Chávez recorrió la cuenca del Río de la Plata para acelerar la entrada plena de Venezuela al Mercosur

Por Causa Popular.- En la medida que la temperatura entre Washington y Caracas aumenta, el presidente venezolano Hugo Chávez acelera sus vínculos con los países del Mercosur para volcar buena parte de los 6 mil millones de dólares de reservas estatales en la conformación de un bloque económico que le haga frente al ALCA y abra un puente de plata para los princiales enemigos de los Estados Unidos en la región: Venezuela y Cuba. Por eso las pocas horas que pasó por Buenos Aires firmando convenios con el Presidente Néstor Kirchner y la recorrida que hizo por Uruguay para sellar una alianza ecnómica con el gobierno de Tabaré Vazquez fueron otro eslabón en la agitada agenda que mantiene el gobierno bolivariano para tejer lo más rápido posible una red de apoyo frente los potenciales embates que la Casa Blanca le tiene preparado.

Cada vez que puede hablar públicamente, Chávez golpea duramente al gobierno de los Estados Unidos y le pega donde más le duele: en el petróleo. Esta vez Buenos Aires le sirvió de escenario para señalar con Kirchner al lado que el precio del petróleo seguirá aumentando, impulsado por el agotamiento de las reservas y la inestabilidad por la guerra de Irak. «El petróleo está en 65 dólares (el barril, en Londres) y va a seguir subiendo.

Se agotan las reservas y hay otros factores como la guerra de Irak», dijo Chávez, al hablar en el Salón Blanco de la Casa Rosada. En calidad de jefe de Estado de la potencia petrolera de Sudamérica sostuvo que «le salieron mal los planes a Estados Unidos, en el sentido de que iban a tener dominado a Irak. Tengo dudas de que puedan (los estadounidenses) controlar la situación, nunca jamás lo harán», indicó.

Pero cada visita de Chávez a cualquier capital latinoamericana viene acompañada por una enorme batería de negocios que tientan hasta a los más fieles aliados de los Estados Unidos en la región.

En Argentina el mandatario venezolano dijo que la unidad sudamericana se manifiesta en los acuerdos que firmó con Kirchner por unos 500 millones de dólares en total, entre ellos uno para la construcción de dos buques petroleros para la estatal venezolana PDVSA, a un costo de 110 millones de dólares y que dará trabajo a 1.000 personas.

Las breves 7 horas que estuvo en estas latitudes le sirvieron para visitar los Astilleros Río Santiago, a 60 Km al sur de Buenos Aires, donde se construirán las naves, y elogiar a los trabajadores por la lucha librada para mantener a salvo la empresa de la ola privatizadora de los años 90.

«La última vez que estuve aquí me fui emocionado de ver cómo ustedes salvaron estos astilleros para la Nación Argentina de la voracidad neoliberal», expresó sobre la firma que estuvo 10 años paralizada. Poco antes, Chávez se manifestó convencido de que «ahora sí ha llegado la gran hora de nuestra América», al aludir a los gobiernos de centroizquierda que se han instalado en varios países de la región.

Tras decir frases impensadas para un presidente sudamericano hace 10 años, Chávez propuso denominar Eva Perón «con el nombre bien grande como grande es ella» al primer buque petrolero de los dos que construirá el Astillero argentino para Venezuela que invertirá un total de 112 millones de dólares y generará más de mil nuevos puestos de trabajo.

Pero en Washington no piensan lo mismo, aunque no se ponen de acuerdo

Estados Unidos alterna duras acusaciones y otras declaraciones mucho más suaves sobre Venezuela, que reflejan una «falta de coherencia» y las presiones de sectores con intereses contrarios, como la industria petrolera o el exilio de Florida. Por un lado, la secretaria de Estado Condoleezza Rice presenta al presidente Hugo Chávez como «la fuerza negativa de la región» y lo acusa de aprovechar los enormes ingresos del petróleo, que no deja de batir nuevos récords, «para desestabilizar a sus vecinos».

Por otro, la misma Rice espera «cooperación» de Venezuela en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico y asegura que el país andino «es un tema completamente diferente de Cuba».

