mayor consumidor mundial de materias primas como cobre, estaño, zinc, platino, hierro y acero, que abundan en América latina y África, donde ha concentrado sus esfuerzos diplomáticos. Un estudio de SinoLatin dio cifras impactantes de lo que puede ocurrir en los próximos años, basado en la evolución de un mercado con 1.327 millones de habitantes/consumidores.

Según ese documento, en 2008 China importó 400 millones de toneladas de hierro cobre y en 2020 va a llegar a casi 1,3 billones de toneladas. Además, para esa fecha necesitará 46 millones de toneladas anuales de soja, que es casi la producción de Brasil. Y la tasa de ahorro de los chinos pasará de 6 a 16 trillones de dólares.

La Argentina, además de producir el 21% de la soja mundial, cuenta con litio, material con el que se fabrican las baterías de variados artículos electrónicos. Como se ve, la región produce materias primas que no consume totalmente y a su vez consume bienes que fabrica China. Estos datos vuelven a poner en el centro de escena un debate que alcanzó el máximo nivel en la Argentina: la idea de un modelo de país de desarrollo agro industrial o un mero vendedor de materias primas.

Se sabe que a la hora de los papeles, China es un negociador hábil y gigante, por lo que algunos países como la Argentina buscan evitar que su peso industrial vuelva a desmantelar la producción propia y aplicaron barreras arancelarias a una amplia gama de productos. Pero lo cierto es que, más allá de esta pelea por el denominado proteccionismo, la gran complementariedad de las economías prácticamente obligó al Dragón a acelerar su acercamiento a América latina. Actualmente tiene relaciones con 21 países y comenzó a hacer negocios incluso con los que no adhieren al principio de una sola China, en la puja con Taiwán. Dentro de este grupo se encuentran, entre otros, El Salvador, Guatemala y Paraguay, el único de Sudamérica que reconoce a Taipei.

Ahora bien, esta ofensiva puede darse por distintos carriles: por la fuerza, por mecanismos coercitivos —propio de las potencias dominantes de los últimos siglos— o por la diplomacia. El dínamo de Asia jura que su aproximación se mantendrá por este último andarivel.

Su carta de presentación preferida es la fórmula del «ambas partes ganan» (win-win), una de las estrategias más promocionadas de su política exterior. Y para fundamentarlo citan principios de Confucio, filósofo influyente de la historia china y del propio Mao Tse Tung.

Del Gran Timonel y padre de la República Popular China, cuyo retrato frente a la plaza de Tiananmen muestra la vitalidad del sistema de partido único, aseguraron que fue el primero en concebir el concepto de Tercer Mundo, por lo que ahora no abandonarán la cooperación con esos países. «Hay que profundizar los diálogos para que las dos partes ganen», sostuvo ante un grupo de periodistas latinoamericanos que recorren el país Chen Dongxiao, vicepresidente del Centro de Estudios Internacionales de Shanghai, guía de la Política Exterior china.

El vicedirector de Asuntos Internacionales del Consejo de Estado de China, Xu Ying fue más allá: “Somos un país que hemos sufrido una larga humillación de los imperios. Por eso nunca seremos una potencia hegemónica”.

Por su parte, Lau Nai-Keung, miembro del Congreso Nacional Popular de China sostuvo que China rechazó reemplazar al Grupo de los 8 (G8) por un G2 con Estados Unidos, y por el contrario, propuso la preponderancia del G20, en el que conviven países desarrollados y emergentes. En un artículo publicado en el diario China Daily, que se edita en inglés, Lau remarcó que eso demuestra que China no tiene deseo de dominación, aunque entiende su rol como líder entre los países en desarrollo.

Sin embargo, el acercamiento chino tiene sus dificultades. La distancia y el idioma son las principales barreras, reconoció Wang Xiao Shu, titular de la Asociación de Amistad de Shanghai para países extranjeros, una entidad con llegada a los círculos del poder del PC y el Gobierno. Para mejorar esos aspectos, una de las fórmulas esbozadas es la cooperación cultural. Pasantías para estudiantes en el otro país, la promoción de los idiomas —en China muy pocos hablan español— la apertura de oficinas de la televisión estatal china en Sudamérica y el aprovechamiento de afinidades en el arte o los deportes son algunas de las experiencias que deben ser profundizadas.

Wang, quien fue un alto directivo del Centro de Estudios Internacionales, también dijo que una de las recomendaciones efectuadas por ese “think tank” al Gobierno chino es que aumente la tasa de inversión directa en AL. Es cierto que hubo avances en ese rubro en los últimos años, —el año pasado llegó a 51.000 millones de dólares de inversión en la región— pero hay mucho campo por recorrer. «Si ellos toman el 5 por ciento de su tasa de ahorro y lo exportan, ese número llegaría a 800 mil millones de dólares anuales», calculó Bethel.

Quienes conocen el proceso hablaron de la posibilidad de establecer asociaciones productivas binacionales, aunque esa es otra fruta que debe madurar. Pero así como construyeron seis mil kilómetros de muralla, los chinos ahora parecen decididos a dar un salto controlado. Para ello acuñaron el término “armonioso”. Así, buscan promover una sociedad armoniosa, un crecimiento armonioso y una relación con el mundo armoniosa. Sin unilateralismos, potencias hegemónicas o imperios.

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