A veces, un funcionario puede ofrecer en un mismo día declaraciones contradictorias: el número tres del Departamento de Estado, Nicholas Burns, aseguró recientemente que «Venezuela no le quitaba el sueño», aunque horas después confesó estar preocupado.

Para los analistas la situación se debe a «la distracción» del Departamento de Estado, que tiene sus ojos concentrados en Irak y Oriente Medio. Pero para los intelectuales de la derecha republicana eso no puede ocurrir porque «Venezuela es un tema potencialmente bastante serio para Estados Unidos y requiere una atención de más alto nivel. Pero, hasta ahora, nadie está dispuesto a dedicar tiempo a entender que está pasando en Venezuela y cómo debería responder Estados Unidos».

Pero el fondo de las contradicciones giran en torno al petróleo. Estados Unidos recibe el 14% de su petróleo de Venezuela y como ejemplo es útil señalar a la compañía petrolera «Chevron que hace lobby en Washington en favor de Caracas». Para los especialistas «hay un desfase entre una relación política muy tensa y deteriorada y, al mismo tiempo, una relación comercial en el sector petrolero que sigue funcionando», pero sin duda

Detrás de ello está la inescrupulosa y contradictoria política exterior norteamericana con América Latina. Las declaraciones confusas del Departamento de Estado también son producto del estilo diferente de Rice y Roger Noriega, su responsable para América Latina, que dejará el puesto en septiembre. Rice da la impresión de haber llegado a la conclusión que la táctica de enfrentamiento directo con Venezuela debe ceder el terreno a una política más multilateral y seguramente por sus preocupaciones con el petróleo.

Oficialmente, el Departamento de Estado aseguró que no iba a cambiar de política hacia Venezuela. Pero es dudoso pueda hacerlo pronto debido a la «muy poca credibilidad de Estados Unidos en América Latina en el tema de la democracia», a raíz del «apoyo por lo menos tácito» al golpe contra Chávez del 11 de abril de 2002.

Pero mientras los estrategas de la gran potencia continúan conspirando y enviando mensajes confusos, Chávez pasó esta semana por Uruguay, Argentina y Brasil con valijas llenas de petrodólares para hacer negocios y fomentar la integración con tres gobiernos afines.

En una rápida gira, Chávez le aseguró el miércoles a Uruguay el abastecimiento de crudo en los próximos 25 años y pactó inversiones y asociaciones empresariales con el país sudamericano, carente de producción de petróleo y fuertemente endeudado.

Al día siguiente formalizó en Buenos Aires acuerdos energéticos con el presidente Néstor Kirchner. Y a la noche cerró su periplo con una cena con el presidente de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva, quien acababa de vivir una de las peores jornadas de su vida política, al ventilarse en el Congreso que su campaña electoral pudo haber tenido financiamiento ilegal.

El objetivo, como ya se ha señalado, es convertir a Venezuela en miembro pleno del Mercosur e invertir parte de sus reservas internacionales en ese bloque integrado por los tres países que visitó y Paraguay, donde Estados Unidos ya tiene resuelto instalar una base militar permanente que le permitiría acceso directo al corazón de América del Sur.

«El petróleo es uno de nuestros principales recursos. Lo que queremos es compartirlo con los pueblos de América Latina. Nosotros sólo tendemos la mano», dijo antes de salir de Caracas.

Los presidentes de Uruguay y Venezuela también dieron forma a una «alianza estratégica» entre el gigante petrolero estatal venezolano PDVSA y la estatal uruguaya Ancap para realizar explotaciones conjuntas en Venezuela. PDVSA dijo que está dispuesta a financiar la modernización de la planta refinadora uruguaya, lo cual, se estima, puede costar entre 600 y 1.000 millones dólares.

La prensa internacional refleja cada visita de Chávez como el periplo de un polémico personaje que sólo viaja para repudiar a Estados Unidos desde distintos lugares. Sin embargo es evidente que la diplomacia bolivariana no da puntada sin hilo para establecer un muro de contención para los planes imperiales que Estados Unidos está desarrollando para el continente.

La gran pregunta es ¿por qué será que lo hacen tan velozmente?.

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